Editorial
Revista Electrónica       Nº 14     Abril 1997
Editorial
Pérez vuelve al ruedo

¿Puede alguien concebir al exPresidente Carlos Andrés Pérez en una biblioteca, dedicado silenciosamente a la meditación y al estudio de la historia venezolana, incluso de la historia de que él ha formado parte y ha sido protagonista de primera magnitud, con el propósito de dejar para la posteriodad un testimonio de su paso por el poder, de su ambición de historia, —como él acostumbra predicar: "lo mío es la historia"—, puede imaginarlo alguien en ese menester de estadista reposado, cuya palabra es el resultado de algo que va y viene en el cerebro, de algo que se confronta con el pensamiento de otros y se deja como un punto de referencia tal como lo han hecho, algunos amigos suyos, Felipe González o Francois Mitterrand, por ejemplo?

-No, ciertamente no. Quizás sea lamentable, pero lo del exPresidente Pérez, ya lo sabemos, es el ruedo, la "fiesta brava", entendámonos, no como circo, sino como duelo, el duelo del toro y del torero cuyo único árbitro es la muerte. De ahí que no haya ni mala intención ni propósitos de menoscabo cuando decimos que lo del exPresidente es el ruedo, el duelo incesante, las tardes de gloria, las tardes en que el matador oye los trágicos anuncios que proclaman un gran fracaso y el toro, quizás herido de muerte, regresa vivo a los corrales. De triunfos y derrotas está hecha la vida de quienes frecuentan los ruedos.

Esta semana el exPresidente hizo su reaparición política al presentar un movimiento que, según unos, no quiere ser partido, según otros un puerto de embarque, y según la definición de quien aparece como el portavoz más frecuente, una especie de ferrocarril que todos podemos abordar, sin ticket, gratis, pero con la condición de que nadie pregunte a dónde va ese tren con sus pasajeros. Quien ya tomó un asiento de primera fue el inmortal Juan José Delpino, (alternativamente perecista-antiperecista-calderista-anticalderista), según se vio en la televisión, junto al exPresidente. Los discursos del debut fueron poco emotivos, incluído el del propio exPresidente que quizás medía con la sagacidad de costumbre las diferencias de antes cuando era el líder de un gran partido y ahora apenas el dirigente de una disidencia. Una cierta contradicción predominó en las distintas voces: la condena a los partidos y la promesa de rescatar a Acción Democrática. Si esto último era el propósito probablemente la estrategia fue mal diseñada. El exPresidente tiene el "handicap" de que no puede ser candidato presidencial en 1998, y esto en un país donde el oportunismo ha sido siempre notable es un verdadero embarazo, o sea, que el exPresidente tiene que contentarse con ser San Cristóbal, aquel santo de la leyenda cristiana que cargó a Jesús en sus hombros, santo con tan mala suerte que la propia Iglesia Católica lo borró sin piedad del Santoral ante los fundados temores de que no había existido.

Se dice, y los síntomas son obvios, que el candidato presidencial de este movimiento llamado "Apertura" (una palabra tan de moda que carece de magnetismo, porque ya casi estamos hartos de oír hablar de "aperturas" (la Agenda Venezuela es una "apertura", el petróleo anda también en la "apertura") es nada más y nada menos que el Dr. Miguel Rodríguez Fandeo, el exMinistro de CORDIPLAN , y autor principal del proceso de reformas de 1989 que, por una notoria falta de sensibilidad política, sufrió tan inmerecidos tropiezos. Ojalá que la versión sea cierta y que el Dr. Rodríguez no esté "trabajando para lapa" que es lo más corriente y usual en el mundo de la zoología que no tiene nada que ver con los claustros de la Universidad de Yale donde el Dr. Rodríguez obtuvo sus lauros. (El pre-candidato debe aprender en un cursillo lo más intenso posible cómo en Venezuela la política tiene mucho de zoológica).

Miguel Rodríguez tiene indudables méritos para optar a la Presidencia de la República. Tiene las condiciones que el país parece estar en disposición de exigirle a los candidatos que se presentan para conducirnos al siglo XXI. Tiene cuarenta años. Un grado universitario de excelencia obtenido en una de las universidades más reputadas del mundo. Un conocimiento de los problemas macroeconómicos que nadie se atreve a cuestionarle. Un deseo de ser presidente que el propio Dr. Rodríguez, inteligentemente, no disimula. La propia campaña, el recorrido por el país, le enseñarán al ilustre venezolano aquello de que careció en 1989: la sensibilidad política y el conocimiento del país verdadero y la noción fundamental de que las sociedades no son exclusivamente un laboratorio macroeconómico, sino una variedad compleja de problemas, opciones, expectativas, conflictos y desafíos que no coinciden, necesariamente, con las fórmulas de los más profusos textos. Una cosa es la teoría y otra es la realidad. Dígalo si no el intelígentisimo Presidente del Brasil, el sociólogo Fernando Henrique Cardoso y los asedios de centenares de miles de campesinos que ahora recorren el inmenso territorio brasileño al grito de "reforma agraria", al grito ancestral de "tierra". Los macroeconomistas, con razón, pendarán que la reforma agraria y el reparto de tierras es un disparate en estos tiempos, como lo piensan que fue un disparate en Venezuela hace cincuenta años, y que por ese camino no viene la productividad y el desarrollo del campo. Pero una cosa es tener razón en la teoría y otra en la realidad. Este es el reto que asume el macroeconomista que aspira a ser el candidato a la Presidencia de Venezuela. (Es posible, por tanto, que pronto le anulen su carnet del IESA).

El exPresidente Pérez, está pues, otra vez en el ruedo. Como el pez en el agua. Pero esto no basta. El fin del siglo y los grandes cambios que se comienzan a respirar demandan un discurso a tono con los tiempos. La cuestión no es fácil porque todo parece abundar en el mercado global, menos las ideas y las propuestas. Quizás sea pertinenente darle la bienvenida al exPresidente porque evidentemente es un factor, él, en primer lugar, que no se puede desechar en el panorama venezolano de 1998. Ojalá los cálculos de "Apertura" no se queden en contar cuántos diputados o senadores pueden llevar al Congreso en 1999. Eso ya lo hizo La Causa R y esas minorías no sirven, —y más cuando son producto de conveniencias momentáneas— sino para transacciones como las que estamos viendo en el actual Congreso: verdaderamente deplorables y definitivamente perversas y dañinas para el propio sistema democrático. Dicho lo cual no significa de ningún modo que desdeñemos de antemano el probable aporte del ex-Presidente y de su movimiento, pero quizás el país le agradezca que "Apertura" opte por menos votos y mayor coherencia en las ideas y los postulados.

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