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| Revista Electrónica Nº 16 Junio 1997 |
| Venezuela y Colombia ¿por qué no una nueva unión? |
| El Embajador de Colombia en Venezuela,
Mario Suárez Melo, nos presenta en este número de Venezuela
Analítica una visión positiva del significado de una alianza
para el progreso binacional. En verdad, hace falta que tanto en Colombia como en Venezuela muchas personas se dediquen a la tarea de construir un futuro mejor para nuestras naciones. De nada nos sirve resaltar sólo los aspectos negativos que existen a ambos lados de la frontera y en particular los daños que se están causando, en esa, cada vez más importante y aparente "tierra de nadie" que se interpone entre los dos países. No se trata de negar lo obvio, ni tampoco maquillar lo inadmisible. Sin embargo, más allá del narcotráfico, de la guerrilla, de la corrupción, y de la violencia en general, está una realidad ineludible. Somos y seremos para siempre vecinos, hablamos un mismo idioma, tenemos una historia compartida y sobre todo un potencial inagotable de crecimiento si logramos unir nuestros esfuerzos en la lucha común para no quedar rezagados en un mundo -valga la redundancia- cada vez más global. El sueño de Bolívar, de vernos como una sola nación, fue abortado por ingratitudes y falta de visión de los venezolanos y neogranadinos de su tiempo. Eso nos ha costado caro a ambas naciones, tanto en los respectivos ámbitos internos como en nuestro posicionamiento frente a una realidad internacional en constante evolución. Hoy, las cosas están mejor porque al menos nuestras dos naciones, al fin, se están viendo frente a frente y no como ocurrió durante gran parte de nuestras vidas republicanas, de espaldas, con una ignorancia recíproca del valor del otro. No cometamos de nuevo el error de privilegiar lo circunstancial para condenar la conducta que no nos satisface y dejar de lado la necesidad de luchar juntos para vencer las taras que nos agobian. Ni Colombia ni Venezuela están bien. Los respectivos indicadores internacionales del nivel educativo, de competitividad, y de productividad, dejan mucho que desear; sin embargo, el coraje que tuvieron, hace menos de una década, unas pocas personas con visión de Estado, en los gobiernos, en las empresas, y en el mundo de la cultura, permitieron crear esta nueva realidad, que bien denomina el embajador de Colombia el progreso binacional. Debemos explorar ese camino, ser constantes y no tener miedo a los obstáculos actuales y a los muchos que aparecerán en el horizonte. Venezuela y Colombia, juntas, son en realidad una futura gran nación. No dejemos que lo negativo nos integre de una manera perversa. No permitamos que el egoísmo y la ignorancia impidan hacer hoy, lo que El Libertador no pudo hacer ayer. |
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