Esta Semana
Revista Electrónica       Nº 15     Mayo 1997
Esta Semana

Ganaron los laboristas

Alberto Müller Rojas

Poca cobertura y muy escasos comentarios tuvo el triunfo del laborismo inglés en las elecciones del pasado 10 de mayo. Ciertamente en nuestra sociedad se ha perdido el interés, no sólo por las grandes cuestiones que muestran las tendencias Optimizado fundamentales que se debaten en el mundo, sino para: incluso por los significativos asuntos que están en discusión en nuestro propio país. Y lógicamente, los medios de comunicación social, y quienes somos 'opinadores de oficio', que dependemos del favor público, tenemos que orientar nuestra acción hacia los temas que pueden llamar la atención de las mayorías. Ciertamente lo puntual. Lo que informa y comentan los acontecimientos cotidianos con efecto inmediato en la vida del ciudadano, es lo que interesa. Allí es donde se centra la atención, sin que ello signifique que el venezolano promedio haya perdido esa universalidad que ha asombrado a importantes visitantes desde el viaje de Humboldt al país el siglo pasado.

Tal situación es coyuntural. Ella es el resultado de una profunda frustración y de graves carencias que colocan el problema de sobrevivencia inmediata, por encima de cualquier otro asunto que tenga impacto en el tiempo, o que se desarrolle en otras latitudes que ahora nos parecen lejanas. Empero, al que ciertamente interpreta su tarea de 'opinador', como una con un sentido profundamente pedagógico y a los medios que comprenden acertadamente su papel en el proceso de aprendizaje social estas cuestiones tienen que tener un espacio, pues seguramente no se podrá avanzar en la búsqueda de soluciones a nuestra situación de estancamiento si no nos ubicamos en el planeta y en los tiempos en los cuales vivimos. Y, en este sentido la victoria laborista en Inglaterra, es tal vez uno de los mejores indicadores de la dirección que están tomando los asuntos en el mundo.

Nadie puede dudar que el éxito de Tony Blair es una reacción contra el largo dominio de los conservadores que se abrazaron al neoliberalismo para usarlo como una mascarada progresista, a fin de mantener la rigidez de las estructuras sociales británicas. Pero no se puede negar el éxito de los conservadores, que supieron esa imagen, al entender que, en el mundo actual, la búsqueda del bienestar y el confort, una cuestión que en el Estado benefactor era esencialmente criticada y considerada producto del vicio y la corrupción, son los valores que mueven a las nuevas generaciones. La oferta de prosperidad que ofrecen todos los conservadores del mundo es suficientemente atrayente, como lo fue también y lo es nuestro medio, de allí el rechazo de la población a las instituciones tradicionales_ la desmitificación de las instituciones tradicionales, convertidas en verdaderas sanguijuelas, desde la Monarquía hasta la Iglesia de Inglaterra. La Tatcher produjo la lección de que nada era sagrado. Pero simultáneamente con ello, adicionalmente al desmejoramiento del sector trabajador, la visión globalista propia del neoliberalismo, produjo, en los sectores altos de la sociedad, y transmitida a la población en general, una pérdida de afecto hacia el país, traducida en una insensibilidad hacia los problemas locales.

Se generó una diáspora masiva de británicos (por supuesto de las clases beneficiadas) hacia todo el mundo: esos mismos sectores estaban felices de permitir que las firmas francesas se adueñaran de su propia industria de aguas: contentos de ver el fútbol italiano en TV y satisfechos de buscar su retiro en las soleadas playas españolas. Desde luego una descapitalización de la sociedad inglesa en su conjunto.

De allí que, como lo afirma la revista Newsweek, el llamado al patriotismo de Blair fuese la clave que aseguró su éxito, y el éxito de su partido laborista. Sin embargo, no rompió la herencia económica tatcheriana orientada hacia la prosperidad y el bienestar, manteniendo la tendencia hacia la baja en los impuestos a costa de una disminución sostenida del gasto gubernamental y la profundización de los cambios institucionales, que Blair propone realizar mediante un cambio constitucional que incluye la abolición de los derechos a votar en la Cámara de los Lores de los nobles hereditarios, la descentralización y una Ley de Derechos Sociales, que sería su propio legado revolucionario para la Gran Bretaña. Se trató simplemente del triunfo de la lógica. Es un hecho que lo que ha dado en llamarse la tercera revolución científica, productora de la automatización y robotización, ha desarrollado la creencia, por cierto no lejana a la posibilidad práctica de realizarse, de la liberación del hombre de la esclavitud de la economía, así como la revolución industrial lo liberó de los imeprativos geográficos. De modo que no es racional reprimir las aspiraciones de prosperidad y bnienestar del hombre de hoy.

Pero del mismo modo, resulta ilógico pensar que semejante prosperidad y bienestar se puede lograr armonizando la economía global, a costa de la desorganización de las economías de los países. Es por ello que revivir la idea del patriotismo debidamente actualizada resulta lógica para la mayoría que se ve empobrecer frente a la opulencia de los sectores globalizados.

El Universal Caracas, martes 20 de mayo, 1997

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