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Primero de Mayo. Invitación constante a completar lo que aún falta a la paz social. Fiesta cristiana por tanto. Día de júbilo para el triunfo concreto y progresivo de los ideales cristianos de la gran familia del trabajo.
No son palabras mías. Las tomo de la Carta de un profeta. Escrita hace cincuenta años y que se convirtió en documento-bandera de un gran movimiento nacional hacia la convivencia democrática en nuestro país. El autor: Rafael I. Arias Blanco, Arzobispo de Caracas. Firmada el 29 de abril de 1957 como mensaje para el vecino Primero de Mayo, Fiesta de San José Obrero. Un semestre y un poco más después vendría el 23 de enero. (El texto de la carta aparece publicado en Adsum, boletín oficial del Arzobispado de Caracas N§ 220, junio 1957).
Cada palabra tiene su circunstancia. Esa Carta ha de ser leída teniendo muy presente el marco socioeconómico-político de entonces. De otro modo podría parecer extraño que su contenido se hubiese convertido de inmediato en documento clandestinamente apreciado, meditado y difundido. Con un entusiasmo que aunó obreros y profesionales, clérigos y universitarios. La dictadura cometió un error muy común: cerrar los oídos e intentar ocultar lo evidente. El endurecimiento condujo a la aceleración del final.
Monseñor Arias habló como pastor; desde esa perspectiva de ductor de Iglesia y servidor de un pueblo se convirtió en "voz de los sin voz''. Interpelación que llamaba a una conversión hacia la justicia y la paz, hacia el amor en línea horizontal fraterna, y en vertical trascendente.
La Carta en sus comienzos señala "el estremecimiento de una nueva vida que está naciendo'' en Venezuela. Identifica el momento así: transformación económica, paso de lo rural a lo urbano industrial y minero, logros en salubridad, poderosa inmigración. Y también destaca el fenómeno del éxodo rural, generador de "multitud de problemas sociales que está viviendo la nación''. De inmediato el Arzobispo subraya el derecho y la obligación de la Iglesia de intervenir en la cuestión social. Porque no se trata de algo solamente económico, sino que tiene implicaciones morales y religiosas. En esta argumentación, Arias Blanco cita a los papas León XIII, Pío XI y Pío XII. La finalidad es que "todos, patronos y obreros, Gobierno (subrayo este término por la fecha de la Carta) y pueblo, sean orientados por los principios del Evangelio en esta descomunal tarea de crear las condiciones necesarias de vida para que todos (subrayo aquí también por el mismo contexto histórico) los ciudadanos puedan disfrutar del bienestar que la Divina Providencia está regalando a la nación venezolana''.
El Universal,26 de Abril de 1997
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