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Revista Electrónica Nš 14 Abril 1997 |
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La Controversia Referente a la Clonación en Mamíferos Francisco Kerdel Vegas* y Carlos Armando Figueredo**
El descubrimiento por parte de un grupo de investigadores escoceses, encabezados por el Dr. Ian Wilmut (Roslin Institute de Edimburgo), de la clonación de una oveja bautizada con el nombre de Dolly, e informada a la comunidad científica del mundo a través de la revista Nature el pasado 27 de febrero de 1997 ha desatado tal como era de esperarse una aguda controversia internacional en la cual participan activamente los más diversos sectores de nuestra sociedad. El procedimiento utilizado dista mucho de ser seguro, ya que de 277 células adultas fusionadas a óvulos, resultaron tan sólo 13 embarazos y de ellos sólo Dolly nació viva. Sin embargo con todas las limitaciones que pueda tener el experimento realizado en Edimburgo demuestra que la clonación de un mamífero superior es factible. Al abrir esa caja de Pandora, que es la posibilidad de clonación en un mamífero superior como es una oveja, se han suscitado apasionados comentarios pues es evidente que este experimento biológico da lugar a la especulación de que la clonación es posible en la especie humana. Hasta el presente el dogma aceptado por la ciencia contemporánea señalaba muy claramente que la clonación, es decir, la reproducción asexuada, frecuente en especies inferiores, era imposible en los mamíferos, excepto con células embrionarias, como de hecho sucede en los embarazos gemelares univitelinos. Ver derrumbarse ante nuestros ojos lo que hasta ayer parecían verdades inmutables es una experiencia digna de ser observada y documentada con cierto método. Es cierto que en los últimos diez años los científicos obtuvieron la clonación en ovejas y vacas a partir de células de las primeras divisiones del huevo una vez fecundado el óvulo por el espermatozoide, algo semejante a lo que ocurre de manera natural, pero excepcional, cuando se engendran gemelos, pero se presumía que esa característica era exclusiva de esas células que conservaban esa pluripotencialidad de las células germinales. Se creía que las células maduras de cualquier órgano o tejido podían tan sólo producir otra célula semejante (una célula del hígado puede tan sólo generar células hepáticas; así con las de la piel y cualquier otro tejido u órgano), y que aunque el ADN de toda célula humana, tenga todo un código de instrucciones genéticas capaz de producir otro ser viviente, al hacerse células maduras habían perdido esa capacidad de modo permanente. Toda la experimentación biológica en materia de reproducción parecía confirmar ese punto de vista, aceptado y consagrado por la ciencia contemporánea. La clonación de un mamífero superior, a partir de una célula diferenciada adulta (de la glándula mamaria de una oveja), súbitamente ha cambiado radicalmente lo que hasta ahora considerábamos como dogma de la biología. Abre así ante nuestros ojos un extenso panorama de nuevas oportunidades y nuevos peligros, por cuanto podemos extender este procedimiento a todas las especies vivientes. Nuevamente el hombre, con esa poderosa herramienta de trabajo que es el método científico, desafía, escudriña y penetra las leyes de la naturaleza y las modifica y manipula con éxito. Es evidente que la naturaleza en el proceso multimillonario en años de la evolución ha evitado deliberadamente la reproducción asexuada en las especies superiores, y no faltan validas e inteligentes explicaciones para ello. La perspectiva de distanciarnos de la reproducción sexuada y por lo tanto del camino que la naturaleza ha encontrado y utilizado casi exclusivamente por millones de años, nos resulta un hecho difícil de aceptar y aun menos de asimilar. Biológicamente una población de genes idénticos corre peligros evidentes frente a agresiones externas tales como las de microorganismos (virus, bacterias, hongos, parásitos, etc. ). Un clon humano podrá· semejarse somáticamente al individuo de quien proviene, pero el parecido cesa en lo físico, por cuanto tal como sucede en los gemelos univitelinos habrá· siempre diferencias dramáticas entre un individuo y otro aun cuando sean clones, basadas en la personalidad y el carácter, inteligencia y talento, variables que dependen del ambiente, educación, y todos los demás factores diferentes del componente genético. "Jamás habrá· una identidad del 100 por ciento jamás, por los factores de suerte u oportunidad y el ambiente nunca son exactamente los mismos" (Jerome Kagan, psicólogo de Harvard). Como de costumbre, la ética va a mucha distancia de la experimentación y de los grandes descubrimientos de la ciencia y es por ello que es interesante comentar las posiciones adoptadas por científicos, académicos, políticos y las instituciones que los agrupan, así como los gobiernos, la iglesia, y los organismos internacionales. Antes de las 48 horas de hacerse publico el descubrimiento, el Presidente Bill Clinton anunció el nombramiento de un Comité Presidencial para estudiar los aspectos éticos del asunto, con la solicitud de presentar su informe antes de los 90 días. El panel de bioéticos nombrado deber opinar sobre si es necesario regular o abolir por completo la clonación humana. Tales disposición existen ya en Gran Bretaña, Alemania, Holanda, Bélgica y España. El Presidente Jacques Chirac tomó medidas similares. El Papa Juan Pablo II se pronunció ya radicalmente en contra de la clonación humana. Esta respuesta ha tenido ecos similares en organismos internacionales donde universalmente se ha expuesto siempre en términos condenatorios la amenaza de la clonación de seres humanos. Semejante posibilidad real nos produce un pánico interior colectivo, de algo que consideramos una intromisión inaceptable dentro de un sistema reglamentado por leyes incontestables, que el sentimiento religioso ha atribuido desde siempre a la divinidad. Las posibles consecuencias de dar al hombre ese nuevo poder en el campo de la genética vienen a crear un espacio hasta ahora indefinido en sus posibles dimensiones que nos aterroriza tan siquiera considerar. Muchos tal vez la mayoría claman por cerrar esa caja de Pandora, con tan supuestas diabólicas consecuencias, previstas por escritores de ciencia ficción como Aldous Huxley en Brave New World. Ya algunos nos suponen rodeados de alfas, betas y gamas programados por un estado totalitario, ejerciendo funciones de esclavos intelectuales, de acuerdo con las necesidades programadas de la sociedad. Otros prefieren declarar una moratoria, destinada a asimilar y digerir esta novedad, considerada universalmente imposible hasta este año de 1997, en vísperas del nuevo milenio, un signo más de las convulsiones, dudas, interrogantes y problemática que parecen acentuarse y hacerse explosivas en estas grandes marcas cronológicas en la historia de la humanidad, que afectan y estimulan psicológicamente de modo epidémico a todos los pueblos del mundo. Es oportuno y saludable favorecer ese dialogo, incluso esa diatriba, de opiniones diversas y controvertidas, pues de ella saldrá la norma de conducta apropiada para poder manejar inteligentemente este potencial enorme que nos brinda la ciencia contemporánea. Lo que si es cierto es que lo sucedido es irreversible, y como dijo, con el característico humor británico, la revista The Economist (en su editorial del 1 de marzo de 1997), "el genio se salió de la botella y nadie podrá· hacerlo regresar a ella". La historia de la ciencia así lo pone en evidencia y sabemos instintivamente que con este descubrimiento cruzamos el Rubicón, y que el mundo del futuro ser seguramente diferente a lo que ha sido hasta ahora. En Venezuela Analítica ya se trató el tema de las investigaciones sobre el genoma humano, sus implicaciones en el campo de la bioética y lo que se está haciendo a nivel internacional, en UNESCO, para que se apruebe una declaración universal sobre el genoma humano como patrimonio de la humanidad. Los comentarios al artículo del Embajador Gros Espiell "El Anteproyecto de Declaración de la UNESCO sobre la Protección del Genoma Humano", nos aclaran la magnitud de los problemas de las investigaciones sobre genética y sus implicaciones sobre la ética y el derecho. En el mismo número de Venezuela Analítica donde se comenta el ensayo de Gros Espiell se reproduce, en la sección de documentos , la última versión del proyecto de Declaración. Recientemente estuvo de visita en Caracas el Director General de UNESCO, Federico Mayor, quien, en una entrevista por un canal de televisión se refirió extensamente al problema de la bio-ética, con motivo de una pregunta sobre clonación de mamíferos superiores. Dijo que se esperaba que este mismo año se aprobaría la Declaración Universal sobre la Protección del Genoma Humano. Aclaró que a pesar de que las Declaraciones Universales no son vinculantes tienen mucha fuerza moral y conducen a la adopción, a nivel de Naciones Unidas, de un tratado sobre el mismo tema que sí es vinculante. Desde luego cualquier instrumento que se adopte requiere ser considerado con sumo cuidado. A este respecto, juzgamos oportuno reproducir aquí las palabras del embajador Gros Espiell en el ensayo suyo antes citado: Pocas veces como hoy el tema de la neutralidad ética de la Ciencia, de su capacidad de ser un instrumento al servicio del bien y del desarrollo, en la más amplia y justa acepción del concepto, o por el contrario, de sus posibilidades de utilización para el mal y para la degradación humana, individual y colectiva se nos presenta con mayor proximidad. Es por eso que es preciso insistir en la incidencia de la ética sobre la Ciencia, no para limitar o desacelerar la investigación, sino para impedir que la aplicación de la Ciencia vaya en detrimento de la esencia de la naturaleza humana, de la dignidad del hombre y, natural y consiguientemente, de la Humanidad. Sin ánimo de tomar partido por quienes se pronuncian drásticamente por la prohibición, la estricta regulación, o cierta laxitud en la conducta a seguir, vamos a reproducir algunas opiniones expresadas por voceros autorizados, con la eterna salvedad del peligro omnipresente de que citas cortas, entresacadas de declaraciones más complejas, son susceptibles de ser manipuladas, y algunas veces no reflejan con justicia los conceptos que tratan de expresarse, aun sin tener semejante intención:
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