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La Responsabilidad Social ante el Conocimiento
Rafael Rangel Aldao
Mantenerse apartado del conocimiento será cada vez más difícil para nuestra sociedad, sobretodo en la época que vivimos donde los descubrimientos no solamente se producen en forma acelerada sino que afectan profundamente nuestra vida cotidiana. Un ejemplo de eso lo estamos viviendo desde finales del mes de febrero con la clonación de la oveja Dolly en Escocia, y la posibilidad de realizar el mismo tipo de experimentos en humanos. En ese mismo campo de la biotecnología nos hemos acostumbrado a ver a menudo en los medios de comunicación, reportajes sobre genes que causan, o se asocian, a toda una variedad de enfermedades entre ellas el cancer, la arterioeclerosis, la diábetes, Alzheimer, o las cardiovaculares. Pronto seran noticia aquí los llamados genechips para el despistaje rápido de esos genes defectuosos, o para explorar las riquezas subyacentes en la biodiversidad de los países tropicales como Venezuela.
Con esta parafernalia tecnológica será posible hacer predicciones sobre la salud de los ciudadanos, sin que estos se den cuenta, o sobre los riesgos de una población entera ante un futuro cambio en su medio ambiente promovido por fuerzas enteramente externas a esa comunidad. Con la modificación genética de las plantas para hacerlas resistentes a pestes o a herbicidas, se incrementará notablemente el rendimiento de muchos cultivos que son esenciales para la alimentación del venezolano, o se pondrá en peligro toda una región agrícola donde pueda haber una transferencia de esos genes introducidos al arroz, por ejemplo, a una mala hierba relacionada genéticamente con esta gramínea.
Con la informática ya es posible tener bases de datos que probablemente atenten con la privacidad del ciudadano. Por ejemplo, los supermercados de muchos países desarrollados tienen registros sobre los hábitos de consumo de sus clientes, para servirlos mejor o para inducirlos a un consumo innecesario. Las empresas de tarjetas de créditos, y las de seguros, tienen amplia información sobre nuestras vidas, y podrían usar ese conocimiento según sus propios intereses. En el cine hemos visto extremos del mal uso y abuso del conocimiento científico y tecnológico, desde clones humanos hasta una Internet que inhabilita completamente a una persona haciéndola perder su propia identidad.
El anticonocimiento, o sea, la preservación de la ignorancia es algo que se propaga tambien en todas las formas de los medios de comunicación masiva. La propaganda anticiencia siempre tiene público porque la gente desconfia de lo que desconoce, como la ciencia, y es por ello que cuando dicen que esta es mala el ciudadano se siente confortable con tal reafirmación de lo que teme. Así vemos que en los llamados bestsellers en los libros, o los blockbusters en el cine, es cada vez más frecuente el tema anticientífico. En una lista cada día mayor encontramos Jurassic Park, The Net, Multiplicity y ahora desde hace dos semanas, The Third Twin, un libro del autor Ken Follet, donde aparecen hasta ocho clones humanos con una tendencia claramente violenta hacia el crimen, el sadismo, la violación, etc.
La primera respuesta de la sociedad representada en gobiernos o en los parlamentos, ante esta arma de doble filo como es el conocimiento, es la prohibición. Ante lo desconocido (sobretodo por los políticos) lo mejor es prohibir, evitar, o bloquear el curso de la ciencia sin reparar en el daño que esto puede causar a la propia humanidad.
Como no es frecuente tener ministros de ciencia en los gabinetes, ni asesores científicos para el congreso, y las academias de ciencia de los países en desarrollo son unas entelequias, entonces no hay quien pueda opinar con propiedad sobre las implicaciones del conocimiento en la sociedad. En otras palabras, hay una irresponsabilidad casi total del Estado y de la propia sociedad ante los descubrimientos y sus implicaciones.
En Venezuela, sin ir muy lejos, se habla de promover un desarrollo sostenible, de preservar el ambiente y de valorizar nuestra biodiversidad, por solo mencionar tres aspectos en boga. Al respecto existe una ley (penal) del ambiente, y hasta se trabaja en otra sobre la biodiversidad, sin que exista capacidad de interlocución alguna para enfrentar esta temática con propiedad, es decir, con un conocimiento profundo de las ciencias y técnicas subyacentes. Asumir con responsabilidad la difusión y administración del conocimiento, y sus profundas implicaciones sociales, no radica tanto en la importancia de los problemas que nos afectan ni tampoco en las leyes que se nos ocurra formular al respecto, sino en fortalecer la base educativa para asimilar esos cambios epistemológicos.
Ese fortalecimiento tiene que darse en todo el sistema de educación de Venezuela, con escuelas, liceos, y universidades orientados al logro, al cultivo de la excelencia, y a relacionarse con las necesidades de un país que comienza a vivir en un ambiente global.
Mientras esto ocurre, a mediano y largo plazo, el Estado y el sector privado deben asumir tempranamente esa responsabilidad social, tomando medidas que refuerzen su capacidad de interlocución con la ciencia y la tecnología. De allí saldran nuevas formas de exigencia a las universidades e institutos para que cumplan con su papel de formar profesionales mejor preparados, y de realizar investigaciones y asesorías más cercanas a las necesidades del país. Este acercamiento si puede realizarse a corto plazo, para así tratar de cerrar un poquito la enorme brecha que nos separa del mundo desarrollado.
* Biólogo
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