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| Revista Electrónica Nº 15 Mayo 1997 |
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Esta nueva sección, Los Caminos del Laberinto, tiene
la intención de darle a nuestros internautas un fino hilo conductor
que les permita compartir con nosotros una lectura de los sitios
mas interesantes de la red, que tratan temas relacionados con
el uso y mal uso del internet. En ella, glosaremos, sintetizaremos
y traduciremos cuando tengamos autorización, artículos que o estan
en la red o han sido publicados en revistas que analizan la rápida
y aparentemente indetenible expasión en el uso mundial
de la red. Agradecemos de nuestros lectores los comentarios y
sugerencias que tengan a bien hacernos para mejorar esta columna
mensual.
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La polémica sobre los efectos de la televisión en los niños no se ha cerrado cuando ya aparece un nuevo medio que puede producir en estos un impacto aún mayor. La Internet ha venido, poco a poco, penetrando los hogares y los niños aprenden con natural facilidad a servirse de ella. Se estima que en los Estados Unidos hay más de un millón de niños conectados a la Red y esta cifra esta creciendo todos los días y lo hará aún mas si se impone comercialmente la TV NET. Es difícil medir los efectos que produce Internet sobre los niños, pero es obvio que tendrá una influencia mayor sobre la educación. Cada vez resulta mas fácil tener alternativas para adquirir la información requerida, sin tener que depender de las estructuras formales. Un ejemplo interesante es el proyecto desarrollado por la Universidad de Sao Paulo : La escuela del futuro Escola do futuro: http://www.futuro.usp.br/. Este proyecto consiste en un laboratorio de investigación interdisciplinario cuyo objetivo es estudiar las nuevas tecnologías de comunicación y aplicarlas a la educación. Los salones de clases son diseñados con conceptos ergonómicos y aplicando las técnicas mas modernas de comunicación visual. El nuevo paradigma educativo aplicado en esa escuela pretende que esta tenga un ambiente propicio para el aprendizaje individual. El maestro dispone de tecnologías de comunicación y de información , y ya no es exclusivamente un transmisor de información, sino mas bien un guía, un mediador e incluso un socio para la interpretación crítica de la información Las ventajas del multimedia son enormes ya que se puede almacenar en un mismo espacio texto, sonido y vídeo y las posibilidades que esto abre a la educación son infinitas. Por un lado puede disminuirse considerablemente el costo de edición y por lo tanto información que era el privilegio de pocos o que sólo podía ser consultada en bibliotecas especializadas están hoy en día al alcance de sectores cada vez mas importante de la población mundial. La tecnología de una u otra manera está ya en la mayoría de los hogares, no sólo en las computadoras, que todavía son la excepción, pero en otras aplicaciones en las que los "chips" del Sr. Grove hacen ley, baste pensar en los distintos juguetes electrónicos y en todas las aplicaciones electro domésticas. En la medida en que se mejoren las velocidades de acceso a la Internet el uso de los multimedias podrá incoporarse de manera más eficiente a este sistema de integración informática planetario y los niños podrán captar información y vivencias de zonas muy distantes geográfica y culturalmente de donde ellos están ubicados. El problema fundamental sigue siendo el costo, ya que sólo las familias de mayores ingresos tiene computadoras y mas aún un cálculo estadístico a nivel mundial resalta que sólo uno de cada diez niños vive en hogares que disponen de un teléfono propio. En Estados Unidos la administración Clinton y en especial el vice presidente Gore han puesto un serio empeño por informatizar las escuelas norte americanas estableciendo un plan según el cual para el año 2000, todos los colegios, universidades, hospitales y bibliotecas deberán estar integrados electrónicamente. Ya en el Estado de California se ha hecho un progreso notable en esta materia y un numero significativo de escuelas ofrecen a sus estudiantes acceso a Internet (ver el extenso listado de colegio a nivel de pre-escolar primaria y bachillerato que presenta ZIA en ( http://www.zia.com/educate) , Este es un paso en el buen camino, sin embargo se requiere para que el efecto sea pleno, que a su vez los hogares estén conectados, pues de lo contrario la experiencia de los niños estaría limitada al contacto ocasional que tiene con la máquina, a lo sumo un par de veces- cuando mucho- a la semana. En Venezuela se podría lograr un éxito importante si se convence a los gobernadores y a los alcaldes de que está en el interés de su estado o de su municipio darle acceso a bajo costo al mayor numero de usuarios. El costo de impartir educación por vía electrónica permitiría ir mas directamente a las poblaciones sin tener éstas que desplazarse a sitios por lo general distantes de sus lugares de habitación. Se podría con relativa facilidad habilitar locales en centros comunales o vecinales en los que a distintos horarios los niños pudiesen acceder a los recursos educativos necesarios para su enseñanza. Y se requieren menos maestros para enseñar a mas niños. Tal vez la mayor resistencia a estos cambios no estará en los niños sino en los maestros. Estos pueden sentirse desplazado por la computadora o verse reducidos a ser un mero auxiliar de esta. En realidad los maestros- si vencen la resistencia - serán los principales beneficiarios ya que podrán renovar constantemente sus conocimientos a bajo costo. Lo importante es que pierdan el complejo de verse superados por una maquina. Ésta, no hay que olvidar, es alimentada por la inteligencia de los hombres. Una experiencia interesante ocurrió en los países escandinavos en las que fueron los niños unos 2000 los que sirvieron de instructores en el uso de la computadora a sus maestros . El programa fue todo un éxito y hoy en día Finlandia es el país en el mundo con mayor numero de computadoras por capita. Ahora bien , si es verdad que el acceso generalizado y poco costoso a la red es un factor esencial para que este instrumento sea exitoso en la difusión del conocimiento a nivel planetario, éste no es el único aspecto que debe ser tomado en cuenta a la hora de analizar el impacto de Internet en los niños. El contenido es un motivo fundamental de preocupación, ya que la libertad de acceso a la red es fundamental para que esta sea de utilidad general, sin embargo por eso mismo, este medio al disponer de una mayor libertad que la que tienen los medios tradicionales de comunicación masiva, deja espacio para que se abuse de esa libertad y proliferen informaciones, imágenes y sitios nocivos para los niños, por su contenido explícito de violencia y sexo. En consecuencia, en la red no todo es positivo como la existencia de páginas con contenido educativo informativo y lúdico, sino que además hay espacios peligrosos para la salud mental e incluso física de los niños. Son numerosos los sitios en la red destinados a promover la pedofilia y la prostitución infantil, así como también existe la posibilidad de participar en foros en los que adultos mal intencionados pueden aprovecharse de la credulidad de los menores. Frente a esos peligros se han creado programas ( software) filtros que pueden restringir el acceso de la computadora a ciertas direcciones, (Net Nanny ( http://www.netnanny.com) o también (Stay safe ( http://www.sass.ca/ ) sin embargo, estos filtros no son cien por ciento eficaces, sobre todo si se toma en cuenta que los niños aprenden mas rápido que los adultos, y que en muchos hogares son estos los únicos que en realidad saben manejar la computadora. La solución como es obvio, no está en restringir el acceso a un instrumento que puede ser de extrema utilidad para los niños, para enfrentar el eventual peligro que lo asecha, sino promover acuerdos internacionales dentro del marco de las Naciones Unidas y de organizaciones no gubernamentales para elaborar normas y códigos de conducta en la red y establecer las sanciones necesarias para aquellas actividades delictivas que utilicen la red como un instrumento con el cual se perpetren delitos tipificados como tales internacionalmente. Pero el peligro para los niños no está sólo en estas actividades delictivas sino también en el aspecto comercial de la red. Es una realidad cada vez mas obvia que en una sociedad de consumo - las víctimas- de las campañas masivas de anuncios por medios electrónicos son los niños, y las personas de menor nivel socio cultural. Estos son un objetivo fundamental del mercadeo, por reagrupar a uno de los segmentos consumidores mas importantes, si esto ha sido así en medios tales como la radio y la televisión, es obvio pensar que un medio electrónico como la Internet será un campo en el cual estas técnicas se perfeccionarán, ya que aquí el niño puede no sólo obtener la información sobre el producto que desee a la hora que quiera , sino que además con las nuevas tecnologías de "push" puede literalmente ver aterrizar en su pantalla o en su buzón de correo toda una serie de solicitaciones para que incremente su consumo con necesidades que hasta esa fecha él no sabia que las tenia. Los diseños de las páginas web paro los niños están hechos de una manera lo suficientemente atractiva como para que los niños permanezcan en ese espacio el mayor lapso posible, ver a tal efecto las páginas de Kellog ( http://www.applejacks.com/), Coca Cola ( http://www.cocacola.com) o la de Mac Donald. Para concluir pensamos que este medio bien utilizado puede ser una palanca extraordinaria para la educación de los niños, sobre todo si estos son iniciados a su uso en la etapa de la educación preescolar. Ahora de nada vale si estas ventajas son asignadas solo a la gente de mayores recursos económicos, eso agravaría aún más el gap que existe entre los que tienen y los que no, y en un mundo cada día mas integrado. solo tienen capacidad de sobrevivencia aquellos que están preparados para enfrentar el reto de la sociedad post industrial. Por otro lado es indispensable para que se mantenga la red lo mas libre posible que los mecanismos de autorregulación sean lo mas eficaces posibles y que además se establezca pronto un código de conducta para regular los abusos que puedan hacerse dentro de la red. No hay que tenerle miedo ni al futuro ni a la libertad. El progreso de la humanidad no servirá de mucho si sus habitantes no están en capacidad de comprenderlo y utilizarlo para mejorar sus condiciones de vida así como las de sus descendientes. Abogado, editor de Venezuela Analítica Email efiguere@ccs.internet.ve
Cambios en la estructura de poder
Comentarios a un ensayo de Jessica T. Mahtwes (Power Shift) publicado en la revista Foreign Affairs (enero-febrero.1997. pgs50-66) http://www.foreignaffairs.org . Para aquellos interesados en el estudio de los nuevos actores que paulatinamente van adquiriendo cada vez más fuerza en el sistema mundial del Poder, ayudados por las redes del "Laberinto", recomendamos la lectura de un ensayo de Jessica Mathwes (Senior Fellow en el Council of Foreign Relations). Es un trabajo donde se observa la relativa , pero manifiesta, pérdida de control por parte de los Estados para actuar como voz absoluta en representación de sus ciudadanos. En el campo internacional las consecuencias podrían ser semejantes puesto que más de doscientas naciones, grupos étnicos, religiosos, todos representando intereses en muchos casos contrarios podría tornarse en una situación incontrolable. * Politóloga
Email: motero@ccs.internet.ve
El Nacimiento del País Digital The Netizen
Para algunos el tema de las recientes elecciones fue la lenta muerte del actual sistema político. Para Jon Katz, en cambio, marcÛ el ascenso de la pospolítica y el nacimiento de la Nación Digital. Primeras sacudidas El año pasado vi en la Red el renacer del amor a la libertad en los medios de comunicación. Vi una cultura colmada de gente inteligente, educada y políticamente apasionada, que —en agudo contraste con el mundo no conectado a la Red— se organizan para expresar sus opiniones cívicas, para participar en los debates, y hasta para luchar por sus creencias políticas. Observé gente que aprendía nuevos modos de comunicarse políticamente. Observé cómo la información viajaba grandes distancias y luego volvía a casa con las huellas de gente comprometida y responsable ubicada en todo el mundo. Vi cómo las posiciones se suavizaban y cambiaban cuando la gente podía hablar directamente entre sí, más que a través de periodistas, políticos o mercenarios ideológicos. Vi las palpitaciones primordiales de un nuevo tipo de nación —la Nación Digital— y la formación de una nueva filosofía pospolítica. Esta nueva ideología, borrosa y difícil de definir, sugiere una mezcla de algunos de los mejores valores rescatados de los viejos y fatigados dogmas: el humanismo del liberalismo, la oportunidad económica del conservadurismo, más un fuerte sentido de responsabilidad y pasión por la libertad. Me hallé ante preguntas, algunas formuladas tenuemente: ¿estamos en medio de una gran revolución o somos simplemente miembros de una élite arrogante más, hablando consigo misma? ¿Somos un nuevo y poderoso tipo de comunidad o simplemente una masa de gente enchufada a una máquina? ¿Compartimos objetivos e ideales o somos nomás otro mercado listo para ser explotado por las codiciosas corporaciones estadounidenses? Y quizás las preguntas más duras: ¿podemos construir un nuevo tipo de política? ¿Podemos construir una sociedad más civil con nuestras poderosas tecnologías? ¿Estamos extendiendo la evolución de la libertad entre seres humanos? ¿O no somos más que una gran cháchara cableada charlataneando en el viento digital? Mientras la libertad es ya raras veces mencionada en los principales medios de comunicación, es en cambio ferozmente defendida —y ejercida diariamente— en la Red. Mientras nuestros actuales sistemas de información buscan ahogar el flujo e información mediante tabúes, costos y restricciones, el nuevo mundo digital celebra el derecho del individuo a hablar y ser escuchado —una de las ideas cardinales que está detrás de los medios de comunicación y la democracia norteamericanos. Mientras nuestras actuales instituciones políticas son percibidas como remotas y displicentes, esta cultura conectada ofrece a los individuos los medios para tener una voz genuina en las decisiones que afectan sus vidas. Mientras la política convencional está colmada de ideología, el mundo digital está obsesionado con los hechos. Mientras nuestro actual sistema político es irracional, inundado con un discurso hipócrita de dios-y-valores, la Nación Digital señala el camino hacia un enfoque más racional y menos dogmático a la política. La información mundial está siendo liberada, y como consecuencia lo estamos siendo nosotros mismos. Mi viaje A comienzos del año pasado, el escritor John Heilemann y yo iniciamos viajes paralelos por los medios a través de The Netizen de HotWired, creado originalmente para explorar temas políticos en los medios durante el año electoral. Un concepto que estaba detrás de The Netizen era que podíamos observar el impacto de la Web en el proceso político en la primera elección cableada. Heilemann debía cubrir los candidatos, las convenciones y las campañas. Yo escribiría sobre la cobertura que de ellos hicieran los medios de comunicación. Las cosas no ocurrieron exactamente como esperábamos en The Netizen. 1996 no fue el año de la Web —al menos en términos de la práctica política ordinaria. La nueva cultura no era lo suficientemente fuerte como para afectar el proceso político. Los candidatos no se volcaron sobre ella como lo hicieron en 1992 con nuevos medios como la televisión por cable, el fax y los números 800. Y la elección era árida desde el comienzo, sin ideas sobre la economía posindustrial que hace erupción en nuestro derredor, ni visión alguna sobre el futuro digital —o el futuro de cualquier tipo. Hacia la primavera de 1996 me parecía claro que esta campaña era una metáfora de todo lo que no funciona tanto en el periodismo como en la política. No podía soportar los figurones de The New York Times, el habla político-deportiva de CNN, los prostituidos programas de opinión de Washington. Porqué asistir a esas fatigadas instituciones si lo que estaba pasando en el monitor a treinta centímetros de distancia de mi nariz lucía mucho más interesante? Ideas frescas, debates temibles y una cultura completamente nueva estaba surgiendo del pantano digital primordial, su política desbordante de energía. ¿Cómo podía un medio así tener un impacto importante en un proceso envejecido como aquel? Fijando nuestra vista en Ellos, estábamos perdiéndonos un reportaje político mucho más dramático: Nosotros. Así, abandoné casi totalmente Su campaña, y me concentré en Nuestra política —especialmente en la interactividad y la cultura digital. Recibí insultos [flames], desafíos y estirones casi diariamente. La Web devino para mí un maestro formidable, castigándome las palmas de la mano con una regla cuando no hacía la tarea o no estaba poniendo atención como era debido; consolándome cuando me desanimaba o me perdía. Yo discutía con los tecnoanarquistas sobre las reglas, con los insultantes [flamers] sobre urbanidad, con niños blancos sobre rap, con niños negros sobre la policía, con los periodistas sobre los medios de comunicación, con los evangélicos sobre el pecado. Fui reprendido por los académicos por faltas a la lógica o por haber hecho alguna investigación incompleta. Fui sofocado con correo electrónico por bombarderos fanáticos de los «valores familiares» irritados por mis ataques sobre la asepsia de la música que vende Wal-Mart. Vi la manera extraña en que la información y la opinión viajan por la autopista digital —vinculadas con sitios Web, pasadas a los grupos de noticias [newgroups], las listas de correo y los sistemas de conferencia por computadora. Vi mis columnas pasar de la petulancia convencional a ser organismos casi vivos que se veían respaldados, desafiados y alterados por el increíble volumen de retroalimentación que apareció de pronto. Perdí la arraigada ética periodística que me enseñaba que yo tenía razón y que mis lectores no saben lo que les conviene. En la Web aprendí que yo raras veces tenía toda la razón, que yo era sólo el vehículo de ideas que nada más esperaban ser aparejadas y con frecuencia mejoradas por gente que sabía más que yo. Raras veces las ideas permanecen fijas en la Web. Son lanzadas como los niños al mundo, donde son alteradas por los diversos ambientes que atraviesan, y casi nunca regresan a casa en la forma en que la dejaron. Mientras tanto percibía a Heilemann laborando con persistencia como el conejito de Energizer, arrastrándose responsablemente a través de los caminos tortuosos de la cobertura periodística de la campaña electoral, guiando a la gente, cada vez más exasperada, que realmente quería seguir las elecciones. Lo que Heilemann aprendía y transmitía era que el sistema político no está funcionando. No se ocupa de los problemas importantes y no da un trato racional a los problemas de que se ocupa. No nos ofrece la información que necesitamos ni nos orienta hacia su comprensión —no hablemos de su solución. Durante el año 1996 las ideologías que dan forma a nuestra cultura política parecían derrumbarse. El liberalismo finalmente expiró junto con la cultura del asistencialismo [welfare] que había engendrado sin querer. El conservadurismo, dando tumbos luego del fracaso de la llamada revolución republicana, se mostraba desalmado y rígido. La izquierda y la derecha —aun en cuestiones tan explosivas como el aborto o la asistencia pública— parecían agotadas. Mientras se querellaban eternamente, los demás exigíamos algo mejor. No lo obtuvimos en 1996. Los candidatos no plantearon ningún tema significativo, no ofrecieron soluciones a los principales problemas sociales, no estimularon la capacidad de reflexión de la nación, ni impulsaron su conciencia hacia ningún asunto crítico. Los temas que los candidatos debatieron era falsos o manipuladores, imperativos fatigados de otro tiempo. «Mil novecientos noventa y seis fue el año en que murió la Vieja Política», escribió Heilemann. «Para el mundo exterior a este extraño sistema electoral que se ha desarrollado y mutado durante los últimos 40 años —ese extraño seudo-meta-ritual que cuando se experimenta desde dentro se siente como atrapado en una cámara ecoica tapizada de espejos— hay cambios profundos en pleno proceso así como deslizamientos de paradigmas». Están en proceso diversos cambios de paradigma: los jóvenes que forman el corazón del mundo digital están creando una nueva ideología política. La maquinaria de Internet está siendo esgrimida para crear un ambiente en el que la Nación Digital puede convertirse en una entidad política por derecho propio. Evitando la campaña la mayor parte del tiempo, terminé en un lugar diferente e inesperado. Había deambulado hacia el nexo entre el pasado y el futuro, la transición de un proceso político a otro muy diferente. Mientras Heilemann llegó a creer que asistía a un despertar, comencé a sentir por mi parte que estaba siendo testigo de un nacimiento —las primeras palpitaciones de una nueva y poderosa comunidad política. La nación naciente Todo tipo de gente de todas las edades y antecedentes está conectado a la Red, pero en el corazón de la Nación Digital está la gente que creó la Red, trabaja en ella y cuyo negocio y vida social y cultural giran cada vez más alrededor de ella. La Nación Digital constituye una nueva clase social. Sus ciudadanos son jóvenes, educados, pudientes. Habitan instituciones e industrias interconectadas —universidades, empresas de computación y telecomunicación, servicios financieros o de bolsa, pero donde son más visibles es en comunidades ostensibles y tecnológicamente avanzadas: Nueva York, San Francisco, Los Ángeles, Seattle, Boston, Minneapolis, Austin, Raleigh. Son predominantemente varones, aunque los ciudadanos de sexo femenino están incorporándose en números cada vez más equitativos. Los miembros de la Nación Digital no son representativos de la población como un todo: son más ricos, mejor educados y desproporcionadamente blancos. Tienen ingresos y tiempo de sobra. Su educación es con frecuencia no convencional e ininterrumpida, y tienen acceso casi ilimitado a gran parte de la información mundial. En consecuencia, sus valores están evolucionando constantemente. A diferencia de las rígidas ideologías políticas que han gobernado a los Estados Unidos durante décadas, las ideas de la juventud pospolítica siguen siendo fluidas. Sin embargo, algunos de sus valores comunes son claros: tienden a ser libertarios, materialistas, tolerantes, racionales, tecnológicamente competentes, desconectados de las organizaciones políticas convencionales —y de etiquetas estrechas como liberal o conservador. No son «politically correct», rechazan el dogma en favor de temas como la individualidad, prefiriendo las discusiones a las plataformas. Los jóvenes digitales son brillantes. No temen desafiar a la autoridad. No aceptan todo lo que se les dice. Acogen la interactividad —el derecho a dar forma y participar en sus medios de comunicación. Tienen poca experiencia en la lectura pasiva de los periódicos o la audición pasiva de los noticieros. Son apasionados de la cultura popular —quizás su valor más común, y el más mal interpretado y mal manejado por políticos y periodistas. Los lunes por la mañana cuando acuden al trabajo, es mucho probable que hablen de las películas que vieron el fin de semana que de los temas semanales de Washington. La música, el cine, las revistas, algunos programas de televisión y algunos libros son de importancia elemental para ellos —no son simplemente formas de entretenimiento sino medios de identidad. Tanto como cualquier otra cosa, el desprecio reflejo por la cultura popular compartido por muchos periodistas y políticos de mayor edad, ha alejado de ellos a este grupo, haciendo que sus miembros dividan el mundo en dos categorías básicas: los que participan de ella y los que no. Durante gran parte de su vida, estos jóvenes han sido motejados de ignorantes y su cultura ha sido considerada perniciosa. Los líderes y figurones políticos que los denigran no han comenzado siquiera a darse cuenta de cuán destructivos han sido estos repetidos asaltos, de cuán dilatada es la brecha cultural que han creado. Aunque muchos rehusarían definirse de esta manera, los jóvenes digitales son revolucionarios. A diferencia de los miembros del Baby Boom nacidos en la década de 1950, no se limitan a hablar de la revolución sino que la hacen. Es una cultura que se juzga más por lo que hace que por lo que dice. En On Revolution, Hannah Arendt escribió que se necesitan dos cosas para generar grandes revoluciones: la súbita experiencia de ser libre y el sentido de crear algo. La Red es revolucionaria en estas dos formas precisamente. Libera a millones de personas para hacer cosas que no podían hacer antes. Hombres y mujeres pueden experimentar con sus identidades sexuales sin ser humillados o arrestados. Los ciudadanos pueden expresarse directamente, sin filtrar sus puntos de vista a través de periodistas o encuestadores. Los investigadores pueden obtener sus datos en horas, libres de los desoladores rituales de la tradición académica. Los jóvenes pueden explorar sus propias nociones de cultura, a salvo del escrutinio severo de padres y maestros. También está la sensación de gran novedad, de construir algo diferente. La población que está en línea hoy ha evolucionado dramáticamente desde los hackers y los académicos que componían juntos carteleras electrónicas primitivas en computadoras, hace unos pocos años —pero la sensación de descubrimiento se mantiene. La gente que se conecta en línea todavía tiene la sensación de estar cruzando una frontera. La ciudadanía en este mundo digital requiere paciencia, compromiso y determinación; requiere una inversión de tiempo y energía que con frecuencia trae consigo la sensación de ser partícipes de algo muy nuevo. Es difícil concebir el mundo digital como una entidad política. Las estructuras políticas y periodísticas existentes odian este solo pensamiento, pues significa que ellas deben renunciar al papel central que hasta ahora han tenido en la vida política. Y el mundo digital en sí mismo —adolescente, concentrado en sí mismo— es casi de igual manera renuente a tomarse a sí mismo en serio, puesto que ello involucra toda clase de responsabilidades que parecen demasiado limitantes y llenas de problemas. Esta es una cultura fundada en el ethos de la individualidad, no del liderazgo. La información fluye lateralmente, o de muchos a muchos. Es una estructura que trabaja en contra de la creación de líderes. Nos guste o no, sin embargo, esta Nación Digital posee todas las características de grupos que, a través de la historia, han tomado eventualmente el poder. Tiene la educación, la prosperidad, y el privilegio como para crear una fuerza política que ultimadamente habrá que dilucidar. Algunos valores pospolÌticos esenciales Fuera de la vista de los reporteros, negociantes y polÌticos de la campaÒa presidencial, una nueva sensibilidad polÌtica tomÛ cuerpo en 1996. Trajo nuevas ideas. Trajo debates reales sobre asuntos reales. La ideología pospolítica se inspira en algunos elementos de la política ya conocida. El término pospolítico es enarbolado en varios círculos, pero aquí se refiere a un nuevo tipo de política que va más allá de las opciones tradicionales de izquierda/derecha, liberal/conservador, republicano/demócrata. Aunque todavía está en proceso de formación, esta ideología pospolítica combina algunos de los mejores elementos de ambos lados del espectro político convencional de los Estados Unidos de América. De los liberales, esta ideología adopta el humanismo. Recela a la policía. Aborrece la censura. Retrocede ante posiciones gubernamentales extremas, como la pena de muerte. De los conservadores, la ideología adopta nociones como las de promover oportunidades económicas, crear gobiernos más pequeños, e insistir en la responsabilidad personal. La juventud digital comparte las sospechas de los liberales en torno a la autoridad y a la concentración del poder, pero comparte poco su desprecio visceral hacia las corporaciones o grandes empresas. Comparte el análisis liberal de que problemas sociales como la pobreza, más que la violencia en la televisión, están en la raíz del comportamiento criminal. Pero, a diferencia de los liberales, quiere que los pobres tomen mayor responsabilidad en la solución de sus propios problemas. Esta amalgama de valores se revela de extrañas maneras. Muchas personas en línea no tenían ningún problema en creer que el Departamento de Policía de Los Ángeles era racista, o que era concebible que hubiera plantado evidencia falsa en el caso de O. J. Simpson. Sin embargo, no había ninguna simpatía por la idea de que O. J. debía ser absuelto como resultado de esos detalles. Los pospolíticos [español en el original] pueden vencer a los liberales en algunos frentes. No se trata de que se adhieran a la tolerancia como a un ideal; son inherentemente tolerantes. La suya es la primera generación para la que el pluralismo y la diversidad no son inusitados ni controversiales. A este grupo no podría importarle menos que las familias tengan la forma tradicional, o que tengan dos madres o dos padres. Son prácticamente ciegos ante el color y origen étnico de la gente que entra a su cultura. Éste es el grupo menos propenso a impedir la entrada de alguien a un club porque sea judío o negro, o a evitar el matrimonio a cuenta de la religión o etnicidad de una persona. Por otra parte, la aceptación intuitiva por parte de la juventud digital de la tolerancia y la diversidad, no los previene de rechazar nociones liberales como las de acción afirmativa [affirmative action]. Y son considerablemente indiferentes a los discursos de víctimas, o a la retórica políticamente correcta, o a la cultura de la queja que la prensa liberal celebra en la cobertura de muchos asuntos relacionados con las minorías. Esta cultura no es menos adversa al cruel y sofocante dogma de la derecha. La juventud pospolítica adopta la noción de igualdad de sexos y son intrínsecamente hostiles a cualquier esfuerzo, religioso o gubernamental, para dictar la conducta personal privada. Mientras que el conservadurismo se ha entremezclado con una agenda religiosa evangélica, la juventud digital es alérgica a mezclar religión y política. Si los liberales dicen: «Aquí está el toldo: tenemos que hacer que todos se metan adentro», y los conservadores dicen «Aquí está el toldo: no queremos que esté muy lleno», los jóvenes pospolíticos dicen «Aquí está el toldo: todos son bienvenidos, pero cada uno tiene que averiguar por sí mismo cómo hacer para meterse». Una de las mayores ideas en el mundo pospolítico es que tenemos los recursos para dar forma a nuestras vidas, y que debemos aceptar más responsabilidad para hacerlo. Esta generación ascendiente cree que sus miembros deberían y que podrán controlar sus destinos. Una encuesta reciente en la revista American Demographics estudió a jóvenes estadounidenses y los llamó navegantes de sí mismos. «En un mundo rápidamente cambiante y muchas veces hostil, navegación de sí mismo significa apoyarse en uno mismo para ser el capitán de su propio barco y diseñar su propia trayectoria», escribió el Brain Waves Group, quienes desarrollaron la encuesta. Esas características también describen a muchos ciudadanos de la Nación Digital. Este grupo valora la capacidad y el trabajo duro, según encontró la encuesta. Las recetas tradicionales para el éxito tienen poca resonancia, por cuanto los grados universitarios ya no garantizan puestos de trabajo, conseguir un trabajo ya no garantiza que uno lo va a mantener, es posible que nunca se pueda hablar de jubilación, y los matrimonios pueden fracasar. A pesar de esta prudencia, este grupo —en agudo contraste con respecto a sus padres, que provenían del baby boom— ve un futuro de grandes oportunidades. La Nación Digital es optimista sobre sus propias perspectivas. Aunque estas ideas trabajan bien para ellos ahora, a medida que los jóvenes pospolíticos se vayan haciendo viejos tendrán que confrontar un nuevo tipo de problemas, desde desarrollar carreras profesionales hasta criar hijos y prepararse para la edad madura. Su ideología, necesariamente, se desarrollará y cambiará. A medida que críen a sus hijos, enfrentarán temas como la seguridad vecinal, el mantenimiento de los parques, y el mejoramiento del sistema educativo. Cuando compren viviendas se toparán con asuntos políticos tan concretos e inmediatos como los impuestos y la zonificación. Enfrentados al reto de desarrollar una nueva agenda política en un mundo radicalmente diferente, inevitablemente se encontrarán cara a cara con los fantasmas del viejo. Una nueva forma de ideal libertario Lo m·s cercano que el mundo digital tiene a un dogma es su ideal libertario inveterado, su entusiasta compromiso con la libertad econÛmica y polÌtica, su fiera oposiciÛn a los intentos de constreÒir la expresiÛn individual, desde el escalofriante fanatismo de los polÌticamente correctos hasta el creciente movimiento para censurar la cultura popular. El mundo en línea es la comunidad más libre en la vida de los Estados Unidos de América. Sus miembros pueden hacer cosas consideradas como inaceptables en cualquier otro entorno de nuestra cultura. Pueden decir malas palabras libremente, cuestionar la existencia de Dios, explorar su sexualidad, hablar con pensadores radicales de todas partes del mundo. Pueden inclusive cometer traiciones verbales. Internet es todavía una frontera salvaje. Los hackers y los geeks que lo fundaron y le dieron forma creían que no debía haber obstáculos entre la gente y la información, y todavía hay comunidades vibrantes, casi ilegales que refuerzan esta noción: cypherpunks que actúan como tecnoanarquistas, flamers que cuestionan a los figurones, hackers que constantemente están saltando las barreras que las grandes empresas y el gobierno se empeñan en levantar. El único principio ético dominante en esta comunidad es que la información quiere ser libre. Muchos de quienes están en línea saben que esta idea es antitética ante la historia de los medios de comunicación, y a la naturaleza de la política y del capitalismo. Las corporaciones no creen que la información debería ser libre; creen que ellas deberían controlarla y cobrar por el acceso. El gobierno no cree que la información debe ser libre; obsérvese el fiasco del Acta de la Decencia en las Comunicaciones. Las organizaciones religiosas, los educadores, y muchos padres tampoco creen que la información debe ser liberada. El darse cuenta de que los niños han roto muchas limitaciones sociales y ahora tienen acceso a un vasto universo de información es una de las ideas más aterradoras en los Estados Unidos contemporáneos. Estas nuevas nociones libertarias son con frecuencia incomprendidas. Mientras que algunos grupos políticos de larga data asociados con el liberalismo son profundamente hostiles al gobierno, los jóvenes digitales están menos paranoicos con respecto al gobierno que frustrados por su falta de efectividad y eficiencia. Ellos no ven al gobierno como un conspirador que quiere adueñarse de sus vidas, sino más bien como un medio anticuado para resolver problemas. Por ejemplo, en las discusiones en línea existe el acuerdo generalizado de que las políticas tradicionales hacia el consumo de drogas han sido fracasos catastróficos, y que nuevas y radicales ideas, como la legalización, deberían ser consideradas. Los jóvenes digitales, desde empresarios del Valle de Silicona hasta estudiantes universitarios, mantienen un desprecio casi universal por la capacidad de trabajo del gobierno; piensan que es superfluo e ignorante. En la Red, el gobierno raramente es visto como un instrumento de cambios positivos o para el bien social. Se presume que los políticos son manipuladores o ignorantes, incapaces para efectuar reformas o encontrar soluciones, forzados a mentir para sobrevivir. La desconexión de la Nación Digital con respecto al proceso político convencional, y a los medios de comunicación tradicionales que lo reflejan, es profunda. Tanto los políticos como los periodistas tienden a referirse a este rompimiento como un desorden cívico, promovido por los nuevos medios de comunicación, la nueva cultura y por un descenso en niveles de educación y civilización. Debe ser que los jóvenes están desinteresados porque están distraídos por la música o se han vuelto obtusos por demasiada televisión. Pero a su manera, los jóvenes están diciendo algo diferente: el sistema político no funciona, ¿para qué entonces perder el tiempo prestándole atención? Este mismo sentido de alienación ha sembrado las semillas de nociones más civiles sobre política y comunidad. Aunque la cultura en línea es generalmente percibida como hostil y caótica, este estereotipo es superficial. Escribiendo para The Netizen, me di cuenta de un fenómeno recurrente que habla tanto de esa sensación de alienación como del potencial para la comunidad. Todo el que escriba en el Web sabe que las críticas vienen rápido y furiosamente. A veces la crítica es cruel, incluso cáustica. Pero como un experimento, comencé a responder a ese correo electrónico airado como si fuera civilizado, me dirigía a discutir el punto tratado en lugar del tono del mensaje. El patrón era claro: al menos tres cuartas partes del tiempo, los remitentes de los mensajes más hostiles respondieron ofreciendo excusas, a menudo retomando la discusión como si ésta hubiera sido perfectamente amable todo el tiempo. En cientos de ocasiones, los flamers decían cosas como «Lo siento, no tenía idea de que usted iba realmente a leer esto», o «Nunca esperé obtener una respuesta». Meses de estos intercambios me han convencido de que la ruptura en línea, y tal vez fuera de línea también, no es intrínseca, sino que viene de la presunción reflexiva de que las instituciones políticas y comunicacionales poderosas no escuchan, no les importa, y no responderán. Una vez que se demostró que estaban equivocados, muchos de estos flamers hostiles se convirtieron en corresponsales leales, con frecuencia para estar en desacuerdo, pero de una manera civilizada. También encontré que yo mismo los escuchaba más. Estábamos formando un nuevo tipo de cultura comunicacional. Con pequeños cambios, en el curso del tiempo estábamos trascendiendo la intolerancia que caracteriza muchas de las discusiones en línea (y fuera de línea también) y estábamos involucrándonos en un diálogo verdadero, el eje de cualquier entidad política real. Estábamos encontrando que la interactividad podía traer un nuevo tipo de comunidad, nuevas maneras de mantener conversaciones políticas. De todos los prospectos inducidos por la evolución de la cultura digital, el más tentador es la posibilidad de que la tecnología pudiera fusionarse con la política para crear una sociedad más civilizada. Es la posibilidad de que pudiéramos terminar con una cultura política y comunicacional en la que la gente pudiera acumular material factual, expresar sus perspectivas, confrontar otros puntos de vista, y discutir asuntos de la manera más racional. Un nuevo racionalismo En este momento, la Internet y el Web son dos de los m·s caÛticos medios de comunicaciÛn que jam·s han existido; son revolucionarios y est·n mal definidos. Pero sugieren nuevas formas para reunir y distribuir hechos, para terminar con las discusiones guiadas por dogmas de la polÌtica convencional. En nuestro actual sistema, todos los temas son presentados en términos liberales o conservadores. Los liberales casi nunca apoyan la pena de muerte; los conservadores casi siempre la apoyan. Los conservadores dicen que la policía debe atacar duramente el crimen; los liberales se quejan de la brutalidad policial. Los periodistas, reducidos por sus dueños corporativos al papel de taquígrafos sociales, reportan lo que un lado dice, luego lo que el otro. La discusión civilizada se convierte en un irracional callejón sin salida. El mundo digital ofrece una promesa real de un camino más ilustrado. El concepto de racionalismo nació de la Ilustración, y se cristalizó en una filosofía formal expuesta por un pequeño grupo de filósofos de los siglos xvii y xviii, entre ellos Spinoza y Leibniz. Sus principios básicos eran que la razón es la única vía para determinar un curso de acción; que el conocimiento forma un sistema único y puede ser deducido; que todo es en última instancia explicable. El racionalismo introduce un compromiso primario con la razón, en contraste con la fe o el dogma o cualquier otra fuente de convicción irracional. Las filosofías de la Ilustración, según dice Peter Gay en The Enlightenment, «construyeron un coro airoso, pero lo que impresiona de él es su armonía general, no su desacuerdo ocasional». Se unían en un programa profundamente ambicioso de secularismo, humanismo, cosmopolitismo, y sobre todo, escribe Gay, de libertad: «Libertad contra el poder arbitrario, libertad de expresión, libertad de intercambio, libertad de desarrollar los propios talentos, libertad de respuesta estética; libertad, en una palabra, del hombre moral para hacer su propio camino en el mundo». Ninguna de estas enormes ideas transformó al mundo de una sola vez. Pero ellas fueron grandes saltos hacia adelante, al servicio de la libertad, que para el tiempo era un concepto desconocido en la mayor parte del mundo. De la Ilustración salieron las revoluciones francesa y norteamericana, que introdujeron las nociones radicales de que los individuos deben tener derechos inalienables y gobernarse a sí mismos. La Ilustración también fomentó la gran idea que está en el corazón del mundo digital de hoy: la información debe ser libre. Hoy, la idea de que la Red ofrece un nuevo tipo de racionalismo es estirar un poco el argumento. Los newsgroups, sitios Web, y discusiones públicas en línea son desorganizados. Y con la libertad en línea viene su contraparte desagradable: la confrontación, información errónea y el insulto que caracterizan muchos foros públicos en Internet. Pero en áreas especializadas, como por ejemplo en foros académicos o científicos, es más fácil de ver el surgimiento de un nuevo racionalismo. La Red trae información en cuestión de horas a investigadores ubicados en lugares remotos, permite la retroalimentación que antes tomaba meses en días, y en términos generales democratiza el flujo de información alrededor del mundo. Como la Red fue fundada en parte por comunidades académicas y científicas, su uso de ella es más avanzado, tal vez a manera de presagio de lo que ella puede significar para el resto de nosotros. Si esta noción funciona para la ciencia, ¿podrá funcionar para la política? La ciencia se concentra en hechos y en investigación, la política se ocupa más de introducir creencias o de alterar las creencias de otros. Es un gran salto para un medio de comunicación: de un medio que mueve hechos alrededor del mundo, a uno que ejerce influencia en los valores. Pero he visto el proceso funcionar; puede hacerse. Una y otra vez en The Netizen y en cualquier otra parte del Web, los hechos han comprobado ser un antídoto contra doctrinas inflexibles. Los debates han avanzado cuando información factual es citada; se llega al consenso. De hecho, una de las características más recurrentes de las discusiones en línea es el uso frecuente de citas que los enlaces del Web hacen posible. Las discusiones son frecuentemente reforzadas por información tomada de sitios Web, investigaciones publicadas y datos archivados. Esta habilidad sin precedentes de que los individuos puedan hablarse directamente entre sí, adelanta la discusión política más que en el mundo fuera de línea. Si bien puede que cuando termine la conversación ninguna de las partes quede completamente transformada, cada una de ellas está en capacidad de hacer precisamente lo que el sistema actual dificulta: entender cabalmente algunos de los valores de la otra parte, y ver al otro como una persona compleja en lugar de percibirlo como un estereotipo simplista. Es solo el comienzo La Ley de Decencia en las Comunicaciones de 1996, un esfuerzo para controlar la naturaleza de la expresiÛn en Internet que convertÌa el lenguaje ´indecenteª en un crimen federal, fue el Stamp Act de Internet. Como aquella ley de 1765, la Ley de Decencia en las Comunicaciones asombró a la comunidad, que desde su inicio había dado la libertad por sentada. Galvanizó una coalición diversa de individuos peculiares y la convirtió en una fuerza política cohesiva. Como los colonizadores, la comunidad en línea vio la ley como un acto arrogante de una entidad extraña que trataba de imponer su voluntad en un mundo nuevo al que había perdido todo derecho de controlar. Más que cualquier evento aislado, la Ley de Decencia en las Comunicaciones exhortó a gente cuyas vidas profesionales o personales giran alrededor de Internet a definir una ética política compartida. Promovió, por primera vez, una meta común alrededor de la cual podían unirse. Si el Stamp Act marcó un momento crucial en las relaciones de las colonias con Inglaterra, la Ley de Decencia en las Comunicaciones hizo lo mismo por el mundo digital, dando credibilidad a la noción del nacimiento de una Nación Digital. La aprobación de la Ley de Decencia en las Comunicaciones y la reacción de la Nación Digital demostraron que el mundo digital estaba, no creando un nuevo sistema de valores radicalmente diferente, pero sí defendiendo uno antiguo y venerable: la noción de libertad individual. La Nación Digital demostró una disposición a luchar por y para expandir esas libertades que habían sido inicialmente articuladas en la Ilustración; libertad contra el poder arbitrario, libertad de expresión, libertad para que cada quien determine sus propios valores y su propia moralidad. El don de la Ley de Decencia en las Comunicaciones fue la oportunidad que le presentó a la Nación Digital para luchar por la libertad una vez más. Dio a su comunidad ascendiente una causa moral en la que todos podían creer. Los convirtió en herederos de una gran tradición. El mundo digital está frecuentemente desconectado de muchos de los problemas del mundo, en virtud de la abundancia de recursos y estatus social de que disfrutan sus miembros. Fundado en las habitaciones de hackers de los suburbios y en los salones de prestigiosas instituciones educativas, en numerosas ocasiones ha sido descalificado por estar absorbido en sí mismo. Le falta aún responder ante cualquier crisis política o social que no le concierna directamente. Los jóvenes digitales necesitan desarrollar filosofías coherentes para responder a los mismos problemas que el actual y exhausto sistema falla en enfrentar: oportunidades económicas limitadas, problemas sociales endémicos, hostilidad racial permanente. La Revolución Digital tendrá eventualmente que ofrecer soluciones para erradicar la pobreza, la ignorancia, y la guerra por medio de vías radicales y esperanzadoras. Hay una élite creciente que controla la más poderosa infraestructura comunicacional que jamás se haya inventado. La gente que corre hacia el milenio con sus dedos en el teclado de la Era de la Información podría convertirse en una de las más poderosas fuerzas políticas de la historia. Tecnología es poder. Educación es poder. Comunicación es poder. Los jóvenes digitales tienen las tres. Ningún otro grupo social está tan capacitado para dominar la cultura y la política en el siglo xxi. No está claro aún qué van a hacer con todas estas ventajas: si escogerán mantenerse como una subcultura obsesionada tecnológicamente, en persecución de la Próxima Gran Cosa, o si decidirán encontrarse al mundo de frente y reconocer sus responsabilidades como ciudadanos de una nueva era. Los jóvenes ciudadanos de la Nación Digital pueden, si lo desean, construir una sociedad más civilizada, una nueva política basada en racionalismo, información compartida, búsqueda de la verdad, y nuevos tipos de comunidad. Si deciden formar un movimiento político, podrían algún día dominar el mundo. Si eligen desarrollar un sistema de valores comunes, con una ideología moral y una agenda humana, podrían inclusive hacerle un bien al mundo. Email de Jon Katz: jdkatz@aol.com Traducción: Nelly Lejter lejter@ibm.net y Roberto Hernández Montoya rhernand@conicit.ve
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