Cabezal Economía y Petróleo
Revista Electrónica       Nº 15     Mayo 1997
Economía y Petróleo
La mayoría de los problemas estructurales continúan sin resolverse
Ignacio Enrique Oberto *

Heráclito decía: Malos testimonios son los ojos y las orejas para aquellos hombres que no entienden su lenguaje. La verdad es que este fragmento del de Efeso pudiera interpretarse de las más variadas maneras. Sin embargo, en el caso que nos ocupa resulta muy ilustrativo de la disparidad que existe entre lo que nos dice el Gobierno que son sus logros y lo que nuestros ojos y orejas ven y escuchan, en la realidad, como aciertos cumplidos de dicha Agenda Venezuela. Quizás se deba (intentemos ser humildes) a que, como nos dice Heráclito, no entendemos su lenguaje, o quizás, más probablemente, es que el sector oficial tampoco entienda lo que nos está tratando de decir, porque de lo contrario, tendríamos que concluir que existe un esfuerzo consciente por distorsionar las realidades. Conducta tal, mal podría ser idónea para un gobierno probo.

Cuando en los meses de julio y diciembre de 1996, en sendos artículos publicados por El Universal (14 de julio y 29 de diciembre, respectivamente) intenté abordar el tema de la Agenda Venezuela, desde un punto de vista conceptual, definí lo que consideraba en aquel entonces serían los retos y mayores escollos que ésta tenía que superar para ver cristalizados con éxito sus objetivos. Sólo a título de recordatorio enunciaré los ocho temas que toqué en ambos artículos:

  1. Las reformas laborales y el régimen de seguridad social;
  2. La reestructuración del sector financiero;
  3. Déficit fiscal e inflación;
  4. Cambio del perfil de la deuda pública;
  5. La privatización como instrumento de generación de riqueza;
  6. Política monetaria y cambiaria e inflación;
  7. Programas sociales, y
  8. La reforma judicial.

Al leer y citar textualmente algunas de las entrevistas aparecidas en la prensa capitalina, con motivo de la "celebración" del primer aniversario de la Agenda Venezuela, no deja de sorprender cómo los voceros oficiales de la economía nos brindan un trago edulcorado para ser digerido por todos aquellos que atónitamente escuchamos y contemplamos frases como: "...la inflación luce totalmente derrotada"; "...en seguridad social y reforma laboral yo pondría 20..."; "...el Gobierno ha avanzado en el camino de las reformas estructurales, entre las más importantes, las del mercado laboral y la de seguridad social, para que podamos tener una seguridad del siglo XX", y así otras muy interesantes que también podrían citarse.

Una derrota pírrica

Lo que llama profundamente la atención es que se hagan pronunciamientos de este tipo, como el de la inflación "...totalmente derrotada", cuando a muy pocos escapa que la caída en los niveles de inflación registrada en el mes de marzo, puede obedecer principalmente a una realidad sencilla. Se trata de la caída brutal en el consumo de los bienes más esenciales. Algunas de las grandes y más eficaces corporaciones que operan en el ramo de alimentos de consumo masivo han venido experimentando una caída más pronunciada, que de lo común, en la demanda, durante los tres primeros meses del año, y sorprendente aún, se mantiene la situación para el mes de marzo, fecha en que ya debería estarse cíclicamente viendo una recuperación. No por casualidad la industria del papel (embalaje) también ha sentido cómo se le han venido apretando las cosas durante este mismo período, por lo que se ha visto obligada a buscar salida a sus productos hacia el exterior, en condiciones de precios que no resultan tan atractivas en las actuales circunstancias, especialmente a la luz del impacto que sobre su competitividad viene teniendo el férreo anclaje cambiario, que tanto el Gobierno como su otra cara, el Banco Central de Venezuela, mantienen de manera muy ceñida y cernida sobre el sector productivo exportador venezolano.

Como el resto de tantas otras cosas que el Gobierno viene "convenientemente" manejando bajo ese estilo de gerencia tan peculiar, que un destacado dirigente nacional denominaba "gerencia por colapso", no vaya a ser que la inflación haya experimentado el nivel de descenso que ha mostrado en el último mes, porque los consumidores de los grandes rubros medidores de la inflación, léase: alimentos, bebidas y calzados, colapsados como de hecho están en su nivel de ingreso, ya encuentren extremadamente duro acceder ni siquiera a los bienes de la cesta básica.

Por otro lado, y quizás un poco más complejo de explicar y comprender, habría que insistir en lo que ya he dicho en mi último artículo, titulado El país se está descapitalizando. El aparente superávit fiscal del Gobierno en medio de un mayor empobrecimiento de la población (El Universal, 22 de febrero de 1997). Se trata de que el tan cacareado superávit fiscal no es realmente tal si tomamos en consideración la desastrosa situación en que se encuentra el inventario de capital de Venezuela, el cual viene decreciendo sostenidamente durante los últimos cinco años. No se requiere de ser muy sofisticado economista o financista, para entender que estamos ante lo que equivale en una empresa privada, a mostrar utilidades, pero dentro de un proceso de franca ruina y descapitalización, como consecuencia de la imprevisión de sus directores en materia de depreciación y reservas para garantizar las inversiones necesarias para la reposición de sus activos y hacer frente a sus compromisos. No por mera casualidad, sino por directa causalidad vemos diariamente a nuestro alrededor cómo la infraestructura física y operativa de todo el Estado se deteriora geométricamente sin que a nadie en el Alto Gobierno parezca importarle. Las consecuencias, de intentar siquiera ponernos al día en esta materia, como de hecho, tarde o temprano tendrá que acometerse, nos dan una visión espeluznante del impacto que tamañas inversiones tendrán sobre las cuentas fiscales. El Gobierno nacional, no puede seguir posponiendo indefinidamente esta realidad.

Seguridad social: 20 puntos sobre 100

Hace algunos años escuché una charla de Arturo Uslar Pietri sobre la naturaleza del venezolano. En aquel entonces capturó mi atención una aseveración, que ilustra cabalmente lo que en esta materia está sucediendo. Decía Uslar Pietri, que se hacía muy notable el que muchas veces los venezolanos consideráramos resueltos los problemas, una vez se haya acordado resolverlos. La verdad es que loable como lo es el acuerdo de la tripartita, ello no es sino eso: un acuerdo, por lo demás legalmente no vinculante para ninguna de las partes, hasta tanto se haga Ley de la República. El problema mayor aquí estriba en que no he debido usar el singular, sino referirme a que el mismo no tendrá sustancia mientras no se implementen las modificaciones a las leyes involucradas, las cuales entiendo alcanzan entre siete u ocho en total. ¿Cómo podemos estar hablando de veinte puntos de nota, cuando aún no existe ni siquiera definición sobre salario mínimo? ¿Cómo pudiera hablarse de "...que podamos tener una seguridad social del siglo XX", cuando tenemos un seguro social de la Edad Media; una red hospitalaria pública que es una vergüenza nacional y se empeora día a día; un seguro de paro forzoso que es un gran fraude para los asegurados e incapaz de paliar las ingentes necesidades de una creciente población de desempleados; una inexistencia de fondos de pensiones; un seguro de política habitacional que no soluciona los problemas habitacionales; por sólo citar aquellos aspectos más obvios de un sistema de seguridad social que no aún existe y está muy lejos de existir? Cantar victoria a estas alturas sin haber avanzado profundamente en corregir tan deshumanizantes aberraciones, no es sino una demostración de lo poco preparados que estamos para entrar al siglo XXI en esta materia y en casi todas las que atañen a un Estado como el nuestro, bastante indiferente ante sus ciudadanos. No es suficiente decir que son rémoras y herencias del pasado, es la hora de corregir y resolver, para ello se gobierna.

Un resultado muy disparejo

Al revisar el resto de los puntos incluidos en la lista, retos que debía enfrentar la Agenda Venezuela, nos encontramos con resultados muy disparejos. Así por ejemplo, en materia de privatizaciones se viene cada vez haciendo más patético lo que tanto habíamos insistido en el pasado. Se trata de lo sencillo que iba a resultar la venta del paquete remanente de acciones de la CANTV, dada su condición de compañía controlada accionaria y gerencialmente por inversionistas privados, y lo difícil que sería la privatización de las empresas de Guayana, especialmente a la luz de los dolientes políticos y económicos de las mismas, así como de la propia manera y criterios con que el organismo privatizador, FIV, viene abordando estos procesos. ¿Quién responderá por las inmensas pérdidas milmillonarias de estas empresas? ¿Por qué vamos todos los ciudadanos a responder con más impuestos, gasto público y sacrificios, lo que ha sido el resultado de una dilación injustificada en el proceso? CANTV arrojaba utilidades y pagaba impuestos, pero estas empresas son todo lo contrario y aún continúan cómodamente en poder del Estado. Por lo demás, de no haber sido por las exitosas privatizaciones del sector financiero, llevadas adelante por FOGADE, tendríamos en el haber, un cúmulo de "interesantísimas" privatizaciones por la vía del cierre y el colapso. Demás está decir, que el sector eléctrico, se encuentra mucho más lejos de ser privatizado.

En materia de política monetaria y cambiaria, se presenta un panorama muy complejo. Un instituto emisor que no logra sincerar las dramáticas distorsiones monetarias que él mismo ha coadyuvado a crear. Por otro lado, aun aquellos, como yo, que propiciábamos una estabilidad cambiaria, y que estábamos seguros de que la liberación del control de cambio traería consigo una buena dosis de estabilidad en el comportamiento de la tasa de cambio, nunca imaginamos que esto se llevaría hasta extremos tan peligrosos. El Gobierno, y su otra cara, el Banco Central de Venezuela, al mantener esta política como instrumento de control de la inflación, nos están posponiendo para un futuro no muy lejano un problema de mayúscula dimensión. Estoy convencido, que tal cual bomba de tiempo, este anclaje estallará ante nosotros, trayendo más miseria y ruina para las corporaciones y los individuos, quienes verán por vía de una sustancial y súbita devaluación de nuestro signo monetario, cómo se empobrecen y reducen sus patrimonios, gracias a una nueva confiscación del Estado. Las negativas e irrisorias tasas que los ahorristas reciben por su dinero, no es sino un ejemplo de toda esta grotesca distorsión en nuestra política monetaria, apartada del interés común.

En materia de modificación en el perfil de la deuda, es mucho lo que he escrito anteriormente sobre la imperiosa necesidad de modificar este nudo que estrangula asfixiantemente nuestra economía y por ende a todos los ciudadanos por igual. El tiempo pasa, y un tema que bien pudo haber quedado resuelto anteriormente, es víctima también de un retraso inexplicable. El ministro Matos, a diferencia de otros colegas del Gabinete, ya había diagnosticado y reconocido con claridad la existencia de esta realidad, a pesar de que muchos economistas allegados al Gobierno, entendidos en la materia, insistían en la absurda tesis de que no había nada de malo en particular con el perfil de nuestra deuda. Creo que hablar de lo contrario hoy, sería intentar tapar el sol con un dedo. Sin embargo, sorprende que el tiempo siga pasando y volando, como en el jingle musical de la difunta VIASA, así como también siga creciendo la deuda pública interna, en un 46 por ciento solamente en 1996, y a estas alturas no haya un esquema en proceso de implementación, en tema tan urgente y obvio.

En lo referido a la tan elusiva reestructuración del Estado, el ministro jefe de Cordiplan, ha tenido la humildad de considerarse raspado, en esa curiosa boleta de notas, que nos trajo a casa en su entrevista de El Universal del día lunes 14 de abril. Lo cierto es que aun y con su candidez, creo que el Gobierno no termina de comprender la tesis, la cual plenamente comparto, que tan elocuentemente viene sosteniendo el economista Domingo Fontiveros. Se trata de que no puede haber reestructuración del Estado, sin que se hagan las grandes inversiones y se incurra en los grandes costos que ello conlleva. Pretender lo contrario sería como intentar ir al espacio sideral en una carrucha. Tristemente, aún nos olvidamos de que no hay tal cosa como un almuerzo gratis, parafraseando el popular dicho sajón, pero lo irónico es que aquí hablamos de globalización, de inserción en la economía mundial, y aún no estamos dispuestos a afrontar lo que implica entrar en ese mundo en condiciones de actualidad.

En el aspecto social, se hace cada vez más evidente que los resultados son bastante disparejos. La población se siente agobiada hasta el extremo y los recientes y excelentes trabajos que el diario El Universal nos trajo los días 15 y 16 de abril, en sus páginas 2-4 y 2-10 respectivamente, resultan mejores y más elocuentes que cualquier comentario que sobre este aspecto tan importante pudiera aquí agregar.

El Estado ausente

Por encima de todos los problemas anteriormente descritos, creo que hay uno más importante y que yace subyacente a todos ellos. Se trata de la ausencia casi total del Estado, que día a día se siente y presiente en nuestro país. No se confunda en lo absoluto esto, con lo que a menudo uno lee y escucha respecto a si el Presidente está ausente o no. Pienso que el problema es otro y más de fondo. Se trata de un Estado que ha ido degenerando a tal grado de incompetencia, que virtualmente está ausente, es decir no está, o lo que es lo mismo casi ha desaparecido. No quiero con esto asustar a tantas personas que malentienden el neoliberalismo, al inducir a cualquier lector desprevenido a creer que la solución que propongo está en una mayor intervención Estatal. Se trata de algo mucho más básico y sencillo, algo sumamente elemental. En Venezuela al Estado dejaron de importarle sus ciudadanos.

Este problema se hace patente día a día cuando nuestras casas de estudios pueden permanecer cerradas ante la indiferencia total, por espacio de meses; cuando en nuestros hospitales muere gente a diario por una absoluta carencia de dotación sin que a nadie le importe; cuando el Estado estafa a diario a sus trabajadores al incumplirles sus compromisos laborales y ni siquiera pagarles sus prestaciones sociales; cuando el Estado ve cómo mueren miles de venezolanos impunemente en manos de un hampa desatada sin que ello parezca conmover a nadie; cuando los cuerpos policiales depuran a sus miembros y no ejercen ningún seguimiento y control sobre los expulsados, facilitando y promoviendo la proliferación de nuevas y bien dotadas bandas armadas que día a día engrosan el ejercito de asesinos que matan y rematan a tanto indefensos honestos ciudadanos; cuando se tiene un sistema penitenciario oscurantista que no recupera para la sociedad a los delincuentes sino que los pierde definitivamente; cuando vivimos con un sistema de justicia que administra en muchos casos injusticia; cuando millones de niños no acceden a los mínimos requerimientos nutricionales como para ser adultos útiles en el futuro y no personas limitadas por razones de su propia desnutrición infantil; cuando se leen los absurdos informes e investigaciones de la Fiscalía General de República, Contraloría, Procuraduría, Congreso Nacional y tantos otros, sobre corrupción y ésta lejos de disminuir va en franco y próspero crecimiento, sin que esas mismas entidades del Estado hagan nada efectivo sobre el particular; cuando se manda patrullar nuestras fronteras a jóvenes venezolanos, sin una política exterior y militar de Estado, capaz de hacer frente de manera resuelta a tanta rapiña fronteriza; cuando la descentralización se viene transformando en vías para burlar más y mejor a los ciudadanos en materia de corrupción; y así podríamos continuar llenando espacio con ejemplos de lo que constituye un Estado ausente. Sin querer dejar de reconocer los esfuerzos y logros alcanzados, pienso que hay que tener coraje para "celebrar" unos resultados macroeconómicos, que bien sabemos, en muchos casos han llegado acompañados de lo fortuito, cuando nos encontramos ante tanta vergüenza producto de un Estado que cada vez está más ausente. Hablar de economía pura y simple, sin tocar estos aspectos, a la hora de evaluar esta Agenda Venezuela, no sería sino caer en ese maravilloso fragmento heraclíteo: Malos testimonios son los ojos y las orejas para aquellos hombres que no entienden su lenguaje.


* Economista, socio fundador de Oberto Sosa y Asociados.

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