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| Revista Electrónica Nº 15 Mayo 1997 |
El Gobierno Contra los Niños Carlos Ball | |
MIAMI (AIPE).- A menudo oímos sobre la codicia y el materialismo como parte integral de la economía de mercado, por lo cual se argumenta la necesidad de refrenar sus peores abusos a través de regulaciones gubernamentales para proteger así a la ciudadanía, especialmente a los más débiles. Veamos un cuadro real. Difícilmente podríamos encontrar personas más débiles, vulnerables y desdichadas que los niños abandonados por sus padres. Unos 650.000 de ellos están actualmente en orfelinatos, bajo un sistema de "bienestar" infantil del gobierno que cuesta $12.000 millones al año. Una tercera parte de estos son fondos federales y casi todo el resto proviene de los estados. Al dividir esa inmensa suma de dinero por el número de niños llegamos a la equivocada conclusión de que al gastarse un promedio de $18.461 por niño, estos deben estar en óptimas condiciones. Hasta que mis hijos entraron a la universidad, jamás me costaron ni lejanamente tanto dinero y seguramente los suyos, por más consentidos que estén, tampoco le cuestan esa fortuna anualmente. Pero la burocracia sigue pidiendo más dinero para estos programas, prometiendo poder así enderezar los entuertos. El diario San Francisco Chronicle reporta que el costo de orfelinatos aumentó 400% en los últimos 10 años y el estado de California gasta en ellos $635 millones al año. La realidad es simplemente dantesca, me cuenta Conna Craig, presidenta del Institute For Children, una fundación privada en Cambridge, Massachusetts. Conocí a Conna hace tres años y desde entonces he seguido con interés su obra humanitaria. Ella sabe muy bien de lo que habla porque ingresó de muy pequeña en uno de esos hogares, con una familia que cuidaba a 110 niños huérfanos o desamparados, hasta que a principios de los años 70 fue adoptada por la misma familia. Los datos recolectados por Conna Craig son impresionantes: más de 50.000 niños están actualmente disponibles para ser adoptados, pero bajo los perversos incentivos del sistema gubernamental, donde los orfelinatos son remunerados según el número de niños que albergan, simplemente no conviene que los niños bajo cuidado institucional consigan padres adoptivos. En el ámbito privado las cosas son totalmente diferentes. Las agencias de adopción cobran cuando consiguen juntar a padres que buscan niños en adopción con niños sin padres y con la ilusión de salir de una vida institucionalizada e ingresar a una familia normal y corriente. Las víctimas no son sólo los cientos de miles que pasan su niñez sin el cariño y la atención de amantes padres adoptivos, sino también el inmenso número de parejas que debido a largos y complicados trámites burocráticos se les dificulta al máximo conseguir el niño de sus sueños. Por eso, el número de niños bajo el sistema estatal está creciendo 33% más rápidamente que el número total de niños en la población de Estados Unidos. Así, cada año,15.000 jóvenes se "gradúan" de orfelinatos al cumplir 18 años, sin haber sido adoptados y, según la American Civil Liberties Union, 40% de ellos terminan recibiendo asistencia pública al no lograr emplearse. Conna Craig dice que no es cierto que las agencias privadas de adopción tienen éxito sólo colocando niños saludables, blancos y bonitos: "todo niño es adoptable y hay largos registros con nombres de familias listas para adoptar, inclusive a los niños más emocionalmente perturbados o con graves problemas físicos. Y las políticas de adopción gubernamentales fracasan totalmente en su objetivo fundamental, que tendría que ser colocar rápidamente en hogares permanentes a los niños que están legalmente disponibles". Ella cuenta el caso de John, un niñito flaquito de 10 años, cuya pasión es el béisbol y que tiene años esperando ser adoptado. John, muy consciente de lo que lo rodea dice: "estoy envuelto en todo tipo de programas, pero lo que necesito es una mamá". Son los tentáculos de la burocracia con sus innumerables barreras regulatorias y legales los que mantienen a John fuera del alcance de los brazos de una mamá dispuesta a quererlo y a criarlo con el cariño que todo niño se merece. El gobierno, con todos sus miles de millones de dólares y sus legiones de sociólogos, abogados y trabajadores sociales, no se rige por el sentido común al alcance de la madre más joven e inexperta, quien bien sabe que lo que más necesita un niño es el amor de una familia, lo mismo que un hogar estable y permanente. De lo que podemos estar seguros es que esta tragedia humana no hubiese alcanzado las actuales proporciones si en lugar de los perversos incentivos establecidos por el gobierno se permitiera el funcionamiento espontáneo de arreglos voluntarios entre personas libres, para proceder de la manera más conveniente. Eso es lo que el "libre mercado" significa. Que algunos de los participantes sean bondadosos y otros codiciosos no es lo importante. Pero, cuando hay escasez de medicinas, empleos, buenas escuelas o de niños en adopción seguramente es un problema creado artificialmente por malos gobiernos y peores leyes que no permiten que la gente haga lo que más le conviene. © * Periodista venezolano, director de la agencia de prensa AIPE. Ball.AIPE@worldnet.att.net |
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