Cabezal Economía y Petróleo
Revista Electrónica       Nº 14     Abril 1997
Economía y Petróleo
La confusión cambiaria en Venezuela
Leonor Filardo*

En los últimos meses se ha presentado un debate sobre qué hacer con el tipo de cambio venezolano, unos dicen que se deje fijo, otros que se devalúe con más frecuencia, otros que se deje flotar y otros que se revalúe. Obviamente la gente se preguntará por qué existen posiciones tan encontradas. Los que insisten en que el tipo de cambio del bolívar está sobrevaluado y por lo tanto se debe devaluar, es porque uno de los elementos que determina el tipo de cambio para medir la competitividad de los productos nacionales, es la teoría de la paridad del poder de compra (PPP), que supone que la tasa de cambio real(1) se mantiene constante en el largo plazo y que la tasa de cambio nominal se ajusta para compensar las variaciones de los precios relativos de un país (Venezuela) y de aquellos países con los cuales comercia. Como en Venezuela la inflación ha sido muy superior a la de esos países, supuestamente, según esta teoría el bolívar se debería devaluar.

En la práctica, sin embargo, el tipo de cambio es como un termómetro que refleja y lo determina la situación económica de un país, el comportamiento de su actividad interna y externa, las políticas macroeconómicas gubernamentales, las regulaciones y sistema legal relacionado con la propiedad privada, si existen o no controles de precios, leyes laborales adecuadas, nivel de proteccionismo comercial, de las fluctuaciones de los términos de intercambio, del superávit o déficit de la balanza de pagos, del diferencial de tasas de interés y de las expectativas y credibilidad por parte de los agentes económicos en las políticas gubernamentales, todo lo cual, puede representar corrientes y presiones contrapuestas sobre el tipo de cambio.

La actividad interna depende del potencial de producción de un país, de sí es diversificada o no, de si el producto nacional bruto está creciendo al máximo de ese potencial o por debajo de éste y de si existen o no presiones inflacionarias.

La actividad externa se refleja en la balanza de pagos, la cual registra las exportaciones, importaciones, servicio de deuda externa, partida de viajeros, y movimientos de capitales de corto y largo plazo. Lo ideal es tener la posibilidad de estimar un tipo de cambio real que responda al equilibrio interno y externo.

La estabilidad del tipo de cambio no depende de la selección de un esquema cambiario determinado, sea este fluctuante, fijo, administrado, de bandas, o de depreciación programada. Los elementos fundamentales estabilizadores del tipo de cambio en un país son la consistencia del gobierno en sus políticas fiscal y monetaria, con un deseo genuino de controlar la inflación y de si las leyes que regulan la actividad productiva y financiera están igualmente orientadas al logro de ese objetivo. Aun así, como muchos países, entre ellos Venezuela, han dependido fundamentalmente de un solo producto de exportación, las fluctuaciones bruscas de su precio, pueden favorecer o afectar seriamente a la economía, sometiéndola a choques continuos sino se adoptan medidas para contrarrestarlos. Esta característica, sumada a la integración financiera internacional de años recientes, determina que los agentes económicos muevan los capitales de acuerdo a sus expectativas, pero lógicamente buscando maximizar el rendimiento de los mismos con el menor riesgo.

Desde comienzo de los ochenta, algunos países monoproductores y con procesos inflacionarios crecientes, decidieron utilizar la manipulación del tipo de cambio como política. Esta puede ser utilizada para controlar la inflación, o para tratar de mantener la competitividad de los productos de exportación externamente. Cuando se adopta como instrumento para controlar la inflación, se requiere de un nivel de reservas monetarias internacionales suficiente y de una política fiscal muy restrictiva, porque generalmente el banco central está limitado en el manejo de su política monetaria. Cuando se adopta para mantener la competitividad de los productos en el exterior, se deja fluctuar el tipo de cambio. Para controlar los dos objetivos, se ha puesto de moda el uso de bandas de fluctuación, sobre todo en aquellos países como Chile, Colombia y México, que han tratado de tener una economía menos dependiente de un sólo producto de exportación (Chile, cobre; Colombia café; México petróleo). No obstante, es importante destacar, que previamente al boom del cobre o del petróleo, estos países tenían un crecimiento mucho más balanceado entre su sector tradicional y no tradicional y han aplicado políticas fiscales y monetarias consistentes con promover el control de la inflación y por ende la estabilidad del tipo de cambio.

Adicionalmente, Chile, Colombia y México, han ejecutado reformas estructurales, especialmente estableciendo un sistema legal que respalde una economía de mercado. Si a ello se agrega que los precios del producto que domina sus exportaciones aumentan, las expectativas y confianza en el país se han tornado positivas, generando fuertes entradas de capitales. Cuanto esto ha sucedido, ninguno pudo escapar una apreciación de su moneda, aun dentro de ese esquema de bandas, porque una avalancha repentina de ingresos de divisas en cualquier economía, produce lo que se denomina la enfermedad holandesa. Sus síntomas principales son: que la moneda tiende a apreciarse o a revaluarse, dando lugar a pérdida de competitividad de los productos no tradicionales, genera un déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos, expansión monetaria porque al banco central se le reduce su capacidad de contraer la liquidez y aumenta la inflación. Ante esta situación, estos países, especialmente Chile y México, tomaron la determinación de balancear el crecimiento de sus economías, mediante el control de la producción del cobre y el petróleo, la creación de un fondo de estabilización que acumule reservas cuando suben los precios del cobre y del petróleo y los utilizan cuando los precios bajan y otra serie de medidas, algunas de ellas heterodoxas, sobre todo cuando lo que se trata es de corregir fuerzas contrapuestas como son la inflación y la competitividad de los productos en el exterior.

Esos países lograron diversificar sus economías y combatir la enfermedad holandesa. Pero esta situación es difícil de entender y aun entendiéndola, el proceso para combatirla lleva largo tiempo y sobre todo se requiere ejecutar políticas coherentes en el largo plazo, aun para contrarrestar corrientes contrapuestas. A Chile le llevó 17 años llegar a donde está. A México, otro tanto. Colombia pudo arreglárselas con su producción de café, pero ahora con sus descubrimientos de petróleo la ha comenzado a padecer nuevamente. Sin embargo se debe enfatizar, que en el proceso, estos países se han visto sometidos a fuertes salidas y entradas de capitales, cuando las expectativas se han tornado adversas o favorables, viéndose obligados a depreciar su moneda si ocurrían fuertes salidas de capitales o apreciarlas si se registraban entradas. Aun dentro del esquema de bandas, Chile tuvo que revaluar la paridad cinco veces y México a raíz de los problemas políticos del 93 y 94, se vio en la necesidad de eliminar las bandas.

Caso Venezuela.

En el caso de Venezuela, es importante analizar la evolución de la economía interna y externa desde 1970 porque a partir de esta fecha, se inician ciclos de fuertes incrementos y declinaciones en los precios petroleros, los cuales combinado con las políticas intervencionistas de subsidios, controles de precios, proteccionismo comercial, intereses negativos, leyes laborales inadecuadas y en general un sistema legal poco claro en lo que respecta a la propiedad privada, ha traído como consecuencia un desbalance en el crecimiento del sector petrolero y no petrolero. Además, con la elevada productividad del sector petrolero y su nacionalización, ocurrida en el primer gobierno de Pérez, dio lugar a que los gobiernos y el pueblo, inspirados en el populismo a ultranza, sientan el derecho de maximizar la renta petrolera para subsidiar al resto de la economía sin ningún criterio de eficiencia.

La excesiva dependencia del petróleo y de controles y regulaciones, impide un crecimiento más balanceado entre el sector petrolero y no petrolero, porque pesa sobre el resto de la economía las consecuencias de la enfermedad holandesa. Como anoté anteriormente, su síntoma fundamental, consiste en que el exceso de ingresos de divisas, sea de origen petrolero o por entrada de capitales, presiona a la apreciación del tipo de cambio. Si encima de eso, existen el tipo de controles, regulaciones y proteccionismo excesivo, que ha caracterizado la economía venezolana, el sector no petrolero se atrofia o se le limita su desarrollo.

Por ello cuando los precios fluctúan bruscamente, se observa un patrón similar y el desbalance entre los dos sectores. Hasta ahora el petróleo ha generado renta pero no desarrollo. Cuando el precio del petróleo ha bajado, los gobiernos han utilizado el endeudamiento externo, las reservas monetarias internacionales, al control de cambios, el mercado dual, la depreciación programada, la flotación y últimamente a las bandas de fluctuación.

Pero el problema fundamental, es que mientras exista esta enorme dependencia del petróleo, combinadas con políticas, leyes y regulaciones proteccionistas, que además se modifican todos los días, según las presiones políticas del momento, el tipo de cambio continuará sometido a fuertes presiones. Veamos ¿por qué?.

De acuerdo a las cifras del Banco Central de Venezuela, el país viene experimentando serios desequilibrios en el sector interno y externo, que se han acentuado en los últimos tres años y se caracterizan por:

1) Una política fiscal altamente deficitaria, con una expansión continua del gasto público, el cual se ha financiado, con ingresos petroleros, con endeudamiento externo y desde 1983, con creación de dinero inorgánico del banco central, con las maxidevaluaciones del tipo de cambio y recientemente, con mayores impuestos.

2) Un crecimiento acelerado de la base monetaria desde 1985, en algunos años hasta de 100% y en los últimos tres años en 175%.

3) Las tasas de interés han sido negativas, salvo los años 1992 y 1993 y recientemente, son negativas en más de un 80%.

4) La cuenta corriente ha experimentado fuertes fluctuaciones por los cambio en los términos de intercambio (bajas o incrementos en los precios petroleros), en las fuentes de financiamiento y en la partida de viajeros.

5) Desde 1970, durante 14 años, por políticas gubernamentales inadecuadas se han producido fuertes salidas de capitales. Estas han sido fundamentales en la determinación del tipo de cambio. De la misma manera, las reservas monetarias internacionales brutas , con las cuales se trata de sostener al tipo de cambio, son el reflejo de las fluctuaciones de las exportaciones e importaciones, y de los movimientos de capitales. Cuando están altas, se malgastan y cuando se reducen se efectúan maxidevaluaciones que golpean duramente el poder adquisitivo del bolívar.

6) Desde 1983 se han ejecutado 13 maxidevaluaciones.

7) La expansión fiscal y monetaria, conjuntamente con las maxidevaluaciones, han dado lugar a un proceso inflacionario. Últimamente, la tasa de inflación fue de 71 % en 1994, de 60 % en 1995 y de 103% en 1996.

8) De 1994 a 1996, en medio de una crisis financiera, primero con un control de cambio, luego con un mercado cambiario dual, que llegó a mantener un diferencial entre el mercado controlado y libre de 180%, la cuenta de capitales registró un déficit de $ 5.881 y las reservas monetarias internacionales cayeron en $ 3.777 millones. De esta manera, por las distorsiones que existían en el mercado cambiario, el gobierno ejecutó tres maxidevaluaciones (65% en 1994, 94% en 1995 y 180% en 1996). Pero la última se produce cuando los precios petroleros están aumentando y el gobierno decide llegar a un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. Así las exportaciones totales se incrementan en $ 9.102 millones y la cuenta de capital dejó de ser negativa en $2.500 millones, lo mismo le sucedió a las reservas monetarias internacionales, que aumentaron de 1995 a 1996 en $ 5.410 millones. Con estas mejoras, la tendencia es a presionar a que el tipo de cambio se revalúe.

No obstante lo anterior, el gobierno, obtuvo más ingresos fiscales por petróleo y devaluación y así durante 1996, pudo incrementar el gasto fiscal en 108% y la base monetaria en 75%. La presión de ambas variables, generó una inflación de 103%, que no fue mayor porque el gobierno decidió utilizar las reservas para estabilizar el tipo de cambio y controlar la inflación. En este caso, si se aplicara la formula de la paridad del poder de compra, para mantener la competitividad de los productos venezolanos no petroleros en el exterior, el bolívar debería devaluarse. Pero como vimos existen dos fuerzas contrapuestas, una inflación muy elevada y una entrada de divisas muy elevada. Esto ha traído como consecuencia que el banco central se le reduzca su margen de maniobra sobre el manejo de la política monetaria, dando lugar a una caída brutal en las tasas de interés. La pregunta que cabe en este momento es, ¿cuál de las dos fuerzas está predominando para determinar el nivel del tipo de cambio?.

¿Si nuestra economía está dominada por el petróleo, no es lógico que un aumento de ingresos de esa magnitud, conjuntamente con un acuerdo con el FMI y el consiguiente cambio de expectativas y entradas de capitales, obligatoriamente presionen el bolívar a la revaluación?. Entonces, por qué con la avalancha de dólares en el mercado interno, el banco central tiene que devaluar el bolívar para mantener o aumentar la competitividad del sector no petrolero, si por un lado, nuestro marco legal y regulatorio restringe esa competitividad, protegiendo al comercio y por el otro, la expansión fiscal y monetaria supera con creces la oferta de bienes, que está controlada, generando inflación? En este sentido, las políticas económicas siguen siendo incoherentes.

Adicionalmente, todos los gobiernos y el pueblo venezolano, han escogido continuar la dependencia petrolera, dados la apertura, los inmensos planes de inversión de PDVSA y la resistencia a efectuar reformas estructurales genuinas. No existe una planificación de mediano plazo que indique que Venezuela desea diversificar su economía. De esta manera, si los precios petroleros suben, lo mismo que la entrada de capitales, tarde o temprano, el bolívar se va a apreciar. Pero como siempre ha sucedido, la entrada de dólares procura la euforia de que el país está bien y nuevamente se malgasta el dinero. Luego cuando los precios del petróleo bajan, se gastan las reservas, el gobierno se resiste a devaluar, nuevamente saldrán los capitales y los ciclos se vuelven a repetir, como se vienen repitiendo desde 1970.

La credibilidad de un esquema cambiario, sea fijo, fluctuante, o de bandas, requiere de políticas fiscales, monetarias, financieras y de un marco legal e institucional coherente, que pueda respaldar al tipo de cambio.!!!!!!


1.- La tasa de cambio real se mide por un índice de tipo de cambio que es equivalente al índice nominal ajustado por movimientos de los precios nacionales e internacionales de sus principales socios comerciales
* Ex Directora del Fondo Monetario Internacional
Email: Leonor@infoline.wtfe.com

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