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| Revista Electrónica Nº 14 Abril 1997 |
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EE.UU.: Hegemón de un Orden Mundial Bifurcado
Vilma E. Petrásh*
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Son varios los académicos, analistas y aún profesionales de la política quienes, con una mezcla de alivio, satisfación, y "wishful thinking", escriben o discuten con frecuencia en torno a la declinación, presuntamente inexorable, de los Estados Unidos. Yo misma he hecho referencia en artículos anteriores al hecho de los EE.UU. ya no son la potencia preponderante que fueran tras el fin de la segunda guerra mundial, cuando su producción llegó a representar (para 1950) el 40% del producto mundial, pues en la actualidad su economía "apenas" representa (!!!) un 22% del producto mundial, es decir un nivel similar a lo producido por ese país en 1870. No obstante, un examen más cuidadoso de "datos duros" como los arriba mencionados puede dar lugar a una explicación alternativa: que esa situación prevaleciente en las dos primeras décadas de la segunda postguerra de este siglo fue una anomalía causada por el estado de postración socio-económica en el cual se encontraban tanto los aliados de los EE.UU. como sus enemigos durante este conflicto bélico mundial. Postración que, según numerosos estudiosos de este período y del papel de los EE.UU. a lo largo del presente siglo, fue superada gracias al sostenido y resuelto liderazgo ejercido a escala global por este último país a partir de 1945. En efecto, fue precisamente el ejercicio del liderazgo estadounidense lo que permitió, con el concurso de los inmensos recursos políticos y económicos a su disposición, establecer y apuntalar las instituciones políticas y económicas del orden bipolar así como rehabilitar políticamente y recuperar económicamente a Alemania y Japón. Un papel pivotal Lo cierto es que se quiera o no, y para bien o para mal de todas las naciones del mundo, los EE.UU. han desempeñado un papel pivotal e ineludible en la construcción, sostenimiento y derrumbe de las distintas visiones y/o versiones del orden mundial que se han instaurado en la presente centuria: la visión liberalista internacional preconizada por Wilson y plasmada en una Paz de Versalles cuyo fallido destino quedaría marcado por un congreso estadounidense dominado por impulsos aislacionistas; la más 'realista" versión del orden internacional implantada tras la sangrienta experiencia confrontacionista de 1939-1945 —liberal en lo económico, aunque claramente gravitante en torno a las motivaciones e intereses de las élites de poder del hegemón norteamericano; bipolarizado en lo político-estratégico pero también dominado y manipulado en los planos diplomático y militar por una "guerra fría" ideológica creada y mantenida, en muchos sentidos, por las percepciones, intereses, e imperativos de oportunidad "elitistas" de esa influyente superpotencia—; y la aún frágil visión liberal-democrático—capitalista post-bipolar que, aparte de estar orientada a la expansión global (internacional y doméstica) —en lo político, económico y "cultural"— de las ideas y fundamentos institucionales "liberales" del período bipolar, parece estar siendo impulsada en lo fundamental por la única entidad en la cual se constata el inevitable choque entre los dos principios organizativos centrales del bifurcado orden mundial contemporaneo: el de la territorialidad del mundo estado—céntrico o internacional, al ser su eje, garente y sostén primordial; y el de la globalización, al ser sus centros de poder tecno-económico y financiero los principales artífices y promotores de un mundo multicéntrico interconectado, interdependiente y trans/post-territorial. EVIDENCIAS GEOPOLÍTICAS Y ECONÓMICAS DE UN PODERÍO MUNDIAL De hecho, cualquier escrutinio desprejuiciado de los EE.UU. aún en este turbulento período post-internacional —en el cual aparentemente se constata una relativa erosión de su posición dominante en la bifurcada configuración (geopolítica y geoeconómica) del poder mundial— permite aseverar lo siguiente: En el ámbito geopolítico: que los EE.UU. siguen siendo el único Estado que posee niveles preponderantes de armamentos y fuerzas en cada dimensión de las llamadas "capacidades" militares convencionales y nucleares. Que a pesar de las reducciones de tropas y misiles en Europa, ese país mantiene un peso crucial en la estabilidad de esa importante región debido a su continua presencia como garente de seguridad y a su status como el miembro más poderoso de la OTAN. Que los EE.UU. siguen teniendo una sustancial presencia militar en Asia, la cual parece estar preservando la estabilidad de una zona cuya prosperidad y asombroso crecimiento económico se ha erigido sobre una serie de disputas territoriales, resentimientos históricos no resueltos y de suspicacia y percepciones de amenaza latentes que impiden o inhiben una integración más formal y abierta. Que en el Medio Oriente, los EE.UU. son el principal factor de equilibrio y movilizador cuyas acciones y cuyo respaldo han sido y continúan siendo esenciales para alcanzar una paz verdaderamente duradera en esa convulsionada zona. Que a escala global, el poderío económico y militar estadounidense le ha permitido retener —incluso en forma unilateral— un papel de primerísimo orden en moldear las alternativas y aumentar o reducir la efectividad de organismos internacionales de tanta envergadura como la ONU y sus diversas agencias (recúerdese el arma financiera utilizada por el Congreso de ese país para "promover" la reforma de la ONU y el exitoso veto estadounidense a la reelección del hoy ex—Secretario de la ONU, Boutros Boutros-Ghali). En el ámbito geoeconómico: que pese al relativo declive estadounidense que se inició en la década de los sesenta con la aparición de nuevos competidores (e.g. los dos Estados-sociedades rehabilitados/recuperados a consecuencia de la instrumentación política y económica de la doctrina de la contención: Japón y Alemania), la economía estadounidense sigue siendo hoy por hoy la más poderosa del planeta —aún haciendo uso de indicadores tradicionales— y centro de las entrecruzadas, interpenetradas e intrincadas redes transterritoriales de transacciones y flujos comerciales y financieros de la economía mundial. Que en el plano de la producción/transmisión/ reproducción de valores, ideas, conocimientos e innovaciones de la nueva economía "post-capitalista", la sociedad y cultura estadounidenses continúan liderando aún en aquellas macro-regiones como Asia en las cuales se proclama que el siglo XXI será el "siglo del Pacífico" (en todo caso y de ser así, la economía estadounidense estará para entonces probable y calculadamente interconectada a —y firmemente interdependiente con— ese centro de dinamismo tecno-económico-financiero, mientras que las sociedades asiáticas —o al menos los "incluidos" de las mismas— estarán a su vez mucho más inmersas en el globalizado modo de vida estadounidense). Que en nuestro hemisferio, cualquier intento de establecer un regionalismo económico y eventualmente político que excluya a los EE.UU. está condenado al fracaso dado su evidente desfase de una inexorable realidad: que el 80% del comercio hemisférico se genera en el Norte de América, y que el motor dinamizador del activismo económico de esa significativa sub-región es precisamente los EE.UU. De allí pues que —más allá de las pretensiones de liderazgo latinoamericano de las élites brasileñas y de su aspiración a que ese país suramericano se constituya en el principal polo de un proceso de integración regional alternativo, así como del activo oposicionismo de los sectores nacionalistas-proteccionistas-aislacionistas estadounidenses— la propia dinámica económica y financiera intra-regional norteamericana, su peso a escala continental, y la amplitud de sus vínculos geoeconómicos extra-regionales (con la UE y la macro-región Asia-Pacífico) parecen estar impulsando la integración comercial-financiera de las distintas sub-regiones que conforman las Américas y el Caribe. CAUSAL PREEMINENTE DEL CAMBIO GLOBAL Del recuento sobre el alcance y la permanencia de las fortalezas geopolíticas y geoeconómicas de los EE.UU. se desprende que, al menos en el futuro predecible, ese Estado-sociedad mantendrá su privilegiada y preeminente posición en la cúspide del poder mundial. Ciertamente, lo anterior no implica que los sectores de poder estadounidenses podrán siempre lograr los objetivos que se propongan en las distintas e interdependientes áreas temáticas del actual sistema global. Basta con recordar aquí el abierto rechazo y la generalizada oposición de los gobiernos europeos y americanos a las pretensiones estadounidenses de legislar extraterritorialmente los flujos de comercio e inversión de sus respectivos países con Estados cuyos regímenes han sido unilateral y selectivamente designados por el gobierno de ese país como "reaccionarios" o "proscritos". Debe, sin embargo, aclararse que, incluso expresos indicios de repudio y oposición a la propensión unilateralista estadounidense como los propiciados por las leyes Helms-Burton y D'Amato, no han impedido que en la práctica los gobiernos afectados procuren resolver el conflicto de intereses con su primordial socio político y económico (y aplacar la animosidad de congresistas y grupos de presión estadounidenses) mediante políticas que satisfagan parte de los objetivos de aquel y lo persuadan a (o le permitan) modificar sus contraproducentes decisiones: e.g. la reciente política de los países de la UE que condiciona sus relaciones comerciales y financieras con Cuba, uno de esos "Estados proscritos", a la introducción de reformas democráticas. Esto último evidencia, a mi modo de ver, la capacidad que todavía poseen los EE.UU. de influenciar con sus desmanes unilateralistas los cursos de acción de sus más relevantes socios político-económicos, así como el consenso axiológico-normativo que existe entre las democracias capitalistas —siendo los EE.UU. las más primordial de ellas— respecto al rumbo liberal que debe asumir el actual orden post-bipolar. Lo dicho hasta aquí denota que, que en virtud de su tamaño diplomático-estratégico y tecnológico-comercial-financiero así como de su amplia influencia cultural, las actitudes y actuaciones de los gobernantes y ciudadanos estadounidenses continuarán siendo fundamentales para pronosticar o predecir la extensión y rapidez del cambio global vis-à-vis muchos de los más vitales temas-problemas que confronta el mundo contemporáneo. Postgrado de Relaciones Internacionales Universidad Central de Venezuela e-mail: vpetrash@conicit.ve |
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