Cabezal Ciencia y Tecnología
Revista Electrónica       Nº 16     Junio 1997

Del Financiamiento Público a la Ciencia y las Patentes de la Industria.

Rafael Rangel Aldao

El 73% de la base de conocimientos que usan las empresas privadas para formular sus patentes en Estados Unidos provienen de proyectos financiados con fondos públicos. Así lo demuestra la Fundación Nacional de la Ciencia (National Science Foundation, NSF) de ese país a través de un estudio que realizó el instituto CHI Research, y que fué reseñado hace un par de semanas en un importante diario estadounidense1

El estudio, culmina más de 17 años de investigaciones de esta firma consultora sobre los fundamentos de las patentes industriales, y esta vez analizaron 397.660 patentes registradas en dos períodos recientes, 1987-88, y 1993-94. Los investigadores de CHI se fijaron en las referencias bibliográficas que tienen en su portada cada una de esas patentes y de allí extrajeron 242.000 publicaciones de las cuales el 80% habían sido publicadas en los últimos once años. Luego, usando varios bancos de datos pudieron relacionar a 109.000 de esas referencias con las revistas de mayor impacto científico y con las direcciones de los autores de esos trabajos. Después de eliminar redundancias, los investigadores se quedaron con una lista de 45.000 trabajos claves para ser analizados en la bibliotecas. Allí encontraron varias cosas interesantes.

En el sector biomédico, por ejemplo, los trabajos claves citaron como fuentes de apoyo a tres instituciones públicas o de filantropía, como el Instituto Nacional del Cancer (National Cancer Institute), la Sociedad Americana contra el Cáncer (American Cancer Society), o la Marcha de los Diez Centavos (March of Dimes). En física, el financiamiento provino principalmente de la propia NSF, y de la NASA. Los detectives bibliográficos de CHI acotaron aún más su blanco de acción y apartaron todas las patentes provenientes de universidades o institutos públicos o privados, para concentrarse solo en empresas privadas nacionales o extranjeras.

De un total de 2.841 patentes registradas entre 1993 y 1994, aparecieron 5.271 citas bibliográficas de las cuales el 73% habían sido escritas en instituciones públicas ya sean éstas universidades, laboratorios, o institutos gubernamentales, tanto de Estados Unidos como del exterior. Lo interesante, además, es que la industria solo citó sus propias contribuciones en un 20,4% de todas las referencias bibliográficas. Más sorprendente aún fué el caso específico de International Business Machines, la famosísima IBM, quien a pesar de su reputación de ser una de las mayores productoras de patentes del mundo entero, solo se refirió a su propio trabajo en un 21% de las fuentes bibliográficas!.

El artículo del NYT cita a varias personalidades del mundo científico, industrial, y político de los Estados Unidos solo para corroborar la enorme importancia y trascendencia que tendrá este estudio, y que será publicado en una prestigiosa revista de la Universidad de Sussex en Inglaterra, Research Policy, pero que ya circula en forma de manuscrito en los exclusivos círculos de la industria, la ciencia y la tecnología estadounidenses. Aquí en Venezuela, este autor no pudo resistir la tentación de examinar sus propias patentes registradas en el extranjero, solo para encontrar que, efectivamente, en dos campos tan diferentes como el de las enfermedades infecciosas, y en el de alimentos, las citas a laboratorios con financiamiento público superaron el 80%...

Los hallazgos de CHI, pueden ser sorprendentes para los fundamentalistas de la privatización de la ciencia, o para los congresantes republicanos de los Estados Unidos quienes en su afán de bajar el déficit fiscal para el 2.002, pretenden disminuir en un 20% el presupuesto federal para la ciencia y la tecnología, que este año ronda por los 65 millardos de dólares. Pero, supongamos que lo de la privatización es el camino correcto a seguir, y que tienen razón los que defienden esa tesis como como el inglés Kealy2, o nuestro dilecto colega y amigo Kerdel Vegas3. Ello supondría que siendo la ciencia de capital importancia para el desarrollo tecnológico, una disminución del apoyo público actual tendría como consecuencia mayores desembolsos del sector privado para así mantener su nivel de innovación y competitividad.

Analicemos esta hipótesis tomando en cuenta otro substancioso estudio de la NSF, presentado al Presidente Clinton por el National Science Board, y publicado el año pasado con el título de Science & Engineering Indicators, 1996. Allí aparecen todas las estadísticas sobre la ciencia y la ingeniería estadounidense y las tendencias de la industria en cuanto al financiamiento de la innovación se refiere. Bueno, resulta que a partir de 1987 y hasta 1995, decayó sensiblemente el apoyo del gobierno federal a la investigación y desarrollo industrial privado. Es decir, que en la década precedente a 1987, de fuerte apoyo federal, la I+D industrial crecía a una tasa promedio de 6,5% para luego decaer a menos del 1,5% cuando se aplica el freno gubernamental. Ese financiamiento directo a la industria (en forma de subsidios o grants), que venía siendo del órden de 30,8 millardos de dólares en 1987, cayó a 22,1 millardos en 1995. Así que, contrariamente a la hipótesis privatizadora, la disminución del apoyo (catalítico) del gobierno a la industria, produce menos crecimiento y menos I+D privada.

El gobierno estadounidense, sin embargo, está consciente de esta situación y por esa razón fracasaron todos los intentos para disminuir aún más el presupuesto de ciencia y tecnología para 1997 y para 1998. Además, existen programas especiales para apoyar la I+D en la pequeña y mediana industria como, por ejemplo, The Small Business Innovation Research, SBIR, que en 1993 otorgó hasta 700 millones de dólares en proyectos de innovación para pequeños empresarios.

En Venezuela, la tendencia privatizadora aún no se manifiesta pero ya los seguidores a ultranza del liberalismo hacen presión para llevar al Conicit, por ejemplo, a que sea adscrito al nuevo Ministerio de Industria y Comercio. De esa manera, aquél quedaría estancado en una pequeña gaveta gubernamental que lo desvincularía del amplio panorama al cual debe atender la ciencia y la tecnología. Afortunadamente, y según informaciones no confirmadas de la prensa nacional, ha sido el propio Presidente de la República quien le ha bloqueado el paso a esa tendencia, frenándola en seco. Lo que debería ocurrir, más bien, es la conversión del Conicit en un gran fondo para el apoyo a la ciencia y la tecnología nacional, adscrito a una oficina presidencial con un ministro al frente. Desde allí podría coordinarse un gabinete sectorial tecnológico4, que estimule y coordine el apoyo y la utilización de la ciencia en el desarrollo del país. Un gabinete así acaba de organizarse en Argentina, y en España (país con el más alto índice de crecimiento científico de Europa) funciona desde hace años la Comisión Interministerial de Ciencia y Tecnología con amplias facultades que ayudan desde la industria hasta la política exterior. Ojalá que los candidatos que ahora se asoman para la próxima contienda presidencial tomaran este tema como algo importante a considerar para el futuro gobierno de Venezuela.

1

Study finds publicly financed science is a pillar of industry. The New York Times, May 13, 1997

2

Kealy, T. (1996) New Scientist, 203, June 29.

3

Kerdel Vegas, F. (1996) Analitica, No. 7, Septiembre

4

Rangel Aldao, R. (1994) El Gabinete Sectorial Tecnológico, Economía Hoy, pp5, 5 de enero.



email: rrangel@empresas-polar.com
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