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| Revista Electrónica Nº 15 Mayo 1997 |
![]() Carlos Contramaestre: Viviendo la muerte, muriendo la vida. Ignacio Enrique Oberto
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Para superar la muerte, los inmortales deben vivirla;los mortales a su vez, deben morir asumiendo la vida divina,para que sea plena su propia muerte.Plena vida, pues, y plena muerte.Inmortales mortales, mortales inmortales,viviendo la muerte de aquéllos, muriendo la vida de éstos.
Heráclito, Fragmento 62 Conocí a Carlos Contramaestre cuando éste visitó mi casa por primera vez, hace unos cinco años atrás, en ocasión de compartir y expandir mi interés muy particular sobre aspectos vivenciales relacionados con el extraordinario Techo de la Ballena. Recuerdo claramente que le había pedido a dos buenos amigos, el crítico Roberto Montero Castro y Gabriel Morera, ballenero de pura cepa, que me presentaran a Carlos, pues entre otras cosas, tenía también un genuino interés por compartir con él un hallazgo de gran importancia, el cual recientemente había incorporado a la Colección Ignacio y Valentina Oberto: se trataba de una obra que aún subsiste de aquella histórica y explosiva exposición Homenaje a la Necrofilia. La pieza, reseñada bajo el número ocho del catálogo de dicha exposición, titulada Estudio para verdugo y perro, es en mi opinión, sin lugar a dudas, una de las obras más importantes del arte contemporáneo venezolano y latinoamericano. Fue esa una velada realmente emocionante, también en compañía del Catire Enrique Hernández D'Jesús y otro gran ballenero, Daniel González. Aquella noche, Carlos, quien estaba junto a su María Eugenia, se conmovió y vibró de emoción al reencontrarse con esa obra, la cual no había vuelto a ver en treinta años, según sus propias palabras.A partir de aquel momento quedó sellada mi amistad con Carlos y la pasión que siento por ese movimiento tan singular de nuestra literatura y plástica, el cual fue, según propias palabras de Angel Rama (quien intentó, antes de fallecer, ser ese editor que tanto le ha faltado a El Techo de la Ballena), uno de los más englobantes de todos aquellos grupos de vanguardia que irrumpieron entre los años cincuenta y los sesenta en Latinoamérica. Distinguiéndose respecto a estos últimos, "nadaístas" colombianos, "concretistas" brasileños y "mafiosos" mexicanos, en que articuló "...una mancomunidad entre la renovación artística y la renovación social, de tal modo que si coincidieron con los citados en la modernización de las formas expresivas y aun en la imitación de procesos y sistemas que ya habían sido propuestos cuarenta años antes por dadaístas y surrealistas europeos, recogieron de esa misma tradición extranjera la consigna de vincular ambos proyectos según la fórmula asociativa de André Breton: Cambiar el mundo, transformar la vida". Generoso y culto amigo. Sempiterno escarceo con la muerte para ganar la vida Fueron numerosos los encuentros subsiguientes, en el transcurso de estos últimos cinco años. Muchas veces lo visité en su apartamento, allá en Sebucán, siempre afable y generoso conmigo; nunca olvidaré que un buen día, motivado por el gran interés que yo tenía por investigar y acopiar documentos, me obsequió varias de las publicaciones originales de El Techo de la Ballena, las cuales constituyeron la semilla de lo que luego sería una amplia colección de casi la totalidad de las ediciones balleneras, complementadas con catálogos, cartas inéditas, postales y fotografías de muchos de los eventos y sus participantes. Variadas personas me ayudaron a lo largo de ese proceso, amigos como Daniel González, Caupolicán Ovalles, Gabriel Morera, Felipe Márquez, Enrique Hernández D'Jesús, entre otros, pero nunca olvidaré el particular desprendimiento de Carlos en este aspecto. En nuestro último encuentro, un poco antes de que viajara a su tan querida Salamanca, le conté que había conseguido una edición original de su insólito libro La Mudanza del Encanto, 1979, y de cómo lo había mandado restaurar y dejado en condición impecable. De ese día en particular, recuerdo que yo quería ver dibujos del propio Carlos, y en su característico estilo sencillo me mostró una hermosa selección de su amplia obra sobre papel; luego, a sugerencia suya, adquirí una bellísima carta inédita, con magníficos dibujos en tinta china, de Manual Quintana Castillo, fechada de 1957. Ya casi al final, entrada la noche, me prestó un ejemplar de la antología poética de Javier Villafañe, quien fuera su entrañable amigo. Así transcurrían típicamente los ratos que pude compartir con él. Su personalidad la podría definir claramente como totalmente contraria al arquetipo del vivo criollo, del "quítate tú, pa' ponerme yo", tan frecuente en todos los círculos culturales, profesionales y políticos de nuestro país. Pienso que estuvo siempre muy seguro de la importancia de su obra, y en ese sentido no sufrió la necesidad de reconocimientos circunstanciales y políticos. Revisando documentos para este trabajo, me topé en mis archivos con una copia del texto manuscrito (en papelería de la Residencia de Estudiantes de Madrid) de su extraordinario discurso con motivo de la Semana de Poesía Iberoamericana, Universidad Pontificia de Salamanca, 1991, el cual comienza, de manera apologética, así: "Cuando los organizadores de esta Semana de Poesía Iberoamericana tuvieron la gentileza de invitarme a pronunciar el discurso inaugural, estuvieron movidos por excelentes motivaciones, pero no consideraron que no era yo, indudablemente, la persona más idónea para la tarea. Desde luego, me estaba vedado rechazar lo que para mí era un homenaje desmesurado. Mi reconocimiento de este hecho e igualmente, una dosis grande de imprudencia, me cegaron e hicieron aceptar gustoso y con premura la tarea, olvidando que en mi vida había pronunciado discurso alguno, académico u de otra especie. Mi amor y entusiasmo por la poesía, la perspectiva de ocuparme en ella, aun cuando sumariamente, ante ilustres colegas míos, en un ambiente de tradición excelsa y antigua (sobrentendida la más amplia simpatía) me impidieron tomar conciencia del riesgo y la temeridad de la empresa. Tampoco podía dar marcha atrás, desistir del empeño confesando incapacidad y deplorando el engaño. Pido, de entrada, por tanto, gracia, me atrevo a suponer que me será concedida indulgencia y comprensión, que lo poco que diga encontrará disposición clemente y favorable". Aun cuando pueda parecer al lector desprevenido, que tales palabras son el lugar común de cualquier inicio de discurso, ellas son un fiel y cabal reflejo de esa personalidad de quien siendo una de las más grandes voces de nuestro país, e inserto en un medio que le era muy familiar y amigable, como el de la Universidad Pontificia de Salamanca, donde se le tenía en inmensa estima, considerara necesario hacer una apología por ocupar un lugar de honor en tan importante evento. Igualmente e ilustrativo de este aspecto resaltante de su personalidad, siempre recordaré cómo, al referirse a mi proyecto de reeditar algunas de las publicaciones de El Techo de la Ballena, de forma facsimilar, me insistía en que la primera en imprimirse debía ser En Uso de Razón (Ediciones Tubulares), de Caupolicán Ovalles. Nunca lo escuché ensalzando su propia obra. Resumir la dimensión humana que pude conocer de Carlos Contramaestre, en tan corto espacio, no es tarea fácil. Sin embargo, estaría incompleto sin agregar que quizás lo que Carlos más disfrutó fue la vida misma. Por ello pienso que su largo escarceo con la muerte, tanto en su condición de escritor como de artista plástico, coherente y consistentemente presente a lo largo y ancho de toda su obra, no era otra cosa sino su manera de vivirla diariamente y así morir esa vida que tanto amaba. Tampoco olvidaré, aquella noche en que, reunidos en casa del Catire Hernández D'Jesus, junto con Stefania y Valentina, mi esposa, Carlos, animado por el disfrute de la buena comida y el buen vino, nos leía algunos extraordinarios y patéticos poemas de la obra Morgue de Gottfried Benn. ¿Contraste? Sólo en apariencia, porque en el fondo se trataba del sempiterno escarceo con la muerte, para así ganar día a día palmos de terreno en la batalla por la vida. ...Para jugar a las cartas de la vida y la muerte... (Perfume, Metal de Soles, 1983). Sin embargo, él siempre supo que eran pequeñas victorias pírricas porque al final del tiempo aquélla siempre se impone con su terca tenacidad. Respiroreconozco queno tengo escapatoria bajo el truenoinmóvil... (Vasto silencio, Tanatorio, 1993) Carta de breve avisopende del árbol rugiente...Furor de la iraen la (El árbol de la muerte, Tanatorio, 1993) El gran magma. El performancista. Arcimboldo Carlos Contramaestre, como artista plástico, será siempre inseparable de El Techo de la Ballena y muy particularmente de esa exposición que marcó hito en la historia del arte contemporáneo en Venezuela, Homenaje a la Necrofilia, de 1962. Salvador Garmendia, en una magnífica conferencia dictada en la Katholische Universität Eichtätt, cerca de Munich, el año pasado, con motivo del simposio Literatura Venezolana, lo resume, en su condición de copartícipe del movimiento, claramente así: "...Carlos Contramaestre, el gran magma de esa generación de estetas revoltosos, a quien le tocó bautizar el movimiento colocándolo bajo la mítica invocación de la ballena, a tiempo que lanzó una primera andanada con la exposición de la Necrofilia en 1962. Fue un auténtico cataclismo de cercana estirpe sadiana, que sembró el pánico y la consternación en medio de la gran majadería cultural caraqueña de ese tiempo. Huesos y vísceras de animales recién descuartizados cubrieron las paredes del garaje, que sirvió de escondite para la consumación del sacrificio. En una fotografía del catálogo rotulada como El artista en su taller, aparecía Contramaestre en el momento de elegir cuidadosamente las piezas para su trabajo, inclinado sobre un satánico mesón de matadero público. Contramaestre proponía, más que un ademán iracundo y exhibicionista, una respuesta cargada de sangrienta ironía al muy real y cotidiano ejercicio de represión y brutalidad armada, que la policía del régimen ejercía descaradamente en las calles". Mucho se ha escrito sobre el aspecto contestatario y de protesta, con un alto contenido de crítica social y política, intrínseco a las obras de Contramaestre de todo ese período. Sin embargo, aun cuando este aspecto es de suma importancia para explicar la misma, y muy especialmente dentro del contexto en el cual se gestó, el énfasis que siempre se le ha dado a ello, quizás haya contribuido a obviar otros elementos de su planteamiento artístico, que vistos en la perspectiva del tiempo, nos indican a todas luces que Carlos fue igualmente un anticipado precursor del arte conceptual, que tanto vigor habría de tener una década después en nuestro país. Realmente considero que Homenaje a la Necrofilia, constituyó un verdadero performance, en el que el gran magma, en su condición de artero ballenero, ejecutó ese ritual macabro capaz de sacudir todo el estamento político y cultural de aquella Venezuela tan tradicional. Resulta claro para mí, que a pesar de las acciones y omisiones de tantos, que han contribuido a distorsionar la historia de nuestras artes plásticas contemporáneas, ensalzando y minimizando carreras artísticas, estamos cerca de un nuevo revisionismo, producto de una mayor preparación y profesionalismo que necesariamente, cada vez más, viene acaeciendo en el campo de los estudios y la crítica del arte, que dará a Carlos Contramaestre el justo y reconocido lugar que le corresponde como artista de una gran fuerza y expresionismo plástico, así como de un profundo contenido conceptual. Cuando años atrás, leyendo sobre la obra del gran conceptualista europeo, nacido en Grecia, Jannis Kounellis, me topé con la magnífica instalación que éste realizó con motivo de la inauguración del amplio espacio expositivo catalán, Espai Poblenou, en Barcelona, 1989, me sentí claramente referido y remitido al Homenaje a la Necrofilia de Carlos Contramaestre. La exposición de Kounellis consistía en una gran instalación que contenía grandes cortes de carne de res, colgados de ganchos y apoyados contra superficies metálicas, a manera de cuadros de gran formato, que integrados con otros elementos, produjeron gran aprensión entre la concurrencia, y al decir de la crítico Gloria Moure, creaban una atmósfera de tránsito entre el pasado y el futuro, en el que la muerte parecía suspendida en el tiempo, siempre presente y encerrada, como en una tumba, de una manera totalmente poética, acompañada del fuego heraclíteo, proveniente de varias lámparas de gas presentes también en la obra. Siempre le hablé a Carlos de esa instalación, considerada tan importante por la crítica internacional; lamentablemente, creo nunca habérsela mostrado. Estoy seguro que el gran magma, hubiese humildemente sonreído y pensado, que su obra de casi treinta años atrás ya contenía todos estos planteamientos conceptuales, en adición a aquéllos de orden explícito político-social sobre lo que tanto se ha dicho. Exposiciones posteriores como Los Tumorales, mostrada en Caracas y luego en Maracaibo, bajo los auspicios de ese movimiento directamente emparentado con El Techo de la Ballena, 40 Grados a la Sombra, darían cuenta de un excelente trabajo sobre papel, especialmente colages, técnica frecuentemente utilizada por los balleneros. De esa exposición data otra pieza de la Colección Ignacio y Valentina Oberto, que aparece reseñada en el Rayado sobre el Techo No. 3, 1964, y también se encuentra reproducida en la antología poética de Contramaestre, Costumbre de Piedra. El texto de Carlos con motivo de la exposición, resulta particularmente impactante, no sólo por lo frontal del mismo, sino por lo vigente que se mantiene, a pesar de los treinta años que lo separan de nosotros: "Kurt Moldovan, pintor vienés, quien dibujara los decorados para una obra de Dylan Thomas, afirma que en 1650, Mosyn hacía surgir excreencias cancerosas de su pintura. De Arcimboldo refiere que contamina los paisajes de tumores. Otro maestro del retrato, como Holbein, resuelve en tumores la nariz de uno de sus personajes. Múltiples son los retratos con miembros tumefactos y, como dice cierto autor, de difícil venta. Si bien en esas pinturas el tumor aparece objetivamente en su forma más chocante, su significación no es otra que la sustitución audaz de objetos convencionales por objetos repulsivos y absurdos. Es innegable en esos ensamblajes de Arcimboldo, la presencia de una cierta dosis de humor, transformando y ridiculizando rostros venerables como el de Calvino y algunos papas". Continúa Contramaestre, " ...Es evidente que el tumor, en la desesperación de su crecimiento mortal, invade nuestras calles y un aliento de carroña oscurece las ciudades; por consiguiente, no es extraño que alguien luzca un tumor con cierta coquetería... Conozco tumores que escriben y conquistan galardones, conozco tumores con condecoraciones, piernas y botones de postema, conozco varias clases de tumores: Tumores B.B., Ballena-tumor, Tumor-constitucional, mujer-tumor, lacayo-tumoral, cabeza tumoral, tumor apasionado, tumor aplastado, prácticas para debelar tumores eróticos, tumores y condecoraciones, tumor con carnet, tumor-acomodado, alegría tumoral del matrimonio, tumor bien relacionado, tumor-inglicano, tumor con cierta moral, tumor al margen de la Ley... Pero el tumor llegará a su punto de ignición, estallará, lavará con azufre y luego las paredes de nuestro país, arrastrará animales, gerentes, generales, gusanos, limos poderosos se apoderarán de las ciudades y un fruto crecerá". Los Tumorales de Contramaestre tenían un hermoso y muy significativo precedente, en "los putrefactos", término acuñado por los intelectuales agrupados en torno a la Residencia de Estudiantes (léase Dalí, Lorca y Pepín Bello) y extendido hacia mediados de los años veinte en los medios artísticos y literarios, para aludir a todo lo que se tenía por anticuado, inmovilista o patético-sentimental. Alberti lo reseña estupendamente bien en sus memorias de La arboleda perdida: "El putrefacto, como no es difícil deducir de su nombre, resumía todo lo caduco, todo lo muerto y anacrónico que representan muchos seres y cosas. Dalí cazaba putrefactos al vuelo, dibujándoles en diferentes maneras. Los había con bufandas, llenos de toses, solitarios en los bancos de los paseos. Los había con bastón, elegantes, flor en el ojal, acompañados por la bestie. Había el putrefacto académico y el que sin serlo lo era también. Los había de todos los géneros: masculinos, femeninos, neutros y epicenos. Y de todas las edades. El término llegó a aplicarse a todo: a la literatura, a la pintura, a la moda, a las casas, a los objetos más variados, a cuanto olía a podrido, a cuanto molestaba e impedía el claro avance de nuestra época." A pesar de que sólo recientemente, en 1995, a través del esfuerzo del Seminario Rafael Santos Torreolas de la Residencia de Estudiantes, vio la luz, en versión no original, bajo el título "los putrefactos" de Dalí y Lorca, Historia y antología de un libro que no pudo ser, aquel proyecto de publicación de un cuaderno o álbum de dibujos denominados putrefactos, por no contar con el prólogo de Lorca que tanto quiso Dalí para la publicación, se tenía desde la época una clara referencia del término y su acepción dentro del medio. Si Carlos encontró en ello o no, una tremendista referencia para Los Tumorales, es muy difícil saberlo, pero en cualquier caso, la genialidad de Contramaestre, como gran magma de los balleneros, hubiera, sin complejos, apreciado y disfrutado la sutileza de tan hermoso precedente. Carlos nunca cesó de trabajar en su obra plástica, especialmente aquella obra sobre papel que le era tan afín. Su pasión por el dibujo se vio incrementada cuando una afasia lo dejó sin habla en 1994. Esos dibujos, al igual que en el caso de Federico García Lorca, muchas veces sirvieron de marco e ilustración a su profusa obra literaria, existiendo a todo lo largo de sus trabajos plásticos, aun aquéllos de la época de El Techo de la Ballena, una gran coherencia e hilvanación con toda su obra escrita. Desarrollada esa obra tan importante, resulta pues interesante apreciar cómo la misma abrió cauces a las generaciones de artistas más jóvenes que irrumpieron en el acontecer plástico nacional con posterioridad, toda vez que los planteamientos atrevidos y cuestionadores que habrían de sobrevenir, contaban con un importante precedente. Creo que sería injusto y de mal gusto, no reconocer esta deuda que muchos artistas de las nuevas generaciones tuvieron con la obra de Carlos Contramaestre. Titulares y reseñas como las de la prensa capitalina del 21 y 22 de julio de 1972, referidos a la obra de Miguel Von Dangel, artista que admiro igualmente con profundidad, titulada Retrato Espiritual de un Tiempo (Perro cruxificado, como se le conoció): "En el Palacio de las Academias. Párroco de la Catedral Destruyó una Escultura que Consideró como Irrespeto a Cristo"; "El Padre Laborén Explica su Reacción. Lo que Lamento es no Haber Llevado una Mandarria para Acabar la Exposición... Lo ocurrido es un caso de higiene, y tiene la palabra el Aseo Urbano"; "En Ninguna Parte Tolero Profanación Porque de Hacerlo Perdería el Cielo. Dice presbítero Augusto Laborén, cura párroco de Catedral... "; " ...Afirmó Diputado Borregales su enérgica protesta por ese hecho que va contra las normas elementales de respeto a la figura humana y Divina del Sublime Maestro... ", y compararlos con aquellos del 16 de noviembre de 1962, en referencia al catálogo y exposición Homenaje a la Necrofilia: "Aberraciones pornográficas en la Universidad. Folletos con anormalidades y aberraciones sexuales se publican en imprenta universitaria con anuencia del rector De Venanzi"; " ...Este caso de la propaganda a las aberraciones sexuales en la Universidad Central se considera único en el mundo y seguramente desatará uno de los mayores escándalos en que se haya visto institución cultural alguna", nos da una idea de lo señalado en el párrafo anterior, a pesar de las diferencias abismales entre las obras de ambos artistas, el primero enmarcado dentro de un hondo contenido místico y cristiano, aunque también cuestionador del medio, mientras que la del segundo abordaba el planteamiento desde un punto de vista físico-material, sin ninguna connotación de trascendencia espiritual o metafísica, aunque obviamente apuntando también a un profundo cuestionamiento del contexto político-cultural que lo rodeaba. Este abrir caminos y cauces, se hace no sólo presente en la plástica sino también en la literatura, el teatro, el performance, el cine y el video que irrumpió con posterioridad. Allí radica la gran influencia y alcance de la obra de un artista como Carlos Contramaestre y sus compañeros balleneros. La unidad de los contrarios. Lo universal Obviamente, resulta para mí más complicado escribir sobre la dimensión de escritor de Carlos Contramaestre que respecto a aquellos aspectos que lo caracterizaron en su dimensión humana o de artista plástico. En primer lugar, porque si bien la obra plástica de Carlos fue descollante, no es menos cierto que su obra escrita, y especialmente la poética, es inmensa en su belleza, contundencia, alcance, profundidad y filosofía. Segundo, y como consecuencia de lo primero, parodiando las palabras del artista, en su discurso con motivo de la Semana de Poesía Iberoamericana, mi amor y entusiasmo por la poesía, la perspectiva de ocuparme de ella, aun cuando sumariamente, ... me impiden tomar conciencia cabal del riesgo y la temeridad de la empresa... Pido, de entrada, por tanto gracia, me atrevo a suponer que me será concedida indulgencia y comprensión, que lo poco que diga encontrará disposición clemente y favorable. Por consiguiente, eludir el tema, a pesar de mis propias deficiencias, sería una falta a la figura de este gran artista, cuya obra literaria representa un lado monumental de toda su actividad creadora. Amplia y densa obra escrita que refleja de una manera muy consistente y coherente su pasión heraclítea por la unidad de los contrarios y por vivir la muerte y morir la vida, la cual discurre desde su primer poemario Armando Reverón, el hombre mono (1969); pasando por aquella remembranza, a través de lentes de colores, de la pensión que regentaba su madre en Por sueños y por decreto de Maximina Salas (1977); su poesía contestataria en Cabimas-Zamuro (1977); su ensayo La Mudanza del Encanto (1979), texto antológico que recoge una producción significativa de crónicas, literatura, mitos, fábulas y leyendas de los Andes, tal y como lo reseña el escritor Gabriel Jiménez Emán; la belleza, el amor y el erotismo de Como Piel de Angel (1980), esta última editada en hermoso trabajo, casi artesanal, de la Editorial La Draga y el Dragón, El Parche de Oro (1980) y Metal de soles (1983); La Torre de Babel (1986), también de La Draga y el Dragón, El Parche de Oro; el último escarceo directo con la muerte, Tanatorio (1993); para finalmente terminar con su Antología poética, Costumbre de Piedra (1996), la cual incluye algunos poemas inéditos o publicados en revistas y periódicos. En adición a esta obra, una amplia variedad de colaboraciones a las diversas ediciones y publicaciones de El Techo de la Ballena y otros, así como numerosos escritos y poemas inéditos que aún permanecen sin publicar, de uno de los cuales (Erotismo: Ojo de la Memoria) tomaré más adelante un pasaje, para concluir este trabajo. La obra poética de Carlos es de un maravilloso porte universal y la siento muy personalmente entrelazada con la de algunos otros grandes poetas por los que tengo veneración. Quevedo (Poemas Amorosos, 1648) nos decía: Si hija de mi amor mi muerte fuese/ ¡qué parto tan dichoso que sería/ el de mi amor contra la vida mía!/ !Qué gloria, que el morir de amar naciese! (...) De esotra parte de la muerte dura,/ vivirán en mi sombra mis cuidados,/ y más allá del Lethe mi memoria... (118); Cerrar podrá mis ojos la postrera/ sombra que me llevare el blanco día,/ y podrá desatar esta alma mía/ hora a su afán ansioso lisonjera;/ mas no, de esotra parte, en la ribera,/ dejará la memoria, en donde ardía:/ nadar sabe mi alma la agua fría,/ y perder el respeto a la ley severa. (...) su cuerpo dejará, no su cuidado;/ serán ceniza, más tendrá sentido;/ polvo serán, mas polvo enamorado. (120); Cargado voy de mí: veo delante/ muerte que me amenaza la jornada;/ ir porfiando por la senda errada/ más de necio será que de constante. (...) pues por no desandar lo caminado,/ viendo delante y cerca fin temido,/ con pasos que otros huyen le he buscado. (121). Federico García Lorca en sus maravillosos Sonetos del Amor Oscuro (1935-1936) nos conmueve con: ...Pero ¡pronto! Que unidos, entrelazados,/ boca rota de amor y alma mordida,/ el tiempo nos encuentre destrozados (Soneto de la Guirnalda de Rosas); ...Que lo que no me des y no te pida/ será para la muerte, que no deja/ ni sombra por la carne estremecida. (El Poeta Dice la Verdad); ...Grupo de gente salta en los jardines/ esperando tu cuerpo y mi agonía/ en caballos de luz y verdes crines./ Pero sigue durmiendo, vida mía./ ¡Oye mi sangre rota en los violines!/ ¡Mira que nos acechan todavía! (El Amor Duerme en el Pecho del Poeta); ...Tu cuerpo irá a la tumba,/ intacto de emociones./ Sobre la oscura tierra/ brotará una alborada./ De tus ojos saldrán dos claveles sangrientos/ y de tus senos rosas como la nieve blancas./ Pero tu gran tristeza se irá con las estrellas. (Elegía, 1918. Poemas de Amor y Erotismo); ...Toda la locura de los días dulces/ se llora en las noches del estío feroz./ Se llora por ansias de amor que no llega./ Se llora por carne a lo Berlioz./ Y llega la noche negruzca y callada/ y llega la carne con fe y esplendor/ y llega el placer con dulce extravío,/ más ¡ay! que la muerte llegó y el dolor. (...) Y aquel que recorra la enorme llanura/ sin soñar pensando en el más allá/ que se quede blanco sobre blanca albura/ o que cuervo horrible lo trague voraz. (...Sobre tu Cuerpo había Penas y Rosas, 1917). Quisiera que toda mi alma/ entrara en tu cuerpo breve/ y ser yo tu pensamiento/ y ser yo tu blanca veste./ Para hacer que te enamores/ de mí con pasión tan fuerte/ que te consumas buscándome/ sin que jamás ya me encuentres. (Madrigal Apasionado, 1919). Leer este último poema lorquiano y recordar Hidra, de Metal de Soles, 1983, resulta maravilloso: ...O será que el olvido tiene forma de memoria/ y ya no existe sino el sueño de la sinrazón/ sobre tu cuerpo de vigilia/ Te escucho y soy tu pulso/ Te amo y soy tu latido/ Te palpo y soy tu carne/ Te huelo y soy tu perfume/ Eso lo sueño:/ Triste carroña dolorosa. En Gottfried Benn, dos pasajes de dos poemas que me estremecen: ...¡Oh noche! ¡No quisiera molestarte!/ Sólo un pedazo, una palma/ de sentimiento del Yo- florecer una vez más/ ¡en la euforia antes de la destrucción!/ Oh noche, préstame frente y cabello,/ dispérsate por los días marchitos;/ sé aquella que me regrese del mito del nervio/ al hogar, cálice y corona./ ¡Oh, calla! Siento pequeños golpes:/ Algo me habla en estrellas- no es una burla-:/ rostro, yo: a mí, Dios solitario,/ concentrarme inmenso alrededor de un trueno. (Oh noche- Die Aktion VI, 1916); Dos en cada mesa. Hombres y mujeres/ en cruz. Cerca desnudos, y, pese a ello, sin dolor./ El cráneo abierto. El pecho partido a la mitad. Los cuerpos/ engendran ahora por última vez./ Cada uno llena tres cazuelas: desde el cerebro hasta los testículos./ Y el templo de Dios y el Corral del demonio/ ahora pecho a pecho en el fondo de un cubo/ se ríen del Gólgota y del pecado original./ El resto en ataúdes. Sólo nuevas criaturas: pierna de hombre, pecho de niño y pelo de mujer./ Yo vi lo que engendraron dos que antaño se jodían,/ yacer allí, como si hubiera salido de un cuerpo materno. (Requien- Morgue, 1912), y especialmente pertinente este poema de Carlos Contramaestre: El amor es un problema de cielo y tierra/ espacio de carne imaginativa y dolorosa/ sufriente/ ¿Dónde están los contrarios/ que no se encuentran/ los extraños que no se extrañan?/ Soledades que invocan soledades/ eje de ternura/ Universo puro/ La Muerte/ ruptura del cosmos/ desplome del Tiempo/ soledad que no besa/ rumor vuelto carne imposible. (Universo Puro- Tanatorio, 1993). Podríamos deleitarnos en estas maravillosas lecturas cruzadas, que tantos pensamientos nos sugieren. He querido simplemente, por interpuesto de estos titanes de la poesía, tan diversos y distantes en el tiempo y el espacio, hacer un pequeño argumento sobre lo que considero es la universalidad en la obra poética de Carlos Contramaestre. No exagera, de ninguna manera, Alfonso Ortega Carmona, Director de la Cátedra de Poesía "Fray Luis de León" y Decano de la Facultad de Filología de la Universidad Pontificia de Salamanca, en el prólogo de la Antología poética, Costumbre de Piedra, al señalar, sin equívocos de ningún tipo que: " ...Se ha escrito de Tanatorio que es uno de los mejores libros de poesía publicados en Venezuela en los últimos tiempos. No sólo en Venezuela. ...Pero también cabe afirmar justamente que estamos ante el libro de poesía más filosófico del siglo XX en lengua española". Resulta una peregrullada el que yo intentara añadir algo más a tan importantes pronunciamientos. Después de esto, hay poco o casi nada más que decir. Conclusión Cuando me pidieron escribir este trabajo, me encontré aterrado ante la envergadura de tamaña empresa. Ya había tenido oportunidad de escribir sobre Carlos Contramaestre, en ocasión del trabajo que publicara en el diario El Universal, el día sábado 17 de febrero de 1996, titulado Los Beats, su cultura y El Techo de la Ballena, revisitados. En esta segunda alternativa se me presentaba el reto de darle forma a mi convicción respecto a la gran importancia y trascendencia que tiene su obra, la cual estoy seguro recibirá amplio, oportuno, justo y merecido reconocimiento en nuestro país, así como divulgación plena, no porque ello pudo haber importado a Carlos en vida, sino porque no hacerlo constituiría cercenar, de una manera triste y deformante, lo que en justicia las nuevas generaciones, y el país en general, deberían tener como oportunidad de apreciar plenamente en la vasta obra de este gran creador. A través de tres secciones, presentadas a manera de capítulos, intenté dar mi propia visión de esas tres dimensiones de Carlos: La humana, del hombre amigo y generoso; la del artista plástico, profundo, conceptual, y comprometido con un planteamiento contestatario y poético, presente a lo largo y ancho de toda su obra y con una influencia real, aun cuando no oficialista, sobre muchos artistas de las jóvenes generaciones posteriores; finalmente, la del escritor, la más difícil para mí, por lo vasto y complejo de su obra, así como mis propias limitaciones en ese campo que tanto amo y respeto. Carlos Contramaestre, que al igual que la mayoría de aquellos magníficos filósofos griegos, fue médico, naturalista, poeta, mago, político y ¿por qué no místico?, tal fue el caso de los presocráticos Empédocles y Heráclito, por sólo citar dos que vienen claramente a colación, cuando se trata de entender la obra de ese gran creador, también presentó múltiples y contradictorias facetas, que siempre, como los contrarios de la dialéctica cósmica de aquellos griegos, supo unir y armonizar. Muy pertinente a este último y sentido comentario, y a manera de sencillo homenaje a Carlos, he querido concluir el trabajo con algunos pasajes de un extraordinario escrito original e inédito suyo (Erotismo: Ojo de la Memoria), de siete páginas más bibliografía, el cual reposa en el archivo documental de la Colección: EROTISMO: OJO DE LA MEMORIA (Inédito) "El oscuro barro original se transforma en aliento, la carne en espíritu moldeado, aire sensible y luz ondulante, sonido y olor, invención imprevisible, ajena a lo terrestre, vigilia de lo desconocido, religión apátrida que se inicia en el vacío, necesita regresar a lo existente, femenino invisible de los contrarios, moléculas táctiles intangibles en una noche oscura, fusión de éter herido, fuego inasible en el encuentro, y por fin, el rumor del amor: La invención del amor, lámparas de fuego y calor, luz, llama de amor viva, hace giros, es como niebla, revuélveme como masa de maíz, invéntame, cátame tu eva pulpo, más nudo de musgo de entremuslos de seda. ¿De qué modo me lo haces, compañero de placer? ¿Qué es lo que te turba, corazón mío? ay mi más mimo mío, te tato y topo tumbo y te arpo, aletea, lava ya emana el alma, te hisopo, ay entremuro vida me cremas te edenizo. Se trata de la invención de la religión del amor en todas las civilizaciones. El balbuceo de los códigos secretos reinicia ese sentimiento borroso y vivo, por encima de la disparidad de los cielos y las tierras, tal como ocurrió en la epopeya sumeria anterior a la Biblia. Allí aparece el tema de la obsesión erótica en Gilgamesh, rodeado el sexo de encantamiento en torno al sortilegio, trasfondo mágico de la prehistoria: He resuelto hacer la hierba en profusióndurante siete añosHacer crecer todos los frutos de la tierra (Cantar del Gilgamesh) Para la cultura helénica existían otras maneras de sentir y pensar. Como Catulo crea su delicadeza poética a su amada Lesbia o Propercio reinventa las elegías dolorosas, para Platón, el amor en tanto que "eros" (amor sensible), puede transformarse en amor a la sabiduría, con lo que pasa de una forma terrenal de amor, a otra divina. Empédocles concibe el amor como principio que une a los diversos elementos cósmicos. En el período inicial los elementos parecen entremezclados formando una inmensa esfera y unidos por el amor. Y Ovidio, en el Arte de Amar, precursor e inspirador directo del amor cortés y por ende, de los trovadores, decía: No es una beldad única lo que suscita mi pasiónun centenar de causas me retienencontinuamente en el amor El deseo, la imaginación erótica, la videncia erótica, atraviesa los cuerpos, los vuelve transparentes. O los aniquila. Más allá de ti, más allá de mí, por el cuerpo, en el cuerpo, más allá del cuerpo, queremos ver algo. Ese algo es la fascinación erótica, lo que me saca de mí y me lleva a ti. No sabes a ciencia cierta lo que es, excepto que es algo más. Más que la historia, más que el sexo, más que la vida, más que la muerte". De la lectura parcial de este trabajo, uno queda turbado por la gran cantidad de interrogantes que se plantean, ¿estaría Carlos Contramaestre, sempiterno escarceador con la muerte, al final de su vida, planteándose una visión panteísta de ésta y la muerte, más cónsona con la filosofía de aquellos presocráticos que tanta relación, siento, tenían con él? De ese modo, y por una vez verdadera, Carlos podría estar pensando, al final de ese largo camino, que los escarceos y continuos intercambios, cara a cara, con aquélla, no serían tan relevantes dentro de una concepción panteísta, en esa dialéctica cosmológica. Así, morir o vivir, son las dos caras de una misma moneda, o un mismo acto, porque al ser todos parte de la divinidad y no estar fuera de ella, podríamos decir que efectivamente se trata de un vivir la muerte para morir la vida. Luego, no moriríamos, sólo viviríamos nuestra muerte para luego morir nuestra vida, y así sucesivamente. Ciertamente que aquí estamos ante un Carlos Contramaestre, filósofo por derecho propio. Resulta pues evidente lo inasible de esta descollante figura de nuestra cultura, por lo oscuro y críptico de sus últimos planteamientos, y es por ello que hago mías, para este final del artículo, las palabras de Salvador Garmendia, de la conferencia anteriormente reseñada, cuando en uno de sus pasajes señalaba, al preguntársele si fue verdadero todo aquello (referíase a la década de los años sesenta), si ocurrió de verdad: "Por mi parte, estoy convencido de que la década meteórica en efecto tuvo lugar y el espectáculo dejó momentos sobrecogedores y relámpagos que todavía destellan". Luego concluye ese mismo trabajo con otro aforismo, el cual también quisiera hacerlo mío y utilizarlo como punto final de este trabajo: "...Pero hay que conjurar la nostalgia y dejar lo demás en manos del tiempo, que al fin y al cabo es el único juez insobornable, porque sus sentencias jamás se ejecutan" Caracas, 31 de marzo de 1997 |
Estudio para verdugo y perroCaracas 1962 Materiales diversos sobre masonite 120 x 112 x 12 cm
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