![]() |
| Revista Electrónica Nº 15 Mayo 1997 |
La Ineficacia de los Reformadores. Ramón Piñango. Columnista | |
Poco a poco, en los últimos años se han ido configurando movimientos sociales --algunos de ellos estructurados formalmente, otros no-- que tratan de presionar para cambiar aspectos importantes de la sociedad venezolana, tales como la manera de hacer política, la educación, la salud, la economía, la justicia, la prestación de servicios públicos, el manejo de los entes públicos, etc. Es más, con esos movimientos han aparecido en escena personas y grupos que tratan de conformar un liderazgo capaz de impartirle dirección y efectividad al esfuerzo que muchos realizan para cambiar la insatisfactoria situación actual. Las exigencias de las demandas y las expectativas que se han creado acerca de lo que Venezuela puede ser, en mucho sobrepasa lo poco que se ha logrado avanzar. Las viejas maneras de hacer las cosas siguen reinando... como si nada. Es notoria la ineficacia de los movimientos promotores de transformaciones importantes en el país, y de sus líderes. ¿Qué explica esa ineficacia?. Las razones de tan preocupante incapacidad para actuar con impacto en la realidad son diversos. Señalemos aquí dos factores de índole psicosocial que, de alguna manera, pueden ser controlados por la voluntad de las personas. Se trata de una ambivalencia y de una aversión. La ambivalencia ocurre en relación con la actividad política. Los reformadores denigran de la política, se comportan ante ella como si fuera una actividad necesariamente sucia, indigna de la gente honesta. Pero, al mismo tiempo, envidian la fuerza de los políticos, los siguen muy de cerca, están pendientes de sus opiniones, tratan de acercarse a ellos. Lo que es muy significativo, ensayan jugar a la política, aunque al más mínimo revés se retiran con el rabo entre las piernas, echando pestes contra los políticos. La aversión a la política se explica, en parte importante, por una aversión aún mayor: la aversión al riesgo. Por riesgo me refiero a la posibilidad de enemistarse con alguien, de enfrentar a personas o grupos, de perder alguna ventaja social --por ejemplo, a hacer negocios--, de no contar con la simpatía de los medios de comunicación, de no gozar de la bendición de personas de poder. Asdrúbal Romero diría, que hablar de ''aversión al riesgo'' es incurrir en un eufemismo para no referirse a la verdadera explicación: el miedo, el simple y vulgar miedo. Sea por aversión al riesgo, o por miedo, el hecho es que nuestros reformadores brillan por ser muy comedidos, por su cuidadosa actuación, por el milimétrico cálculo del riesgo en que pueden estar incurriendo al tratar de promover alguna reforma. De este modo, no es raro que sus propuestas de cambio luzcan poco interesantes, que no logren crear entusiasmo y que parezcan tímidas ante la magnitud de los problemas. Podría argumentarse que los movimientos reformadores y su liderazgo han sido ineficaces por razones históricas. Porque no se han dado las condiciones sociales para que ocurran los cambios deseables. Porque nadie puede adelantar el reloj de la historia, empujar los procesos, precipitar los acontecimientos. Además, no es posible establecer cuánto tiempo se necesita para llevar a cabo una reforma a fondo, digamos, como ejemplo, en el sistema jidicial. Es verdad, carecemos de evidencia y de teorías sobre las sociedades humanas que nos permitan establecer los lapsos requeridos para que determinados procesos se lleven a cabo. Sin embargo, este argumento no puede ser utilizado como excusa para justificar la ineficacia en la acción reformada de una sociedad. Así como no sabemos cuánto tiempo se necesita para lograr un objetivo de cambio, tampoco sabemos si estamos en medio de condiciones propicias para promover con éxitos los cambios deseables. Las oportunidades para la acción en buena parte son ''construidas'', las percibe el buen olfato político. Hacer camino donde no hay camino es una virtud cardinal de un buen político, al menos de un político eficaz. Reconocer el inmenso valor de esa virtud es condición necesaria para el éxito de los reformadores sociales. El Nacional 20 de Mayo de 1997 |
![]() | |||
![]() |
![]() |
![]() |
|
![]() | |||