"Con los pobres de la tierra quiero yo mi suerte echar"
José Marti.
Al igual que el mundo biológico, miles de pájaros, roedores, insectos, nos muestran las maravillas de sus habitáculos dándonos lecciones magistrales de estructuras de máxima eficiencia. El hombre en su largo peregrinaje por la historia nos ha dado muestra en todo el planeta, en los lugares mas agrestes, de su infinita capacidad de adaptación al medio, del ingenio y la audacia producto de la necesidad para darnos respuestas al problema de la vivienda, no solo en su construcción, sino también la estructura gregaria con modelos de alta calidad urbana y equilibrio ecológico.
Comenzaremos por mostrar algunos ejemplos de adaptación al medio, como los diferentes nidos de especies de pájaros en diversas regiones del planeta, las colmenas de las abejas y de otros insectos como el comejen o las hormigas con sus fantásticos laberintos y rascacielos que marcan el paisaje. Pero describiremos uno solo de ellos, por la similitud que tiene con las técnicas ancestrales usadas por el hombre. Es el caso del nido del hornero, un pájaro en América del Sur que hace su nido sólido de barro, formando un habitáculo espiral donde él puede controlar la entrada de intrusos, igual a un caracol.
Este nido funciona como una cosa solar, donde aprovecha las bondades térmicas del barro para protegerse del calor o del frío y nos inicia en una técnica ancestral con la cual casi todas las culturas del planeta con diferentes técnicas utilizando biomateriales mezclados, nos han dejado lecciones de gran sabiduría, ya sea la casa maya de dos medias circunferencias de bahareque con techo de palma entrelazada que aún podemos ver en los poblados maya de Yucatán. O las casas de Nuevo México, donde éstas se unen al paisaje desértico con soluciones de la más alta calidad bioclimática, o las ruinas de los tapiales de la ciudad tragada por el desierto en Casas Grandes.
En Perú aún tenemos huacas de barro con más de quinientos años que gracias a la sequedad del clima han pervivido al igual que las viviendas circulares de bóvedas de barro de los Tiahuanacos en el desierto de San Pedro de Atacama. Todo el altiplano boliviano está lleno de viviendas organizadas en comunidades tipo ciudadelas, con casas circulares de tepe (adobes directamente del suelo arcilloso conservando las gramineas que nacen en la superficie), con una respuesta única en cuanto al uso de biomateriales, con techos de palma con planta redonda como es el caso de los chipallas o con cúpulas hechas sin cimbra sobre planta cuadrada como es el caso de la Laguna Carmen en Cochabamba
Es importante hacer un recorrido por todo el Norte de Africa y el Oriente Medio, desde Marruecos hasta Irán, Irak o Estambul, para maravillarnos de todo lo que es posible hacer con un solo material. En la India tenemos ejemplos de cúpulas antifuniculares de barro, siguiendo la teoría de las membranas, montadas en muros de adobe de planta cuadrada, dándonos muestras del más elevado ingenio constructivo.
Tan solo en el Polo Norte, donde hay un solo material, hielo, podemos ver cómo los Esquimales con sus cúpulas de hielo y el uso de calefacción con grasa de focas, pueden lograr temperaturas de 30 grados en sitios donde el exterior está a 20 grados bajo cero.
En Venezuela aún persisten modelos habitados en comunidades de las diferentes etnias de la selva Amazónica, tales como Yanomamis con sus Chavonos circulares en forma de fortalezas o los Yecuanos. Piaroas y Pemones con churuatas circulares de palma, o las casas de pisos flotantes en viviendas palafíticas en el Delta del Orinoco de las culturas Waraos.
En el Lago de Maracaibo, la cultura wayú en la Península de la Goajira, con sus palafitos de enea y mangle, formando ciudadelas dentro del agua, sirvió de base para darle el nombre a Venezuela o pequeña Venecia, puesto por Alonso de Ojeda, el primer visitante europeo que penetró en el Lago de Maracaibo.
Todas las técnicas del barro ya manejadas por las culturas ancestrales en Venezuela y por las traídas de España hace 500 años fue posible el desarrollo de poblaciones de altísima calidad, totalmente autogestionarias, con soluciones integrales donde la casa es autosuficiente con huertos, animales domésticos, etc. Las técnicas del bambú de Colombia, Ecuador y Perú nos muestran una de las respuestas de la bio-arquitectura, donde un material ya probado por miles de años en el Asia, nos permite vislumbrar más caminos para probar la factibilidad de ver el problema de la vivienda a partir del hecho cultural.
"Es del saber popular que encierra todo el saber"
Reza una copia popular venezolana, donde nos lleva a reflexionar en base a la necesidad de profundizar en todas las técnicas tanto urbanas, societarias y constructivas que como consecuencia de la necesidad y en duro proceso hicieron posible soluciones donde el pueblo con su formas de organización han marcado el planeta y en especial la América indómita, donde en la actualidad las comunidades ancestrales que sobrevivieron al etnocidio de los europeos como en Chichicastenango, Ambato, Pizac, Masaya o cualquier comunidad, vemos que la riqueza cultural supera la falsa pobreza que esos aborigenes con sus trajes multicolores, sus vasijas, sus viviendas muestran unas comunidades en perfecta armonía con la naturaleza, in deuda externa, abriendo una rendija por donde mirar el futuro de América.
Pero así como aún podemos ver en la selva Amazónica y en muchos lugares de América, comunidades aún en equilibrio, con su lengua, su cultura, que sobrevivieron al cataclismo etnocida que aplastó esas culturas, con la invasión española, sobre las ruinas de Tenochtiflan, Tlaxcala, de Cuzco, en un proceso de más de cuatrocientos años de amaigamiento cultural, nació otro cultura constructiva, mestiza, con una extraordinaria unidad, aún quizás más hermosa que la que había en Europa para dejarnos joyas de la Arquitectura y del Urbanismo que gracias a las leyes de Indias, hicieron posible el milagro donde el mundo mágico religioso y creativo de los aborígenes, unido a siete siglos de cultura árabe, del Norte de Africa subyacente en España, nos dejará los monumentos que hoy son patrimonio de la Humanidad: Cartagena, Ouro Preto, Potosí, Quito, Mompós, Antigua, Trinidad, La Habana Vieja, Sucre, etc. Unido a todo el bagaje arquitectónico del Caribe con la nueva arquitectura tropical que holandeses, ingleses, franceses y después norteamericanos aún en sus campamentos mineros o del Canal de Panamá nos dejaron un legado extraordinario que debemos estudiar, profundizar y readecuar a los tiempos modernos, no para hablar del folclorismo o de transposiciones "postmodernas", sino para cimentar nuestra identidad, buscar nuestras raíces como lo hicieron los Mayas o los Tiahuaracos y después con otro discurso lo repitieron los europeos al crear el modelo tricultural americano.
¿Qué elementos debemos rescatar en la vivienda y el urbanismo?
Primero, la estructura gregaria de organización social, el perfecto equilibrio con la naturaleza.
El invento del patio, el corredor, los balcones y la plaza, como elementos de comunicación, de adecuación al clima y alta calidad bioclimática.
El uso de los materiales del lugar con la sabia lección ancestral de los primeros habitantes, tomada por los colonos europeos y en un sincretismo cultural elevando su calidad.
Y algo por demás trascendente, sobre todo por la profunda crisis que vivimos. EL CARACTER AUTOGESTIONARIO DE LA VIVIENDA, que va desde las formas populares de organización para la fabricación de la vivienda, tomados de la cultural ancestral como son la Cayapa, el Convite, la Mano vuelta, y hoy las cooperativas.
Así como el carácter autosuficiente de la vivienda, productora de oxígeno, son sus patios arbolados, de excelente clima con la exuberante vegetación y de alimentos que incluyen los huertos, los animales domésticos, cerrando todo un proceso de armonía hoy colapsado por el crecimiento brutal de las ciudades, por la ausencia de un desarrollo equilibrado del campo, por la aprobación de la tierra cultivable por grandes monopolios agrícolas, para crear los monstruos urbanos donde millones de seres sobreviven sin servicios, ocupando las faldas de los cerros o las quebradas en viviendas improvisadas, intentando sobrevivir, entre droga, insalubridad, y las arremetidas de los policías que los acorralan obligándolos a la autodefensa, colocando a la población humilde en el despeñadero de la delincuencia.
Ellos, esas masas empobrecidas, formadas por campesinos sin tierras, restos de la esclavitud, indígenas desarraigadas de su entorno cultural, conservan al menos una inmensa riqueza, que su identidad como pueblo, costumbres, ritos y destrezas heredadas de sus abuelos que nos permiten vislumbrar un futuro posible que unido a quinientos años de rebeldía, permiten pensar que el camino de la democracia pertenece, a ellos por entero, sencillamente porque son la mayoría. Ellos necesitan trabajo, productividad, capacitación para poder optar a una vivienda. Para ello solo caben los programas emergentes de autotransformación, concentrando la fuerza principal en la productividad que no es otra cosa que sobrevivir.
Para este estrato mayoritario de la población de nuestras ciudades, los políticos de turno acometen sus planes de "casas inhumanas" a veces en desarrollos de aparente calidad, donde esos pordioseros no califican para adquirir una vivienda que lógicamente pasa a los estratos superiores de trabajadores asalariados a clase media emergente. Son trampas politiqueras que usan a los pobres como carnada de su voracidad política, haciendo jugosas ganancias, incentivando la más alta corrupción.
Agregándose a esto la ausencia de tierras urbanas, trasladando las poblaciones de indigentes lejos de su área de acción comunitaria de los centros de trabajo, unido a los altísimos costos de los insumos, convirtiendo la tierra urbana en un jugosísimo negocio, muchas de estas soluciones, son almacenes de seres humanos, sin parques, sin productividad, sin posibilidad de hacerse a corto plazo propietario de una vivienda digna.
El desarrollo reciente de las megalópolis, como México, Caracas, San Pablo, Río de Janeiro, Buenos Aires, con gravísimos problemas de transporte, hacinamiento, polución, donde el automóvil es el rey de la ciudad, los problemas urbanos y humanos llegan a situaciones peligrosas, la pérdida de las relaciones interpersonales que se conservan en los barrios pobres, la aculturización, la dependencia, la pérdida de la identidad cultural unida a los vicios de la propaganda, la televisión y todos los medios de comunicación que aniquilan al habitante y lo llevan a los más altos niveles de estrés, conformando el síndrome urbano o metropolitano, donde los riesgos por terremotos, incendios, convulsiones políticas, impiden el desarrollo cabal de una sociedad, donde los niños son las primeras víctimas, nos lleva a reflexiones sumamente importantes a la hora de acometer programas realmente humanos de vivienda que reivindiquen al ser humano y le permita crecer, crear y soñar un mundo posible, a su alcance y no ser víctima fácil del fascismo y la manipulación.
Por ello, las tecnologías avanzadas, la ecología, la calidad de vida, pasa a un segundo plano, los problemas inevitablemente son totalmente POLITICOS y le toca al propio pueblo decidir su destino. En consecuencia, ¿ de qué vivienda hablamos ?
¿De la vivienda de los señores dueños de la tierra urbana, del dinero, de las fábricas, que hacen las lujosas mansiones que llenan las revistas de arquitectura, hechas por nosotros los arquitectos ?
¿ De las viviendas de las clases medias en proceso de empobrecimiento, hipotecadas por años, hacinadas en rascacielos inhumanos, esperando los terremotos, los huracanes, los incendios, en trampas de la muerte de lujosa apariencia ?
¿ De la vivienda de los obreros asalariados que reclaman el cumplimiento de sus contratos laborales para darles viviendas a veces inhumanas ?
¿ O viviendas para los millones de desamparados que conforman la realidad tremenda de nuestras ciudades sitiadas por campesinos sin tierra que le negaron una reforma agraria, que su problema fundamental es sobrevivir a esa horrenda miseria ?
El problema es pues más complejo que ofrecer "casas" simples objetos y no ofrecer "viviendas" donde se respete la dignidad humana, donde el hombre americano nos ha dado lecciones desde nuestros ancestros, de como hacer una casa digna, salida de la naturaleza, integrada a ella como un profundo hecho cultural, autogestionario y solidario que debemos emular, redescubrir y sobre todo reflexionar ante la hecatombe social que se avecina. El pueblo tuvo, tiene y tendrá capacidad endógena para asumir su rol de creador de su espacio habitable, unido a su dignidad, a su independencia, corriendo tras un fantasma: la alegría de vivir.
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