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Revista Electrónica Bilingüe       Nº 13     Marzo1997

Esta semana
País petrolero
Diego Bautista Urbaneja

Durante cincuenta años este país ha organizado el grueso de sus actividades hacia el objetivo de dejar de ser un país petrolero. Desde 1940, los venezolanos hemos estado probando diversas maneras de 'sembrar el petróleo', en cosas que no fueran petróleo y para cuando ya no hubiera petróleo.

Así se construyó una agricultura, una industria privada, una industria estatal. Fuimos en eso tributarios de las teorías económicas dominantes en esta parte del mundo, que hacían de la industrialización la clave del desarrollo económico. La particularidad venezolana dentro de ese modelo era que el ingreso petrolero que el país tenía le permitía escapar a los problemas que tenían otros países latinoamericanos, como el de la inflación. Fue un enorme esfuerzo de ir contra nuestra ventaja comparativa profunda. Pero eso no lo pudimos saber sino muy tarde, cuando hacia mediados de los setenta se hizo evidente que el petróleo no se iba a acabar, después de más de treinta años creyendo que sí iba a hacerlo y de actuar en consecuencia.

El caso es que así se construyó todo un país: una industria, una agricultura, una educación. Podemos pensar lo que queramos de él, con la ventaja de poder ver para atrás. Incluso pensar que en realidad nunca debió existir, porque procedía de un error. Pero ahí está: es la fuente del empleo que tenemos, de las cosas que producimos, de las organizaciones y presiones sociales realmente existentes.

El silencioso vuelco

Ese proyecto está experimentando un silencioso vuelco. Venezuela se está redefiniendo, sin saberlo, a través de sus políticas petroleras. Se está redefiniendo como país petrolero, que asume al petróleo como fuente duradera y sustancial de recursos y como uno de los ejes definitorios de las ventajas comparativas sobre las cuales el país debe armar sus encadenamientos industriales, tecnológicos y de producción de conocimientos. Esa redefinición es básicamente correcta.

A diferencia del proyecto de dejar de ser un país petrolero, que fue entusiastamente asumido, la redefinición señalada es subrepticia. No se proclama como tal. Se traduce en políticas que se anuncian por separado, como una noticia más. Simplemente, buenas noticias procedentes del siempre leal frente petrolero. La política de apertura, las licitaciones para la explotación de campos marginales, los planes de expansión de producción, la creación de fondos de inversión al alcance del ciudadano...No vienen planteadas ni son percibidas como expresión de ningún cambio de fondo de proyecto nacional.

Tal vez eso que el gran cambio no se anuncie, sino que venga dosificado en buenas noticias separadas sea lo mejor, o lo factible. Más aun: tal vez nadie sepa que se trata de tal cambio fundamental, en los términos aquí esbozados, y sólo unos pocos Luis Zambrano Sequin, por ejemplo vean las implicaciones profundas de los planes de la industria petrolera.

Las macro-opciones al voleo

Pero lo cierto es que la reasunción de la condición de país petrolero plantea opciones fundamentales, respecto al país que se construyó sobre la base de que Venezuela iba a dejar de ser petrolera y que constituye el grueso de la economía real del país. En efecto, ¿qué hacer pues con él?

Las macro-opciones, en una primera ojeada, parecieran ser unas pocas. A saber, crear las condiciones de su reconversión hacia actividades industriales y agrícolas más en línea con las ventajas comparativas. Dejarla como está, consagrando una economía de dos velocidades: la de un sector petrolero de punta, rentabilísmo, con limitada capacidad de empleo, que financia el otro sector, 'ensegundado', el resto de la economía real, que quizás no es la que debería existir, pero que es el que está ahí. El clásico híbrido: tomar la segunda opción como opción base, y hacer lo que se pueda en la dirección de la primera. No plantearse opciones e ir resolviendo los problemas según se vayan presentando. Variante cruel de esto: que los sectores afectados se las arreglen como puedan.

El examen de esas distintas opciones, no todas igualmente deseables, permite a su vez reevaluar lo apropiado de los planes petroleros, tal como han sido exactamente concebidos.

Estas parecen palabras tempraneras. Es verdad que varios de los conflictos que tiene el país y sobre todo, muchos de los que va a tener tienen una de sus explicaciones últimas en la reorientación petrolera. Pero por ahora el país no está consciente del cambio en marcha ni de sus consecuencias y la macro-opción inconsciente y vigente es la de enfrentar sus efectos al modo 'según se vayan presentando'. Pero debemos dar esa discusión. Llegaremos a esas encrucijadas, así que más vale que vayamos pensando en ellas.


El Universal, jueves 20 de marzo, 1997
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