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| Revista Electrónica Nº 15 Mayo 1997 |
¡Ganamos! Guillermo Santos C. | |
El hecho de que importantes columnistas editoriales comentaran extensamente el triunfo de Deep Blue, el megacomputador de IBM, sobre Kasparov, me tiene muy contento. Ya no soy el único con la responsabilidad de difundir la tecnología en las páginas editoriales. ¡La máquina ganó! Este es un hecho incontrovertible y en mi opinión muy valioso. Pero no tiene que desvelar a la gente. Lo que no los deja dormir son las visiones sobre un futuro dominado por las máquinas -que si lo piensan bien no estaría mal ya que ellas no hacen componendas políticas, acabarían totalmente con la guerrilla, no despilfarrarían los dineros del erario público, aplicarían justicia según las leyes, acabarían con el narcotráfico y mejorarían las calles de las ciudades, entre muchas otras cosas no van a ocurrir. Entonces para qué mesarse los cabellos. Se les pueden caer. Me parece que este hecho constituye una muestra del gran beneficio que pueden tener los grandes computadores para los seres humanos y la sociedad. Esa gran capacidad de cómputo, guiada por las instrucciones de un programa desarrollado por el hombre, tiene infinitas aplicaciones que pueden servir para solucionar muchos de los problemas actuales. No se nos puede olvidar la ida a la Luna, el ciberespacio, los vehículos espaciales que se lanzan al éter como si fuera cosa de todos los días, el correo electrónico. Tampoco podemos negar su efecto positivo sobre el hombre y su desarrollo. No me sorprende la victoria de Deep Blue sobre el genio del ajedrez. La máquina es infinitamente paciente, no se deprime ni se exalta, no se enferma ni se preocupa y además cuenta con el conocimiento de miles de partidas que le permiten escoger siempre la mejor jugada. Me atrevería a afirmarles a mis estimados y preocupados columnistas que Deep Blue nunca volverá a perder. Se vienen los desarrollos de la realidad virtual, pero no para hacer el amor como lo afirma mi colega y hermano Francisco Santos, a quien se le había olvidado que el primero que lo hizo así fue Woody Allen en su película El Dormilón (Sleeper) sino para penetrar en volcanes simulados para hacer estudios ambientales o navegar por el espacio sin físicamente estar en él o sumergirse en las oscuras y frías aguas de los océanos para estudiarlos sin tener que mojarse un solo pelo. El futuro va a ser mejor porque la tecnología de la informática y de las telecomunicaciones va a servir para mejorar el actual, para generar comunidades virtuales y desarrollar sociedades en formas que no imaginamos. Todo va a cambiar. Educación desde la casa, trabajo desde cualquier parte del mundo, países virtuales, investigaciones científicas en las que los que participan se comunican por el ciberespacio y suman así sus inteligencias, serán parte de este nuevo futuro. El comercio va a cambiar. Banca virtual, compras desde sus hogares, bibliotecas virtuales, grandes repositorios de información que pueden ser consultados por cualquiera que posea un computador, son apenas la punta del iceberg de las transformaciones que el mundo va a sufrir. La mayoría positivas. Por lo tanto, señor Kasparov y señores columnistas, no sigan hablando mal, acepten esta derrota y prepárense para muchas más. Correo electrónico: guisan@eltiempo.com.co EL TIEMPO Lunes 19 de mayo de 1997 |
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