Cabezal Soglo XXI
Revista Electrónica       Nº 14     Abril 1997
Siglo XXI
¿Tiene Límites la Ciencia Política?
Carlos A. Romero

El destacado filósofo político Isaías Berlin ha publicado un artículo en la New York Review of Books el cual ha generado un intenso debate sobre los alcances de la disciplina para comprender los fenómenos políticos (1). Si bien, la controversia sobre el poder no es nueva, es ahora, en el umbral del Siglo XXI, cuando los supuestos en que se basó la racionalidad política para justificar su dominio teórico y metodológico se están cuestionando. En este marco, el artículo de Berlin rescata una discusión pertinente en nuestros días sobre la aplicación del método científico en la ciencia política.

La relación entre gobernados y gobernantes, el tema de la paz y de la guerra y la interdependencia entre la razón y la sin razón a la hora de las decisiones, son apenas algunos problemas que muchos pensadores han tratado de conocer en épocas diversas. Nicolás Maquiavelo,fundador de los estudios políticos modernos, destacó en el siglo XV la importancia del conocimiento y las limitaciones de éste por la presencia de los avatares de la historia, eso que el genial florentino llamó la controversia entre la Virtud y la Fortuna, entre el saber y la incertidumbre.

El profesor Berlin, de larga y fecunda trayectoria en Oxford y otras instituciones académicas de renombre mundial, se dedica en el ensayo "On Political Judgment" a analizar el significado del buen gobernante. Así, el autor se pregunta si es justo calificar a un gobernante sobre la

eficacia y la eficiencia de su gestión, de acuerdo a los instrumentos que brinda el método científico. En este sentido, Berlin se pregunta ¿"si al estadista hay que enseñarle algo llamado ciencia política - la ciencia de las relaciones del ser humano con otros y su ambiente- que contiene, conjuntamente con otras ciencias, un sistema de verificación de hipótesis organizadas en reglas originadas en la verificación de fenómenos observables en forma regular"?.

La respuesta del autor es negativa. De acuerdo a su argumento, la influencia de las ciencias naturales cortó la posibilidad de ampliar el conocimiento político al punto que el campo de la irracionalidad, lo que Maquiavelo llamó la fortuna, fueron consideradas como una desviación, como una excepción a la regla y a las regularidades en la que se apoyaba.

De hecho, es injusto pretender que un estadista pueda conocer la "realidad última" previamente identificada. Su mérito es, por el contrario, más bien el que él "no piensa en términos generales, esto es, él no se pregunta asi mismo en que sentido un momento es parecido o no a otras situaciones en el largo recorrido de la historia (que es lo que los sociólogos o teológos buscan desesperadamente). El mérito es que el estadista recoge una combinación de características que constituye una situación en particular. Lo que le es posible hacer es entender el carácter de un movimiento, de un individuo, de un estado de cosas único, de una atmósfera, de una combinación particular de factores económicos, políticos y personales; lo cual por cierto no es posible de enseñar".

Ahora bien, nos dice Berlin, esto no significa que "coincidir con aquellos que sostienen que las ciencias naturales, y la tecnología basada en ella, distorsiona nuestra visión y nos limita la posibilidad de contactar la realidad la cual los pre-socráticos griegos o europeos medievales vieron cara a cara. Esto no es sino una absurda desilusión nostálgica". El argumento del autor es que " no todo puede conocido por la ciencia." En este marco, "demandar o exigir una precisión mecánica, inclusive como principio, en un campo incapaz de tenerla, significa estar ciego. Es más, el papel que juega la suerte es el que los hombres con criterio disfrutan más".

"On Political Judgment" significa una importante contribución a un debate que por más de cincuenta años se sostiene en las instituciones, facultades y asociaciones de carácter politológico. Hoy, es casi imposible ignorar una discusión que no se limita tan solo a deslindar lo que es propio del método científico y lo que no lo es. Tal como dice Berlin, no se trata de seguir al pie de la letra la máxima de Freud de que si bien no todas las cosas pueden ser explicadas por la ciencia, ninguna aproximación alternativa puede conocerlas. Se trata más bien de ampliar el espacio de posibilidades de indagación en nuestra disciplina aceptando sin rodeos que es posible y es deseable ocuparse de otros campos de la vida política que tienen su propia dimensión y su propio desarrollo.

En este sentido, la discusión sobre los los límites de la ciencia política no tiene asidero en el mundo contempóraneo. Lo que es pertinente es más bien el de traspasar esos límites, esos obstáculos que impuso el exagerado cientificismo originado en la Ilustración.

Si esto fuera cierto, los estudios politológicos estarían dando un vuelco como nunca se había visto desde el desprendimiento de la disciplina de los lineamientos jurídicos-constitucionales a principios de este siglo y su lenta transformación hacia el estudio de las relaciones de poder no institucionales. Este vuelco; para usar un término de moda, este cambio de paradigma (si se acepta que el paradigma racional no puede conocer todos los fenómenos contemporáneos) es necesario analizarlo y desarrollarlo.

Cuatro son los factores principales que deben evaluarse. Por una parte, está el fenómeno de la decadencia del Estado occidental como modelo de organización política dominante. La aparición y crecimiento de un mundo multilateral y transnacional y la reanimación de la vida política local y descentralizada dan cuenta de ello. En segundo lugar, se tiene la continua readaptación que significa la incorporación de fenómenos politizados ( es decir, no necesariamente políticos de origen, como el tema del ambiente y el tema de la etnicidad) que amplían la agenda de los problemas públicos y que hacen de la función de gobernar un ejercicio complejo y lleno de incertidumbre. En tercer lugar, la misma necesidad que tienen los gobernantes de salirse de la forma a la hora de tomar decisiones, es decir la creciente incapacidad del estadista para prevenir situaciones, de ahí el papel que juega lo que llamó Berlin, la sabiduría política. Y por último, pero no menos importante, el reto que significa comprender, a horas del nuevo siglo, el papel que juegan los medios de comunicación, la informática y la biodiversidad como temas-punta que cuestionan de raíz las diversas formas de organización social heredadas de la Edad Moderna.

La ciencia política, como también las ciencias sociales en general tuvieron por un largo tiempo claro lo que no eran y lo que no querían estudiar. Ahora, en el momento que sus elementos fundamentales se están cuestionando - el Estado, la decisión gubernamental ajustada a la razón y el derecho, la política y los políticos - , ejercicios intelectuales como el que nos ofrece Isaías Berlin con "Political Judgment" constituyen un estímulo para seguir explorando la conformación de la post-política, objeto de estudio para los politólogos del siglo XXI.


(1) Isaiah Berlin; "On Political Judgment". The New York Review of Books. New York, October 3, 1996, Vol. XLIII, Number 15, pp. 26-30.
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