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| Revista Electrónica Nº 14 Abril 1997 |
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Diplomacia e Internet
Miguel Méndez
La revolución tecnológica que ha significado internet no ha sido todavía medida en sus últimas consecuencias. El acercamiento de un mundo que de antemano había visto disminuir sus fronteras, con la eliminación de las barreras al libre flujo de la información y del conocimiento, es tal vez un hecho de tanta trascendencia como la invención de la imprenta. Otras revoluciones en la información habían ya tomado cuerpo, como la experimentada en los años 80 con las noticias instantáneas, y los avances en las telecomunicaciones, sobretodo la telefonía y el desarrollo del telefax. En los años 70, se hablaba de la revolución del transporte por la masificación y creciente eficiencia del medio aéreo. Todas estas acciones han tenido en su debido momento consecuencias en el quehacer diplomático. En los años 70 surgió la llamada diplomacia del jet (Shuttle Diplomacy), interpretada por algunos como el inicio de la declinación de la acción diplomática tradicional a través de Embajadas y Representaciones Permanentes, y por supuesto la falta de utilidad de la figura del Embajador. En los años 80, CNN fue evaluada como la sustitución del papel de informador y analista de los diplomáticos y en teoría eliminaba su utilidad como canales de información e inteligencia, que daban paso a la noticia instantánea. En los años 90, Internet ha sido evaluada por algunos como la estocada final del proceso de declinación de los diplomáticos, suerte de nueva realidad en la que los "e-mail" o correo electrónico sustituyen las comunicaciones directas y las páginas informativas y conferencias electrónicas sustituyen las exposiciones o las conferencias de promoción. Sin querer ser exhaustivos en relación al impacto de internet, hay una característica fundamental que nos lleva a la reflexión. Internet desdibuja completamente la suerte de organización jerárquica de la información existente, en la cual la profundidad, seriedad y validez de la información se media, en cierta forma, en base a la formalidad de sus fuentes. En esta organización tradicional, el medio telemático sería una suerte de vehículo intranscendental que ofrece información de carácter subalterno. Sin embargo, la realidad es otra. La calidad y actualidad de la información de internet es en muchos casos tal, que su utilidad puede ser superior a medios más elaborados como podrían ser los libros. Esa consideración sobre la validez de las fuentes de información es de por si un cambio revolucionario en el manejo del conocimiento, en lo que sería una aproximación desjerarquizada al mismo. Por otra parte, el sistema de imprenta nos ofrecía un proceso de selección en el que los centros de investigación, editores, etc., nos ofrecían productos acabados que permitía acceder a la información con ciertas garantías de calidad. Internet no es necesariamente así por la facilidad y el marginal costo de publicación, lo que puede llevar a ofrecer cantidad sin mayor reparo de las fuentes, sin control previo. Esta característica nos ofrece otro reto a la confrontación de la información y del conocimiento en si, que implica una mayor claridad de los objetivos y necesidades informativas que tenemos que tener en el momento de acceder a ella. Otro elemento que cambia con internet, y que está relacionado con la información y con el proceso cognoscitivo, es la democratización de las fuentes. Ya no debemos necesariamente depender de los grandes proveedores de información, sean estos las grandes casas editoras, cadenas de noticias, o medios de comunicación, sino que ahora hasta el individuo o el más pequeño periódico local puede ofrecer su propia versión de los hechos y establecer su propia agenda informativa hacia el mundo. Este aspecto resulta muy importante en los procesos de análisis y formación de opinión. Se rompe por primera vez el monopolio que por regiones y temas ejercían este tipo de organizaciones. Un ejemplo de esta posibilidad puede ser bien ejemplificado por las informaciones ofrecidas al mundo a través de la red por los guerrilleros de Chiapas o más recientemente por el Movimiento Tupac Amaru en el secuestro de la Embajada de Japón en Perú. Todas estas innovaciones generan, en nuestra opinión, un cambio radical en el proceso de análisis y discernimiento que realizamos al reflexionar sobre un problema y nos amplia los espacios y derriba fronteras de manera nunca antes imaginable. De hecho, la información no solamente se enriquece con lo cotidiano, de donde dependíamos no solo para la información disponible sino para la ampliación de nuestras opiniones a través de la interrelación humana. Con anterioridad, el proceso de enriquecimiento de ideas se componía de información formal, del conocimiento disponible de hechos locales e internacionales y del intercambio de información y opiniones mediante la interrelación con seres humanos al alcance. Internet amplia todo ello, conformando de hecho la primera aldea global que trasciende el mercadeo de productos comerciales y se adentra en un verdadero libre intercambio del conocimiento. De la consulta inicial con amigos, profesores y conocidos, pasamos a la participación en el debate de temas específicos, donde personas de todo el mundo dan su opinión y enriquecen el conocimiento. De la comunicación con académicos y expertos nacionales y locales, pasamos a la oportunidad de comunicar nuestras opiniones, pensamientos o dudas con la comunidad mundial a través del correo y conferencias electrónicas. Este aspecto por si solo constituye tal vez el hecho más revolucionario y transcendental de todo este proceso. La última característica que queremos resaltar es la validez temporal de la información y el papel que esta juega como elemento diferenciador y en la capacidad de competir en todos los niveles, desde el personal hasta el empresarial o estatal. Hasta hace poco oíamos decir que la información es poder. Ahora podríamos aventurarnos a decir que es poder y puede ser obstáculo. Cada día mas, la información cambia con frecuencia espasmódica y por ende la especialización pasa a ser un proceso ininterrumpido y abierto, donde todos tienen la posibilidad de manejar el saber debido a la disponibilidad de información. Qué significa Internet para la diplomacia?. Aún más, cuál es el impacto de Internet en el manejo de la información? Algunos analistas expresan que el papel de la diplomacia tradicional ha llegado a su fin, y que las embajadas serán sustituidas por grupos de expertos capaces de dar seguimiento especializado a temas sin importar su ubicación física. En un artículo aparecido en la revista U.S. News, "Ocaso de los Diplomáticos"1, el autor revisa los cambio profundos que ha sufrido la diplomacia americana desde sus inicios con misiones personales como la de París con Thomas Jefferson, al gran despliegue de hoy día cuando la Embajada en Francia tiene 800 funcionarios, de un total de 23.000 diplomáticos con que cuenta el Departamento de Estado hoy en día, en 249 embajadas y consulados alrededor del mundo. El artículo se adentra en la función actual del diplomático y pone en duda la utilidad el papel de analistas de la información en un mundo en el que las comunicaciones globales y los nuevos temas económicos, ambientales, crimen organizado, etc., suplantan la agenda política de la guerra fría. De acuerdo al CATO Institute, "los embajadores y sus funcionarios no constituyen más que mensajeros y muchachos de mandado"2, pudiéndose hacer la mayoría del trabajo desde Washington, a través de correo electrónico y faxes. Se calcula que hoy día, los diplomáticos norteamericanos envían unos 25 millones de mensajes electrónicos y 2.5 millones de cables al año, en lo que se considera una masa de información inmanejable. Esta preocupación ha sido asumida por el Departamento de Estado que organizó una serie de conferencias denominadas "Reinventando la Diplomacia y el Desarrollo para un Mundo En Línea", la cual se inició el 11 de marzo de 1997. En esta serie de 5 conferencias se analizará el tema en profundidad, sin embargo, valen algunas consideraciones hechas en la primera cita. La explosión de Internet como medio a nivel mundial no ha comenzado. Lo que se considera como una masificación trascendental en la cantidad de usuarios y de proveedores o generadores de información no es sino el inicio de una revolución tecnológica que no ha llegado a los países menos desarrollados. Este hecho por si solo tiende a exagerar el impacto del medio de manera general, ignorando las particulares posiciones de atraso de algunos países o áreas geográficas. De hecho, de una estadística de servidores por país disponible en internet3 existe una encuesta del número de servidores (Hosts)4 y dominios (domains)5 existentes en el mundo, los cuales han evolucionado de la siguiente manera:
Estas cifras nos llevan a puntualizar un marcado crecimiento del número de hosts en 25% en un período de seis meses, de julio de 1996 a enero de 1997. El periodo anterior (julio 95-enero 96) había registrado 36% de crecimiento. En el caso de los dominios, estos crecieron en un 59% en el semestre julio 96-erero 97, cifra sin precedentes. Si agrupamos las estadísticas de la última encuesta de 1997 por continente y por área de dominio principales, nos encontramos con la siguiente relación:
Como podemos observar, el mayor uso de la tecnología lo tiene Europa, seguido de los Estados Unidos6. Vale la pena destacar, que la mayor parte de los dominios que aparecen como Edu., Gov. u Org., pertenecen a usuarios en los Estados Unidos. Si observamos el peso específico dentro de cada continente, nos encontramos que en Europa Alemania tiene el 20.6% de los dominios y Gran Bretaña el 16.9%. En América Latina, Brasil tiene el 47%; en Africa, Sudáfrica tiene el 94%. Caso especial el de Asia, continente en el que se concentra la mayor parte de la población y en el cual Japón tiene el 71% y China el 1.9%, lo que contrasta con 5.75% de Hong Kong. Lo anterior tiene el simple objetivo de colocar en la perspectiva correcta la evolución y distribución del uso de la tecnología. Sin embargo, también con el objeto de ejemplificar el impacto que puede tener el uso de Internet como herramienta de diplomacia o política exterior, podríamos citar el caso del Departamento de Estado, el cual pasó de atender una 8.000 solicitudes de información diaria, bien sea a través de consultas telefónicas, faxes automáticos o correspondencia, a tener alrededor de 1.700.000 consultas diarias a través de internet. En nuestra perspectiva, todo este libre flujo de conocimiento amplia fuertemente las interrelaciones entre los pueblos. De esta ampliación de las relaciones viene como consecuencia la posibilidad de mayores fricciones y problemas que requerirán de la existencia de canales que ayuden a su solución. En consecuencia, la función diplomática propenderá mas a ejercer sus labores de facilitador y mediador de las crecientes relaciones, disminuyendo tal vez aquellas relacionadas con la información y representación tradicional. Pasará de la intermediación general a la selectiva, de acuerdo al desarrollo de las relaciones. Por otra parte, el correo electrónico es un medio que tiene algunas connotaciones. Es escrito, por lo tanto quedan las pruebas de lo expresado, y elimina la sutilidad de las recomendaciones, de los comentarios extraoficiales, de las presiones. Dentro de su informalidad es formal, requiere de respuesta y da la posibilidad de perder el elemento sorpresa que está siempre subyacente en el contacto personal, y es muchas veces determinantes en la acción diplomática. Puede ser tremendamente incómodo e inconveniente, no tan sólo por su instantaneidad, sino por las inmensas cargas de trabajo que pueden ocurrir al recibir infinidad de mensajes que deben ser respondidos con la mayor diligencia y cuidado. Bill Gates, el magnate de Microsoft es fiel testigo de esto, cuando la revista New Yorker publicó su e-mail, fue invadido por miles de mensajes de todo el mundo. En este sentido, las relaciones diplomáticas se basan en buena parte en la empatía y grado de confianza existente entre los seres humanos que las desarrollan. Este contacto personal no puede ser sustituido por contactos ocasionales o por "correos electrónicos", ni puede dar una visión del componente humano que se encuentra siempre inmerso en las decisiones políticas. Esta informaci6n y conocimiento no ha sido sustituido aún por ningún medio tecnológico. Asimismo, la profusión de información, que muchas veces nos puede apartar de nuestros objetivos requiere de focalización y de una comprensión y compenetración global con el país o área de interés, hecho éste que por supuesto no se verifica con las comunicaciones remotas y que el agente diplomático tiene el privilegio de exhibir debido a las facilidades de acceso que tiene para cumplir sus funciones. Otras preguntas que cabria hacerse son los cambios organizacionales que puede provocar la nueva tecnología en las Cancillerías, su efecto en las relaciones jerárquicas y en la organización funcional, su efecto en el papel de las Cancillerías como intermediarios privilegiados de la acción exterior, el efecto de la multiplicidad de usuarios y la relación doble usuario - proveedor que adopta cada participante en este sistema, el papel del secreto y su utilidad, etc. En relación a lo anterior, nos encontramos con una nueva agenda que tiende a considerar más la temática especializada que las divisiones geográficas que son la base de la diplomacia política tradicional. Este solo hecho, cambiar de la distribución geográfica a la funcional que enfoque áreas como comercio, medio ambiente, inversiones, etc., significa un reto en la forma en que se concibe la diplomacia tradicional. Un punto de especial importancia es el efecto de la nueva agenda y de internet como medio, en las relaciones jerárquicas al interno de la estructura diplomática. La estructura jerárquica en que se basa la diplomacia tradicional condiciona la acción de los agentes al respeto de la superioridad basada en la antigüedad, y en el mejor de los casos, a la capacidad resultado de esta. Sin embargo, la realidad impone mayores necesidades de preparación y la amplitud de temas dificulta la superioridad de una persona en relación a todos los temas. Esta organización de personal tradicional, resultado de las teorías gerenciales de inicio de siglo, se presentan como barreras al dominio del conocimiento y de la temática como el producto de la subordinación del conocimiento al rango. En el caso del papel dual de proveedor / usuario de la información, este hecho viene signado por la creciente interrelación entre los países y la necesidad de una mayor participación de todos los actores de la sociedad en los procesos de definición y ejecución de la política exterior. Este hecho requiere de una acción de recolección y diseminación de información en un ciclo sinfín que permita aprovechar todas las posibilidades para generar el bienestar general de la población a que se responde. Sin embargo, Internet además de retos, significa ventajas. La instantaneidad de las comunicaciones, su ínfimo costo y la posibilidad de acceder a múltiples fuentes de información y de apuntar al unísono a múltiples áreas focales y objetivos abre una gama de posibilidades de acción que antes estaban reservados a las diplomacias de los grandes países, ejerciendo un efecto nivelador de capacidades debido al relativo fácil acceso y participación en el medio. La presencia nacional o mundial se facilita y permite el logro de los objetivos más ambiciosos. Por otra parte, la información permite una mayor compenetración con la realidad nacional que se representa, con el resultado de poder articular y adecuar las políticas y acciones exteriores a la realidad cambiante, sin perder tiempo, con mayor realismo y concreción. La labor de inteligencia dirigida se facilita y con objetivos definidos puede rendir frutos concretos que ayuden al logro de los objetivos nacionales. En fin, podríamos seguir explorando las potencialidades y riesgos de esta nueva realidad, sin embargo, estamos convencidos que este desarrollo tecnológico abre un sinfín de posibilidades, potencia la acción diplomática y establece nuevos retos a la diplomacia tradicional. El aspecto que debemos ahora encarar es cómo podemos aprovechar al máximo esta tecnología para el logro de los objetivos de nuestra política exterior y qué podemos hacer para no ser únicamente usuarios de la información, sino contribuyentes que ayuden a ampliar esta riqueza y promuevan una mayor comprensión no sólo de nuestro país, sino de los pueblos de esta aldea global en que vivimos.
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