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| Revista Electrónica Nº 15 Mayo 1997 |
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Iglesia y Politica
Fernando Báez Duarte *
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El mundo cristiano de hoy es una simbiosis de la mal llamada cultura judeo-greco-romana. Mal llamada así, entre otras razones, porque ignora el ingrediente islámico. Sin embargo, la historia del cristianismo, y en particular, de la iglesia católica, es parte esencial de la historia de la antiguedad clásica, en especial de la etapa que coincide con los comienzos del imperio romano, al que había antecedido la república,la cual, a su vez, había aplastado la supremacia de Atenas, de la que tanto se nutrió culturalmente. Pero la historia del cristianismo podría estar entrando en proceso de declinación. A medida que las sociedades se hacen más prósperas y se insertan en el vertiginoso mundo de la ciencia y la tecnología, van poniendo a un lado, con indiferencia, las creencias y prácticas religiosas, sobre todo las doctrinas monoteístas, fanáticas y excluyentes, causantes de tantas guerras y matanzas. Eso es fácil de apreciar en muchos países europeos y en algunos asiáticos, como Japón, donde el cristianismo nunca logró penetrar masivamente. Esas religiones han ido quedando para consuelo y resignación de pueblos pobres y atrasados. Aquello que se llamaba el caldo de cultivo del marxismo, es decir, ' la miseria. en realidad es con preferencia el caldo de cultivo del catolocismo. Hay más de una similitud en los dogmas de ambos credos y sus vanas promesas de una vida bienaventurada. El marxismo nos ofrecía la felicidad en la tierra: la creación de un hombre nuevo en el paraíso terrenal del socialismo. El cristianismo ofrece algo más atractivo por misterioso y mágico: la vida eterna y gloriosa, a la diestra de Dios ... o el castigo eterno en las llamas del infierno para los insensatos pecadores que no se arrepientan a tiempo. Para ser justos, los males que ha esparcido por la tierra el cristianismo, especialmente su versión católica, apostólica y romana, pueden atribuirse también a las otras religiones monoteístas. Se alega que esas religiones, sobre todo la cristiana, se enriquecieron con el pensamieto de algunos griegos, como Platón y Aristóteles, algunas de cuyas tesis fueron hábilmente aprovechadas por los doctores de la Iglesia. Sin embargo, recordemos que el emperador Justiniano, el año 529 de la presente era, ordenó clausurar la Academia que Platón había establecido en Atenas más de siete siglos antes, con el sano, inocente y encomiable propósito de enseñar filosofía y matemática. La razón del arbitrario emperador: no le gustaban las escuelas que no fuesen confesionalmente cristianas. Semejante atropello, por razones distintas pero siempre nacidas de la intolerancia que se hizo consustancial con el catolicismo se cometería mas tarde con Galileo y con Fray Luis de León y con Juana de Arco, para hacer una lista brevísima, sin contar con la salvajada de la Inquisición,ejercicio con el que no se puede equiparar ni siquiera el Holocausto. No hay espacio aquí para citar las persecuciones, los abusos, crímenes, guerras y sufrimientos que el hombre ha tenido que padecer y sigue padeciendo en nombre de la religión o por culpa de ella. Nadie osaría negar que también hubo persecución contra los cristianos de los primeros siglos, pero en una medida mucho más reducida de lo que nos han conducido a creer, y no por motivos religiosos sino políticos. Numerosos autores, entre ellos nada menos que Edward Gibbon, se han encargado de poner en su justo lugar esa distorsionada queja, Tácito, testigo presencial, quien era un hombre equilibrado y no un fanático, calificaba a los primeros cristianos en Roma de "notoriamente depravados"; al cristianismo no lo consideraba una religión sino "un movimiento", con evidente connotación política, y lo llamaba también "aquella diablura" y "la mortal superstición" Es que los cristianos de los primeros siglos no pedían, simplemente, el derecho a disfrutar de una libertad de cultos que el imperio romano, con amplia tolerancia y liberalidad, no le negaba a nadie. Aquellos cristianos querían abiertamente el poder político total y de paso el económico, ¿o es que las riquezas. del Vaticano, del Opus Dei y de muchas órdenes religiosas no son prueba suficiente? Para eso no se fundan religiones sino partidos políticos o se organizan conspiraciones militares. Y eso era precisamente lo que hacían en Roma aquellos iniciados, congregados en la oscuridad y en el secreto de sectas que sabían muy bien cuál era el verdadero objetivo. En cuanto pudieron hacerlo, se organizaron en un Estado, el Vaticano, que pretende ser tratado en pie de igualdad con las naciones constuídas, no como Iglesias sino como Estados. ¿Qué es, en fin de cuentas, el catolicismo? ¿Política o religión, riqueza material o humildad, ejércitos o ángeles, el más acá o el ms allá, César o Dios, cuerpo o alma? ¿Qué diría Cristo si hubiese visto a los Papas envueltos en conflictos militares, repartiendo el planeta entre los reyes que les rendían pleitesía, manteniendo amantes, y favoritos, rodeados de un boato y un lujo que los Césares romanos no llegaron a soñar, implantando una dictadura sobre la mente de los hombres, quemando inocentes, encarcelando y proscribiendo hombres sabios y buenos por decir que la tierra gira alrededor del sol? En cualquier caso, nunca sufrieron los cristianos, y sólo durante algo más de un siglo, nada comparable con los sufrimientos que sus dirigentes le han proporcionado al resto de mundo, incluidos millones de cristianos, durante más de 1600 años. Desde Constantino para acá, pasaron los cristianos de presuntos perseguidos a verdaderos perseguidores. Si se le permitiese mano libre, la Iglesia Católica volvería a tomar las riendas exclusivas y excluyentes de la política y de la educación del mundo, para llevarnos de vuelta a la época de las cavernas. En el pasado abusó de poderes . omnímodos en la educación Y en la economía de casi todo el mundo occidental, dirigía ejércitos, las cortes europeas y sus posesiones de ultramar, y era el Papa la última instancia de poder político en el mundo. Ahora vuelven a las andadas, al menos en nuestras débiles repúblicas, con enormes masas humanas agobiadas por la pobreza creciente y ávidas de encontrar válvulas de escape a sus carencias. Nada hay más peligroso en estos tiempos que el afán de los jerarcas. católicos de Venezuela por inmiscuírse en los asuntos públicos y en la conducción del Estado, estimulados por políticos hipócritas que ven el tema religioso como un filón del cual se extraen votos Y buenos resultados en las encuestas, y también por empresas de todo tipo, bancos, industria, comercios, Y medios de comunicación complacientes, que aumentan sus ventas y ganancias promoviendo al Papa y a santas, beatas y candidatos a beatos, como artículos de consumo. Y los dirigentes religiosos, a su vez, medrando con el poder temporal para el logro de sus propios objetivos oscurantistas. Regresamos a los panes et circenses de Roma. No hay tema que les sea ajeno, aún aquellos en los que su ignorancia es monumental, Pontifcan a diario sobre la inflación, las reservas internacionales, la agricultura y la cibernética, sobre los conflictos internacionales, y hasta sobre el sexo, que es de lo que menos deberían saber. Y rara vez les oímos hablar en torno a lo que debería ser su única misión: la salvación de las almas. Es posible que, en su fuero interno, hayan llegado a la sana y sensata conclusión de que las almas no tienen salvación. Cuando el hombre ha logrado tener en órbita un telescopio, el Hubble,. que nos está proveyendo de pruebas factuales del origen del universo tan distinto al de los cuentos infantiles del primer día, el segundo día ... y el séptimo día descansó todavía estos parásitos vestidos de negro y púrpura o disfrazados de seglares, continúan embaucando a los incautos con leyendas bíblicas o de la Baja Edad Media, Ni Orígenes, el gran maestro bíblico de los primeros siglos, aceptaba del todo los mitos de Adán y Eva, de la resurreción (ni de Lázaro ni de Cristo) y tantos otros mitos y supersticiones. Las evidencias arqueológicas o la ausencia de ellas ya han despejado dudas. No hay pruebas, por ejemplo, de la existencia real de Moisés. Abraham tampoco fue un personaje físicamente histórico. Su paso por la tierra no dejó la más mínima huella ni rastro alguno. Seguimos las orientaciones del atraso medieval y ahora hasta hay gobiernos en el mundo que, en una suerte de nueva alianza con la dirigencia religiosa, promueven la difusión de la mentira anticientífica, y le hacen creer a los pobres que en la fe irracional está la solución de sus problemas, a sabiendas de que ninguna oración ha logrado salvar a nadie de un problema de salud física mental o económica. Sólo la ciencia, el esfuerzo de la mente y del cuerpo, pueden enfrentar juntos los restos que plantea la naturaleza Y descifrar Y resolver sus misterios. Sólo así progresará el hombre. No rezando. Economista, ex-embajador de Venezuela en Japón y Alemania Email editorva@cs.internet.ve |
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