Resumen de Noticias
Revista Electrónica       Nº 14     Abril 1997
En Esta Semana
Perú: una decisión deplorable
Pedro Carmona Estanga

Poco se ha comentado en Venezuela la decisión del gobierno del presidente Fujimori de separar al Perú del Acuerdo de Cartagena, como producto de discrepancias en torno a las modalidades para la reinserción plena de ese país a la unión aduanera andina. Como se sabe, Perú goza desde 1992 de un régimen de excepción a las obligaciones del libre comercio y de aplicación del Arancel Externo Común andino, gracias a la comprensión de los demás países ante el insistente pedido del entonces ministro carlos Boloña de aplicar de hecho una salvaguardia que ayudara a superar las dificultades económicas de ese entonces y obviar la adopción de la estructura arancelaria de cuatro niveles: 5, 10, 15 y 20% acogida por Colombia y Venezuela en función de una decisión comunitaria. Perú optó por un arancel horizontal de 15% para la mayoría de los productos y de 25% para unos pocos que así lo requirieron. Durante la vigencia del régimen especial, se mantuvieron listas bilaterales de preferencias entre dicho país y sus contrapartes andinas, para no perjudicar las corrientes de comercio existentes. La Comisión Andina prorrogó varias veces dicho régimen de excepción, salvo avances parciales de multilateralización de preferencias para algunos productos, a lo cual accediera el Perú ante el requerimiento de los demás miembros. Pero en honor a la verdad, munca se percibió una disposición clara del Gobierno de Lima de reincorporación plena, alegando riesgos de perjuicios por distorsiones competitivas en función de la diferencia de aranceles y a la existencia de políticas de estímulos en los otros países. Al iniciarse el presente año, los países miembros exigieron al Perú la definición de un plan de corto plazo para reasumir los derechos y obligaciones del Acuerdo de Cartagena, mientras que la Junta demandó ante el Tribunal la nulidad de la Decisión que consagraba el régmen especial para el Perú. Este, un tanto presionado, propuso un largo plan hasta el año 2004 que implicaba retrocesos e incluía la posibilidad de mantener listas de excepciones y de aplicar derechos compensatorios unilaterales en caso de problemas competitivos, planteamiento que fue considerado inaceptable por los demás países. Luego de un período de consultas, Perú redujo el plazo hasta el año 2002, pero mantuvo exigencias que fueron consideradas inviables para el resto, llevando a un impasse definitivo, pese a la mediación del presidente Sánchez de Lozada, de Bolivia.

Aun cuando el Perú no ha oficializado la denuncia del Acuerdo de Cartagena, se abstuvo de asistir a la reciente reunión cumbre celebrada en Sucre, Bolivia, en la cual se ratificó la vigencia del Protocolo de Trujillo, génesis de reformas institucionales que contemplan la figura de la Comunidad Andina y la sustitución de la junta tripartita por la de un secretario general, función para la cual fue designado el compatriota Sebastián Alegrett, amigo de excelentes credenciales latinoamericanistas. Se acordó asimismo que la sede sería trasladada de Lima a Bogotá, ya que Caracas tiene a la CAF. El retiro del Perú del Acuerdo de Cartagena, implica su desvinculación del Tribunal de Justicia, pero no automáticamente de la CAF y del Fondo Latinoamericano de Reservas (FLAR), aun cuando Chile así lo hizo en 1976. El Perú seguramente aspire a permanecer como socio principal de la CAF, exitosa institución de la cual posee el 30% de las acciones y ha sido uno de los mayores beneficiarios.

El Grupo de los Cuatro ratificó en la reunión de Sucre proseguir sin alteración la tarea integracionista. Pese a ello, sería necio negar que el retiro peruano constituye un duro golpe para la comunidad andina y la geopolítica latinoamericana. Perú es socio fundador del Grupo Andino, eje estratétigo de la reunión andino-pacífica y es el tercer mercado en importancia después de Venezuela y Colombia. Bolivia se ve privada de otro de sus mercados vecinos, pero pese a ello reitera su pertenencia andina, sin conflictos con el acuerdo suscrito con el Mercosur para la formación de una zona de libre comercio. Los agentes económicos que han diseñado estrategias de inversión e intercambio basadas en el mercado subregional no ocultan su preocupación con lo ocurrido, pese a la opción de acordar preferencias bilaterales en el marco de la Aladi, para no afectar el comercio recíproco.

Más allá de los hechos económicos, considero que el Perú no ha ponderado del todo la decisión adoptada, quizá porque piensa que puede emular el ejemplo de Chile de 1976, determinado por discrepancias reales entre el modelo de desarrollo de apertura y las políticas prevalecientes en el Grupo Andino de ese entonces. Pero ni el Perú es Chile, ni son las mismas circunstancias. Percibo mucho dogmatismo en la posición peruana, pues se alegan problemas que podrían ser resueltos caso a caso, de producirse daño, por la vía de derechos compensatorios. Creo que Fujimori, líder de frágiles raíces latinoamericanas, no aquilata la relación histórica entre el proyecto andino y el ideal bolivariano que lo inspira, además de que tal decisión aisla al Perú y reduce su capacidad negociadora internacional. Si éste se siente amenazado por las políticas de sus socios andinos, ¿cuál será la situación con el Mercosur, con el cual las asimetrías y brechas arancelarias son mayores, así como los efectos de las políticas públicas?

Con todo, no hay que olvidar que los gobiernos son transitorios y los países permanentes. Veo por tanto conveniente dejar vías abiertas para una futura reinserción peruana a la Comunidad Andina. Habrá que meditar sobre su permanencia en instituciones que sirvan de cordón umbilical hacia el mediano plazo, siempre y cuando se perciba algún interés de ese país al respecto. En el intertanto no hay otra opción que afianzar la unidad de los cuatro, perfeccionar el esquema existente y proseguir la negociación con el Mercosur hacia la confluencia entre los dos esquemas, bajo la forma de un marco normativo común. La relación Grancolombiana se acrecienta en este escenario y ofrece un alto potencial, siendo ella la médula del sueño bolivariano. Los problemas de seguridad fronteriza colombo-venezolana, que deben ser enfrentados con firmeza, no son óbice para avanzar en el desarrollo de la agenda positiva, alentada por los éxitos alcanzados. Es también importante para Venezuela reafirmar con objetividad la vía de la negociación conjunta con el Mercosur y ponderar lo que verdaderamente representa el norte de Brasil como un mercado natural a su alcance, siempre como alternativas complementarias y en el marco del objetivo histórico de formación de una zona de libre comercio latinoamericana. Deploro pues que el Perú, en épocas de integración y de globalización, haya dado un paso tan desafortunado. Pero también que en la comunidad andina se perciba el desmembramiento del Perú como un hecho intrascendente. Es sin duda mucho más que eso. Siento constatar que en el Perú los militares hayan tenido mayor visión integracionista y de la historia que dirigentes civiles arrogantes y cortoplacistas. Esperemos el juicio de la historia.


El Universal, 26 de abril, 1997

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