Revista Electrónica Bilingüe Nº 13 Marzo 1997 |
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La "Globalización"
Fernando Báez Duarte A despecho y pesar de quienes prefieren hablar y escribir en Spanglish no digo a pensar en Spanglish, porque el uso de ese híbrido de por sí demuestra que no se es muy aficionado a pensar, a mí modo no me gusta mucho la palabreja que encabeza esta nota. Aunque "globalización" no aparece en el diccionario, en cambio si figura una voz muy cercana, "global", definida como un adjetivo que significa "tomado en conjunto". La palabra que le da origen es, obviamente, "globo", una de cuyas acepciones, "en globo, es una locución que igualmente indica en conjunto, alzadamente, sin detallar (subrayado nuestro). He allí el meollo del asunto: sin detallar. De lo que se trata es de no detallar que eso es mío o tuyo. Esas delimitaciones y títulos pasados de moda son incómodos, sobre todo para los que aspiran a ser dueños de todo, de lo de ellos, de lo tuyo y de lo mío. El fenómeno no es nada nuevo. Polibio, un hombre del siglo II A.C, fue el primero que intentó sistematizar la Historia con un enfoque universal del universo conocido entonces por los hombres que vivían alrededor del Mar Mediterráneo, aunque lo hizo con el trasfondo de la Historia de Roma como eje del mundo. Polibio concentró su atención en Roma, la potencia dominante, y en su Grecia natal, así como también en Macedonia y Cartago, rival de Roma por el dominio mundial durante más de un siglo de guerra las tres guerras púnicas, que finalmente concluyen con la destrucción de Cartago. Ahora, la Historia Universal la escriben los norteamericanos, pensando primero en Estados Unidos, y luego un poco en la Unión Europea y Japón y algo menos en Rusia y China. El resto cuenta poco o no cuenta nada. Polibio comprendió que la Historia había dejado de ser local o regional, que lo que ocurría en Asia, en Grecia o en Cartago afectaba a Roma y viceversa. La concepción de Polibio hoy nos parece muy simple: todo lo que Roma hacía, afectaba al resto del mundo porque Roma estaba tratando de apoderarse de ese mundo, y al fin lo logró. Los que creen haber descubierto o inventado la "globalización", podrían con modestia reconocer que hace dos mil doscientos años hubo un historiador greco-romano que se les adelantó. Cuando Roma aplastó a Cartago y a Grecia, se convirtió en la única superpotencia del mundo. Como hoy. No hay nada nuevo bajo el sol. Hace unos días, a su paso por Caracas, el ex-Presidente argentino Raúl Alfonsín expresaba su desacuerdo con la globalización con afirmaciones tan gráficas como "La globalización se nos ha venido encima y hay que ver cómo nos defendemos de ella", o como "Es una amabilidad o eufemismo el hablar de interdependencia, ya que cada vez somos ms dependientes de las decisiones que se toman en otras naciones, sobre todo en Estados Unidos para el caso latinoamericano". En efecto, la llamada globalización no es más que una nueva, y muy sagaz, manera de llamar algo que, en un pasado cercano, la "gente de izquierda" conocía como el imperialismo, que no es un fenómeno inventado por el marxismo pues los imperios existen desde Persia y Grecia y Roma. Ahora da como vergüenza usar la palabra imperialismo y mucho menos, esto ya sería pecado mortal, se atreve alguien a utilizar la expresión yo soy antiimperialista, so pena de quedar expuesto al desprecio público como una especie de dinosaurio con SIDA mezclado con banquero y con político. ¿Dónde en verdad está la globalización del mundo de hoy? ¿Somos todos un solo pueblo en el mundo, harmanados por un destino común? La dura realidad aconseja responder con un contundente no. Los Estados Unidos, como bien lo saben muchos venezolanos por experiencia propia, ponen toda clase de trabas para permitir el ingreso a su territorio. Es su derecho, aunque lo ejerzan o no con buenos modales. En Francia se han producido recientemente manifestaciones para oponerse a los intentos del gobierno por establecer medidas discriminatorias contra los inmigrantes. Y eso ocurre en el país que se ufanaba de que "todo hombre libre tiene dos patrias, la suya propia y la Francia". Más no puede limitarse el farisaico empleo de la palabra globalización al simple ingreso de extranjeros a los países ricos. De mucha mayor trascendencia es la pretendida globalización de la economía. Allí s' que hay un engaño global. En el modesto caso de Venezuela se intenta dominar nuestra economía apropiándose de sus principales componentes. Si se vendiera PDVSA, como proponen algunos, el grupo que la controle tendrá en sus manos alrededor del 25% del producto territorial bruto. Si se a-aden las empresas de Guayana y otras que ya han sido privatizadas, perdón, quise decir extranjerizadas, se llegaría a alrededor del 35% de nuestra economía en manos extrañas, por muy globales que quieran disfrazarse. Si el mismo fenómeno ocurriera en Estados Unidos o en Japón o en Alemania, entonces sí coincidiríamos todos en que el mundo marcha hacia una economía global. Pero las cifras que conocemos y hemos analizado indican lo contrario. Las inversiones extranjeras en Estados Unidos, si bien parecen colosales en términos absolutos, son insignificantes dentro de las gigantescas dimensiones de la economía de ese país. Las verdaderas superpotencias del mundo de hoy es el comercio y quienes lo dominan, es decir, los de siempre, o como decía aquel fanático católico, al cielo vamos los de siempre. Nosotros no somos ni actores de reparto en esa comedia, ¿o drama?. Somos simples extras. Los modernos dueños del Mare Nostrum, que ahora abarca todo el globo, son los que manejan las grandes corporaciones dizque multinacionales, los que dirigen la gran banca que acogota a los deudores del Tercer Mundo (por supuesto que existe el Tercer Mundo y ya se están gestando el Cuarto y el Quinto), los medios de comunicación de las metrópolis, con sus satélites y su revolución digital. El mundo se maneja desde Nueva York, Washington, Houston, Bruselas, Frankfurt, Londres, París y Tokio. Y se maneja desde allí para comodidad y beneficio de sus nacionales. Con el apodo de multinacional o global se pretende sugerir que todos somos socios. Bien ingenuo quien así lo crea. Hace apenas veinte años las transnacionales eran consideradas instituciones villanas. Ahora hasta los conversos han aprendido a amar la inversión extranjera. La moral pareciera ser un asunto de naturaleza más bien geográfica y eso también vale para las relaciones entre países adelantados y países atrasados. Lo que es moral en un sitio es inmoral en otro. Por eso es que en el mundo islámico al hombre se le permite tener hasta cuatro mujeres, pero en cambio se considera inmoral beber alcohol. Entre nosotros, en Occidente, es inmoral tener más de una mujer pero se pone a nuestra disposición todo el Whisky que queramos, quizás para ayudarnos a soportar el penoso trance de vivir sólo con una mujer. |
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