Cabezal Sociedad
Revista Electrónica       Nº 15     Mayo 1997
Sociedad
La Estupidez

Gonzalo Himiob

La psicología analítica fundamenta su teoría en el hecho de que existe en los seres humanos un nivel en el cual todos somos uno, es el "Unus Mundus" o, el estrato del Inconsciente Colectivo. Para C.G. Jung el Inconsciente Personal, paradigma de la escuela psicoanalítica de Sigmung Freud y nivel psíquico donde se acumulan todas aquellas experiencias no toleradas por el colectivo consciente y aquellos impulsos que, en razón de su incompatibilidad con la vida consciente y los requerimientos de la educación, son violentamente reprimidos, "es una suerte de negligencia." Sostiene Jung, que una persona debe ser capaz de elaborar y conocer este estrato y así permitir, que la constelación arquetipica que constituye su verdad, pueda fluir libremente, para que podamos cumplir nuestro destino el cual, en última instancia, es el venir a ser lo que intrinsecamente somos, es decir, hacer el camino de la individuación, cumplir nuestro mito, nuestro cuento.

En el Inconsciente Colectivo se encuentran engramadas las experiencias de la evolución. Representa una especie de reservorio inagotable de sabiduría y una fuente siempre disponible para la vida. Si los contenidos del Inconsciente Personal son las pulsiones y experiencias reprimidas; los contenidos del Inconsciente Colectivo son los Arquetipos. Los Arquetipos son patrones de aprehension, formas eternas y modelos de vida, se corresponden a la concepción platónica de las "eidos," las ideas universales, que sin forma definida modelan nuestro existir.

A nosotros, seres humanos sofisticadamene pensantes, nos resulta repugante saber, que aquellas pasiones e instintos que guían la danza de las abejas, el vuelo de los pájaros, el voltear de de los "rueda pelotas," etc., sean similares los que motivan nuestro estar en el mundo.

La fórmula arquetipal, "El Daemon" soterrado que gobierna mi vida, se consteliza para producir esa unicidad compartida que soy. La educación y la historia personal conflictúan mi devenir. No puedo negar su emergencia, y la traición a lo que soy, en esencia, produce la enfermedad y la muerte.

Si podemos ser, si armonizamos con nuestra entelequia, nos colocamos en el camino de nuestra mismidad; mismidad que no es necesariamente feliz y romanticamente sobrevalorada, como podría promover algunas escuelas de la "Nueva Era" (New age) o ciertas pseudo-academias psicológicas (incluidas las sectas Junguinas, Freudianas, Lacanianas, humanistas, etc.) que promueven la búsqueda de la individualización y el encuentro con el Self como paradigma de la felicidad.

Este último párrafo da pie a que entremos al motivo del presente trabajo: La estupidez Humana, creo que ella subyace en muchas de las conductas que mostramos en la vida. Para mi ha sido asombroso el descubrir que hay tanta estupidez en el mundo y en la historia: la traida de Negros Africanos a nuestras colonias para evitar que los Indios Americanos fueran esclavizados, los terribles holocaustos de las guerras, los suicidios masivos tipo Jimmy Jones, Waco o el último en San Diego. Los mítines políticos donde personas pensantes y relativamente cultas, son poseidas por una histeria masiva. La estupidez del Capitalismo al eliminar del panorama mundial al comunismo, provocando una suerte de desbalance estructural., etc. Me hacen pensar en que algo colectivo se encuentra debajo de este actuar bobalicón. La estupidez del hombre parece ser arquetipal.

Los cazadores de monos, colocan un huevo salcochado en el hueco de un árbol, el mono lo agarra y al querer sacarlo, el puño cerrado no sale por la hendidura, en su avaricia el mono no suelta el huevo, ella sería su única forma de escapar, y es fácil presa del su captor. De la misma forma los seres humanos nos aferramos a las antiguas fórmulas, a los gobiernos tradicionales, a las frases preconcebidas, al "más vale malo conocido que bueno por conocer," votemos por "los hombres con experiencia," sin darnos cuenta de que son los mismos que provocaron la situación actual, y así damos pie a la emergencia de la estupidez.

Las huestes Hitlerianas destruyendo Europa y sumiendo al mundo en un baño de sangre, la incapacidad para actualizar nuestra vida y adaptarla al siglo XXI, la creencia ciega en la palabra escrita, los prejuicios raciales, la dificultad del hombre para entender que es en el trabajo y la reflexión creativa donde el alma crece, son otras muestras de la tesis que sustento.

En mi quehacer como terapeuta y analista, topo tantas veces con la estupidez, la propia y la ajena, y me sorprende verla actúar en forma autónoma, una y otra vez, en nuestra alma. Me he visto estúpido cuando una persona acude a mi consulta y me fascina con su discurso o con su éxito.

Recuerdo la epifanía mi complejo de imbecil cuando creí que trabajando en una instancia gubernamental y colaborando con mi experiencia, podía contribuir al desarrollo del país y a brindar mejores opciones a nuestra juventud. Me entregué de lleno, al final salí con las tablas en la cabeza. Al cabo de cierto tiempo volví a entrar por las puertas del organismo en cuestión y me encontré con los mismos porteros, los mismos choferes que impasiblemente cobraban sobretiempos que no trabajaban, en ellos había una sonrisa que no se si tildar de vacua o de ironía. Mi estupidez seguía actuando de acuerdo y mi paranoia me alertaba.

En otra ocasión fuí a una población de la costa venezolana, allí se llevaba a cabo una experiencia de autogestión pesquera, ante el éxito de la labor, los politicastros de la región se dedicaron a ofrecer, con sonrisa insulsa y frases grandiosas, "Escuelas, Liceos" y cualquier otra forma de demagógicas tentaciones. Todos estabamos fascinados por la generosidad de las ofertas. De pronto un viejo pescador, sabio de años, se levantó y con voz firme y suave preguntó: "Y, después que estudien, ¿quien va pa' la mar?"

La erudicción y la cultura son cosas tan distintas ¡Refugiarse en los libros olvidando la verdad del vivir es la forma más sofisticada de la estupidez. Somos, sin embargo, tan propensos a caer en ella!

Estar poseido por la "Persona", —Se llama Persona a la caparazón con la cual nos disfrazamos, aquellas formas que queremos creer que somos y con las cuales nos mostramos al mundo o con las cuales creemos que el mundo nos quiere— es estar disociado de la esencia del Ser. La "Persona" son los trajes con que nos vestimos. Ellos son útiles en la medida que podamos usarlos, dejan de serlo cuando ellos nos usan y se ponen en nosotros.

Resulta tan familiar el ver a la "Persona" actuar! Paises, pueblos y familias se destruyen por los valores de esa "Máscara." Pensar en individual es sin embargo un pecado contra lo comunitario, es mejor creer y vivir de acuerdo a los patrones del colectivo consciente y objetivo. La mayor de las faltas es el tener una consciencia subjetiva.

No es posible concebir a la estupidez sin paralelamente entender que los seres humanos necesitamos de la aceptación de los demás. Ella se disfraza de poder, honor, dignidad, egoismo, avaricia, seducción, etc. La lamentable imagen de un profesor haciendo el imbécil ante sus alumnos, cuando les exige más de lo que ellos pueden dar, la del maestro que les dice que 20 solo tiene el libro, o quién se vanagloria de suspender más del 50% de la clase, cuando su deber es enseñar y no demostrar sus conocimientos, ó el que trata de de usar su cátedra como instrumento para la satisfaccion de sus miserias, con ello se destruyen y dañan. Ellas son muestra de la posesión por lo externo, por el poder y por lo estúpido.

No creo que estemos exentos de caer en estas posesiones. Todos y cada uno de nosotros puede ser víctima de sus pasiones y necesidades. El saber que se encuentran allí nos da al menos la esperanza de trascenderlas.


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