Barra Esta Semana

Revista Electrónica Bilingüe       Nº 13     Marzo1997

Esta semana
Vínculos envidiables
Adolfo R. Taylhardat

Lamento disentir con mi amigo de la infancia, Roberto Pérez Lecuna, hasta hace poco ministro del Ambiente. Pensar como él, que es mejor no tener relaciones con Colombia, es absurdo.

Las relaciones de Venezuela con Colombia podrían ser ejemplo para muchos países. Esas relaciones arrojan resultados envidiables en el comercio, los negocios, los intercambios culturales, las inversiones recíprocas, los contactos políticos, los esfuerzos para impulsar la integración, etc.

Pero esa situación idílica se ve empañada por factores de perturbación ajenos a la voluntad de ambos gobiernos. Los más irritantes son las incursiones de la narcoguerrilla colombiana en territorio venezolano y sus ataques a nuestras Fuerzas Armadas. Esos hecho exacerban los sentimientos del venezolano y repercuten en la opinión pública sobreexcitando el anticolombianismo latente en muchos compatriotas. Seguramente en Colombia ocurre lo mismo

Hay quienes consideran factible, y hasta deseable, una guerra con Colombia. Los que piensan así deberían meditar, independientemente de cuál fuera victorioso, lo que eso significaría como desgaste a largo plazo para ambos países. La secuela sería un estado de guerra permanente, similar a la confrontación secular entre árabes y judíos

Un factor que ayuda a que los incidentes fronterizos degeneren en ejercicios de acusaciones recíprocas es la "bilateralidad absoluta'' en el tratamiento de los problemas comunes. El incidente en la población de La Victoria ilustra esta afirmación: Venezuela da su versión de los hechos y exige a Colombia que asuma diligentemente sus responsabilidades en las zonas fronterizas. Colombia rechaza la versión venezolana y acusa a Venezuela de violar su territorio. Por obra de la bilateralidad a ultranza, el problema degenera en intercambios de declaraciones oficiales que crispan aún más las relaciones y enardecen al público en ambos países.

Nuestras Fuerzas Armadas son una institución responsable, creo que no tergiversan los hechos. El gobierno colombiano, en cambio, recibe información de fuentes generalmente vinculadas directa o indirectamente con la narcoguerrilla. Pero en fin de cuentas, es la palabra de un Gobierno contra la del otro, sin que se pueda establecer de manera imparcial la verdad sobre los hechos.

De allí la necesidad de emplear mecanismos de diplomacia preventiva que impidan el escalamiento de tensiones susceptibles de degenerar en conflicto. Un mecanismo efectivo de diplomacia preventiva es la verificación. Como su nombre lo indica, consiste en establecer la verdad.

Es reconfortante constatar que Venezuela y Colombia decidieron crear una "Comisión Verificadora de Incidentes Fronterizos''. Es un paso en la buena dirección y refleja disposición a emplear mecanismos de diplomacia preventiva. Pero como está concebida esa comisión no augura buenos resultados. Según ha dicho la prensa, y lo confirmó el Presidente en su reciente mensaje ante el Congreso, estará integrada por los titulares de Relaciones Exteriores y de Defensa de los dos países, quienes en caso de surgir algún incidente se reunirán y conformarán una Comisión ad-hoc que se trasladará al lugar del suceso para evaluar conjuntamente la situación y levantar un acta común de los hechos

Para que un mecanismo de verificación sea efectivo la constatación de los hechos debe estar a cargo de un tercero independiente

La Comisión Verificadora anunciada está sometida al mismo régimen de bilateralidad que ha prevalecido y no contribuirá a la suavización de la guerra verbal porque seguirá basándose en la información recabada por cada parte y en la confrontación de las opiniones de ambos gobiernos. Además, la presencia de los ministros de Relaciones Exteriores y de la Defensa sitúa el mecanismo en el límite de los niveles diplomáticos y militares y agota las instancias para el tratamiento de los incidentes

Si Venezuela y Colombia desean frenar la escalada verbal, bajar la temperatura de sus relaciones y evitar situaciones susceptibles de degenerar en conflicto, deben aplicar una bilateralidad flexible y aceptar un mecanismo internacional de verificación. La Comisión ad-hoc de que se habla podría consistir en un pequeño equipo de observadores internacionales, integrado por uno, o dos, embajadores extranjeros acreditados respectivamente en Caracas y Bogotá, escogidos por cada uno de los gobiernos, y otro seleccionado de mutuo acuerdo. Ese mecanismo internacional constataría sobre el terreno las circunstancias en que ocurrió el incidente y presentaría un informe imparcial a los dos gobiernos.

Se trata de una medida sencilla de edificación de la confianza, capaz de jugar un papel útil en el relajamiento de las tensiones y de contribuir a calmar los ánimos de la opinión pública.


El Nacional On-Line
Barra Inferior

[Editorial] [Contenido] [Esta Semana] [English] [Política Exterior] [Política Interna] [Economía y Petróleo]
[Siglo XXI] [Sociedad] [Ciencia y Tecnología] [Artes y Placeres]


Copyright Venezuela Analitica