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Revista Electrónica Bilingüe       Nº 13     Marzo1997

Esta semana
Salario, precio y ganancia
Maxim Ross

La verdad es que con el acuerdo sobre las prestaciones y la seguridad social la dirigencia empresarial, sindical y política han dado una demostración de madurez inesperada. En eso realmente consiste el acuerdo. No en el detalle de si el cálculo es doble o simple, o si el salario mínimo será de Bs. 60.000 o 90.000, sino en lo significativo que es haber acabado con el desprestigiado Seguro Social, sin que nadie haya protestado su muerte natural y en intentar construir un sistema salarial menos reglamentado. Lo que importa es que, casi por primera vez, pues a falta de memoria no recuerdo un evento tan importante para la salud de la economía y la vida democrática como éste, esa dirigencia ha dado una demostración de fuerza y eficacia. Cierto, largamente esperada, pero, al fin, tenemos las bases de una nueva relación entre empresarios y trabajadores que rompe en lo fundamental con el viejo sistema. Paradójico que sea al doctor Caldera a quien corresponda cambiar su querida y sostenida Ley del Trabajo. En horabuena, pero no basta. La secuencia del título ilustra el camino de las decisiones y las responsabilidades directas que sirven para armar el rompecabezas.

Salario

Ahora tendremos un salario que comienza a vincularse con elementos más modernos, frente al supuesto desamparo en el que podrían quedar los trabajadores si el sistema quedase reglamentado al detalle. Vamos en el camino de una regla que estipule el salario más en relación con desempeño y productividad, que con esas inequitativas homologaciones donde, hágase o no la labor, hágase ésta con menor o mayor eficiencia, celeridad, habilidad o excelencia, séase malo o bueno, todos ganan igual. Es una ruptura de trascendencia porque va contra la cultura establecida, el 'status quo' y pone en jaque a los empresarios y los trabajadores en, de verdad, llegar a establecer un nuevo contrato que proteja el poder adquisitivo, por una parte y preserve, por la otra, la competitividad de las empresas. Al fin y al cabo el acuerdo brinda la oportunidad a los venezolanos en recolocar el mercado laboral en línea con las tendencias mundiales y, donde flexibilidad y movilidad, garantizan una mejor remuneración que cualquier detallada Ley del Trabajo. Si no, vean ustedes lo que está sucediendo entre Europa y Estados Unidos, o dentro de éste. La fuerza laboral, en lugar de moverse por 'reglamento', se orienta por la trama productiva en donde se presta el servicio productivo. Si usted escoge la ruta del trabajador de rutina, con trabajos repetitivos y poco calificados, su remuneración no será la mejor. Si, por el contrario, usted se coloca en la ruta de los servicios o del trabajo 'intelectual', entonces las probabilidades de salario son mayores. La virtud del acuerdo en este primer paso del 'reglamento' al mercado. El mérito para Teodoro y la tripartita.

Precio

Pero, de nada valdrán los beneficios del nuevo sistema laboral si los precios siguen su curso ascendente. Si la inflación persiste como estructura de funcionamiento de nuestra economía. Una vez logrado ese acuerdo y pagado el precio de la estabilidad social, con los aumentos generalizados a empleados, públicos, médicos, profesores, etcétera, a sabiendas de que se ha puesto en juego la estabilidad de precios y que ahora la meta inflacionaria se reconoce en un 30 a 35% lo relevante es como garantizar que esos acuerdos no se conviertan en sal en el agua. El Gobierno sabe y sabía que los números presupuestarios estaban subestimados. Bastante lo advertimos y ahora ese reconocimiento tácito de elevar el tope del gasto público lo confirma. Lo importante es mantener el mayor grado de estabilidad en los precios. Por supuesto, una medida indispensable es mantener la actual política de anclaje y estabilidad del tipo de cambio, con el ajuste necesario para aumentar el grado de eficacia del Banco Central y evitar cualquier sospecha de un nuevo 'canguro peg', pero tampoco se puede esperar, ni aspirar, a que la tarea quede estrictamente en sus manos cuando se dice 'ahora tendrá que aplicar una política más restrictiva de la liquidez'. El Gobierno debería recordar la experiencia de aquella famosa subasta holandesa de 1994, en la que se le dejó toda la responsabilidad al BCV. La tarea, por consecuencia, de la estabilidad de precios no corresponde sólo al ente emisor, si el Gobierno y Pdvsa lanzan liquidez irrestricta al mercado, ni los TEMs, ni nuevos instrumentos serán suficientes para garantizar la estabilidad. O es una tarea mancomunada o los precios seguirán subiendo. Mérito en juego, responsabilidad decisiva para Hacienda, Pdvsa y el BCV.

Hasta ahora la secuencia de las decisiones está clara. Primero, repunte y flexibilidad de los salarios. Segundo, garantía de estabilidad en los precios. Con ello se podría mantener el equilibrio, pero en nada mejorará el crecimiento y el bienestar. Un tercer componente es indispensable.

Ganancia

Mucho es el miedo que aún le tenemos a los beneficios o ganancias en los negocios. Seguramente influidos por el todavía persistente entorno socialistón de muchos de nuestros líderes. El prejuicio de los viejos tiempos no ha sido olvidado y quizás les cueste aceptar que el próximo paso de la secuencia es dejar escapar las fuerzas que permitan maximizar ganancias, usando el clásico paradigma, dentro de un ambiente de mayor certidumbre y legalidad. Es la hora de la competencia, para lograr que la inflación ceda, no porque el Banco Central recoja liquidez con los TEMs, sino porque las ganancias lideran el aumento de la producción, las exportaciones y las inversiones. Es el momento de quitarnos la careta distributivista y engrosar las filas del más puro y refinado capitalismo. Poner a Sidor, a Viasa a las empresas del aluminio y a la agricultura en el paradigma de la rentabilidad. En línea con el mercado mundial. Dar el paso para poner en práctica y sacarle provecho a esa innumerable cantidad de acuerdos comerciales y de integración que hemos firmado durante 20 años. Es la hora de la productividad, de la capacitación laboral, del capital humano, de los costos de transacción y las instituciones pertinentes. Es la hora de entrar en materia. Es la hora del MIC.

'Salario, precio y ganancia' es el título de un viejo folleto de Marx, precioso por su habilidad intelectual y perverso por la fuerza persuasiva del conflicto entre salarios y ganancias que le ha hecho subsistir hasta nuestros días y que, imbuido como está en la mente de nuestros líderes, será un obstáculo importante para completar la secuencia que propongo.


El Universal, viernes 21 de marzo, 1997
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