Esta Semana
Revista Electrónica       Nº 15     Mayo 1997
Esta Semana

Los medios y la paz

En buena hora convocado por la Unesco, ha concluido recientemente en Puebla, México, un importante encuentro de directores y editores de principalísimos periódicos de América Latina, que deja como resultado unas memorias de debates fructíferos, inteligentes y constructivos y una declaración que, ciertamente, ha de convertirse en obligada referencia cuando se trate de analizar las responsabilidades y compromisos de los medios de comunicación, en particular, las contribuciones de la prensa escrita en la construcción de una cultura de paz.

Federico Mayor, director de la Unesco y bien reputado como uno de los humanistas más importantes en el fin de siglo, en brillante conferencia de instalación señalaba, sin vacilaciones, el imperativo colectivo que representa la búsqueda de la paz, al propio tiempo que advertía la relación forzosa entre el empeño de conquistar la paz y los caminos que se transitan para lograrla. La paz, decía Mayor, sólo se gana con los instrumentos de la paz; es decir, con el diálogo, el entendimiento, la tolerancia, el respeto por las opiniones ajenas, el ánimo de reconciliación y la generosidad.

Y no se trata de propender por el unanimismo. No. Lejos de eso, se trata de construir escenarios y procedimientos de convergencia que con la referencia tutelar señalada por la búsqueda de un mundo mejor, permita a los pueblos transitar colectiva y armónicamente, por vías cimentadas en el bien común y en el reconocimiento y vigencia de los postulados fundamentales de la democracia y la libertad.

De lo anterior se desprende ðy así lo entiende EL TIEMPOð que el ejercicio de la libertad de expresión, de la libertad de opinión, de la libertad de prensa, impone a sus titulares, y en especial a los medios de comunicación, unas responsabilidades frente a las comunidades receptoras de sus mensajes y frente a los pueblos en los que proyecta su influencia, que deben estar guiadas por motivaciones sólidas de solidaridad y de ética ciudadana.

Asi o catálogo de libertades y derechos que soportan y amparan el ejercicio de la actividad periodística, cobrará pleno sentido y tendrá cabal vigencia, cuando aquellos se traduzcan ðen todo el Continenteð en herramientas prodigiosas para el fortalecimiento democrático, la pacificación y el progreso de todas nuestras naciones.

A ultranza defenderemos la libertad de prensa y con firmeza seguiremos levantando nuestra voz frente a todos los actos, agentes, determinaciones y procesos que atenten contra ella, pero comprendemos que la legitimidad de su ejercicio solamente puede descansar en que ella misma sea honrada jornada tras jornada.

* * *

Más allá de las consideraciones teóricas, en momentos de crisis, o en presencia de circunstancias históricas, se puede advertir la sinceridad del compromiso de los medios de comunicación en la construcción de una cultura de la paz y, con la comprobación de su desempeño, se puede apreciar con hechos concretos la fortaleza de este propósito.

Fue el caso, precisamente, de los esfuerzos efectivos de las comisiones binacionales de periodistas peruanos y ecuatorianos que encontraron acuerdos eficaces para que las páginas de sus diarios no sirvieran de incubadora de odios y rencores entre los dos países a la hora del conflicto, sino que, en cambio, aclimataran sentimientos de hermandad y cordialidad. Y alcanzaron éxito notable.

Los medios de comunicación en Colombia tienen, frente al doloroso conflicto interno, una obligación similar. Y una oportunidad inmediata en el episodio en curso de la liberación de los soldados secuestrados por las Farc y del cubrimiento de tal proceso, a partir del despeje de las zonas convenidas.

Hacemos eco al llamado que se ha formulado a los medios de comunicación para que valoren adecuadamente la sensibilidad de la hora, el impacto de su actividad, y para que procedan en consecuencia.

Para contribuir con la protección de la vida de los soldados los medios deben proceder con serenidad y mesura, con cautela y responsabilidad, con sentido patriótico y visión histórica. No importa la "chiva", no hay cabida para protagonismos personales, ni para desbordamientos periodísticos. Están en juego la vida de los soldados y la posibilidad de recuperar puentes de entendimiento hacia la paz, en estos momentos cruciales en los que todos los colombianos de hoy, como lo harán también los del mañana, estarán atentos a comprobar si estuvimos o no a la altura de las exigencias del momento.

EL TIEMPO Domingo 25 de mayo de 1997

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