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| Revista Electrónica Nº 15 Mayo 1997 |
| Francia al día siguiente | |
Los resultados de las elecciones francesas encierran muchas enseñanzas sobre las imprudencias cometidas por algunos hombres políticos, pero reclaman, a la par, un análisis minucioso de las cifras que ofrece el escrutinio, para medir con justeza lo sucedido contra pronóstico. La primera consecuencia de unos resultados poco previsibles de vísperas sería el indiscutible fracaso de la coalición gubernamental, compuesta por el Reagrupamiento para la República (RPR) y la Unión para la Democracia Francesa (UDF), que disfrutaban en la anterior legislatura de la aplastante mayoría de 480 escaños en la Asamblea Nacional y podrían encontrarse en minoría después de la segunda vuelta de unas elecciones anticipadas, convocadas por el presidente Jacques Chirac, con la seguridad de ganarlas y garantizar así un cómodo quinquenio hasta el final de su propio mandato en el año 2002. Los cálculos le han salido mal a Jacques Chirac, porque los mítines electorales, desarrollados en plena indiferencia popular cuando era imprescindible explicar a las gentes lo inexplicable, provocó entre los habituales votantes RPR-UDF un reflejo de malhumor que ha repartido una buena parte de los votos del centro-derecha entre la miriada de grupúsculos políticos aparecidos en las listas, a conciencia de que practicaban un «voto inútil» a efectos políticos, pero servían como testimonio del castigo que el votante quería aplicar al centro-derecha. Los números cantan: el porcentaje habitual de votos favorables al centro-derecha estaba situado hasta ahora alrededor del 39 por ciento, mientras el domingo faltaron 8 puntos para alcanzar la cota de Chirac y Balladur en las presidenciales de 1995. La realidad de la votación francesa es que ha perdido el centro-derecha y, por consiguiente, el centro-izquierda, capaz de guardar sus anteriores porcentajes de adhesiones, se encuentra en una posición favorable frente al segundo turno del 1 de junio, pero esa ventaja no la consigue por el apoyo fervoroso de una nueva marea popular que empujase hacia arriba sus últimos resultados electorales, porque el bloque de socialistas y comunistas se limita a repetir las cifras de la elección presidencial de 1995. La aritmética muestra con claridad que en Francia ha sufrido una derrota el centro-derecha porque pierde, pero no existe impulso ascendente, en términos electorales, de la izquierda, limitada a guardar sus viejas posiciones, aunque sea evidente que, mientras uno se hunde y otro se mantiene, este último ocupará una posición de fuerza. Chirac y sus aliados no tienen perdidas, al menos en teoría, todas las posibilidades para evitar la definitiva derrota parlamentaria, pero nadie puede esperar, después de los resultados de la primera vuelta, que su hipotética mayoría, si las cosas marchan bien, tenga el peso numérico que garantice un Gobierno fuerte ante el Parlamento, cuando tantos problemas se levantan en la historia de los pueblos europeos, para llegar al final del siglo con la Moneda Úni-ca como divisa continental. © Prensa Española S.A: Diario ABC de Madrid el 27 de mayo de 1997 |
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