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| Revista Electrónica Nº 14 Abril 1997 |
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Gobernabilidad, distribución y direccionalidad
Armando Córdova Olivieri
La evolución reciente de la tecnología ha ocasionado cambios profundos en la realidad técnico-económica de cada individuo. Nuevos y grandes problemas político-económicos han surgido de esta transformación. Adicionalmente, son tan importantes dichos cambios, que aún no han sido encontradas formas de organización correspondientes a las nuevas circunstancias. Nos encontramos pues ante un desequilibrio que exige un gran esfuerzo intelectual. Por lo general, la polémica político-económica corriente está llena de conceptos anticuados y de contradicciones. Es necesario entonces, concentrar el esfuerzo analítico sobre la realidad de nuestro tiempo y latitud. La mayoría de los seres humanos, sólo conoce su mundo circundante, ya sea como trabajadores o como empresarios. De modo que en su mundo circundante, el problema de la direccionalidad del proceso económico global, es decir, el hacia dónde se mueven las variables macroeconómicas, sólo se percibe de manera muy parcial. A nivel individual, se plantea la siguiente pregunta: ¿Por qué he de recibir yo un ingreso menor que el de mi vecino? ¿No es posible que yo reciba más? Y de aquí que a ese nivel se perciba el problema de la distribución como el problema fundamental de la política económica y que los movimientos político-económicos de nuestros tiempos partan de esta premisa fundamental. Por otra parte, la seguridad social y la justicia social han sido siempre las grandes directrices de los proyectos políticos de los dos últimos siglos. Desde el comienzo de la industrialización el problema social se ha ido convirtiendo cada vez más en el problema fundamental del ser humano. Pero el problema social no es un problema aislado, sino que sólo es comprensible y aprehensible considerándolo en relación con otros problemas esenciales y tratándolo dentro de dicha relación haciendo más complejo el problema de la distribución. En la historia de la sociedad industrial, han habido básicamente dos métodos para la aplicación de la política de distribución
En el primer caso, el volcamiento de los países de Europa Oriental hacia una política de distribución basada en economías de mercado a finales de la década de los ochenta e inicios de la siguiente, ha producido un ambiente de rechazo hacia esta concepción de política económica, a la vez que ha introducido nuevos retos en cuanto a cuál política económica ha de adoptarse para garantizar una transición exitosa de un sistema a otro. Aquí vale la pena resaltar el surgimiento del debate entre quienes defienden la aplicación de las políticas de shock y aquellos que defienden las terapias gradualistas. En el segundo caso, a pesar de que el panorama parece haberse despejado a favor de esta gran corriente del pensamiento económico, la verificación empírica de diferentes formas de mercado que median entre la libre concurrencia y los monopolios de oferta y/o demanda (estos últimos con un alto grado de ineficiencia en cuanto a la distribución del ingreso) ponen de manifiesto que el problema de la política económica adecuada no ha sido resuelto aún con este desenlace histórico. Volviendo al ámbito de los individuos, los salarios de los trabajadores son al mismo tiempo costos de producción para los empresarios. Es decir, esa magnitud es ingreso para los trabajadores y costos para las empresas. Vistos como ingresos, son una variable decisiva para la distribución del producto social. Vistos como parte integrante de los costos de una empresa, determinan la intensidad y dirección del plan de producción de una empresa y por ende de la dirección del proceso económico global. De este modo queda claro que la distribución del producto y la dirección de la economía son aspectos que van siempre unidos y de allí que la distribución deba ser considerada como un aspecto parcial de la totalidad del proceso económico y viceversa. Precisando aún más, lo que el trabajador reciba como renta y lo que pueda adquirir con ella dependerá de la dirección del proceso total de la economía, el cual a su vez es un elemento parcial del problema total del orden político. En la actualidad, la necesidad de emprender reformas estructurales para hacer económicamente sostenibles y políticamente gobernables a nuestros países, muchas veces nos conduce al olvido de que a la hora de trazar el camino del cambio, la determinación de aquello preservable dentro de la situación actual, es de crucial importancia estratégica. En la región, las reformas estructurales están siendo llevadas a cabo en ambientes nacionales de poder compartido, aceptando implícitamente que la gobernabilidad democrática es el sistema en el cual debe transitarse hacia el país objetivo. Esta legitimación del poder compartido como ambiente para las reformas estructurales implica, que las contradicciones involucradas en las mismas, tendrán que ser resueltas mediante el dialogo o conversación entre los diversos actores presentes en el juego democrático, es decir, como resultado de este dialogo. Por otra parte, el objetivo explícito de las reformas estructurales, es el de garantizar las condiciones institucionales de mejor operación de los mercados, estableciendo claramente en cuáles situaciones el mercado por si sólo no es capaz de asignar eficientemente los recursos de la economía y, por lo tanto, se hace necesaria la intervención (política-económica) para contrarestar estas deficiencias del mercado. Así, al estar de acuerdo en que las reformas estructurales deben resultar derivadas del consenso entre los actores del sistema, debemos aplicar un enorme esfuerzo para tener un buen conocimiento de las leyes que explican el funcionamiento de ese sistema compartido, dentro del cual, el Estado es sólo uno de los múltiples actores que lo componen y, a diferencia de los demás actores, posee un grado mayor de información que puede utilizar para el modelaje de la fuerza política que lo sustente. Vemos pues que en estas condiciones el enfoque sistémico del problema resulta natural y más aún, necesario a la hora de abordar el problema de la gobernabilidad del sistema (viabilidad política de las reformas), con alguna probabilidad de éxito. Se trata de una situación en la cual todo está por hacerse. Es necesario repensar nuestra situación, en función de nuestro objetivo de país, teniendo muy claro qué queremos conservar y qué queremos cambiar, sin olvidar que ese país que queremos construir, necesariamente estará inserto de alguna manera a la economía mundial y, por lo tanto, tendrá algún rol dentro de la división internacional del trabajo. La pregunta clave reside en la actitud a adoptar ante esta problemática: Somos capaces de dejar nuestras propias huellas, decidiendo cómo queremos participar en esa división internacional del trabajo en función del conocimiento de nuestras fuerzas y debilidades o, por el contrario, dejaremos que el ritmo de los acontecimientos defina nuestra posición en el mundo del futuro. Email:acordoba@guaicaipuro.mh.gov.ve |
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