Introducción
Por resolución de la XVII sesión del Comité del Patrimonio
Mundial, Cultural y Natural, adscrito a la UNESCO, promulgada en Cartagena
de Indias el 9 de diciembre de 1993, la ciudad de Coro ha sido incluida
en el listado de bienes que conforman el Patrimonio Cultural Mundial.
Este reconocimiento internacional a los valores plurales de la ciudad raíz
de Venezuela viene a confirmar la importancia y la significación
que la ciudad tiene para la historia de la formación urbana de América,
para la historia de la arquitectura en general y para la historia venezolana
en particular. Viene a ratificar los valores contextuales de su centro histórico
y viene a premiar la tesón, la constancia y la fe de quienes siempre
hemos creido en la necesidad de conservar su características urbanísticas,
su arquitectura, su entorno, sus tradiciones, su cultura y su gente.
El centro histórico de Coro, como valor colectivo de la población
que vive en la ciudad, es hoy Patrimonio de la Humanidad.
Según la definición del Coloquio de Quito, dada a conocer
en la reunión PNUD-UNESCO de 1977, los centros histórico son
"aquellos asentamientos vivos, fuertemente condicionados por una estructura
física proveniente del pasado, reconocibles como representativos
de la evolución de un pueblo". Lo importante de esa definición
es la de dar a entender que los valores del pasado no interfieren en la
continuidad de vida del centro histórico y que la vida, más
bien, es condición indispensable para su existencia.
El centro histórico es una parte de la ciudad, con frecuencia la
que ostenta el porcentaje más bajo del área urbana total,
pero la que irradia una fuerza identificadora excepcional.
En efecto, es la parte que más identifica a la ciudad y la parte
con la que se identifica su población. El centro histórico
de Coro tiene un carácter definido y diferente dentro del repertorio
de ciudades venezolanas y en él se concentran los testimonios significativos
de las fases culturales que se dieron a través del tiempo. De todos
los tiempos, porque no es correcto tener preferencia para un determinado
período frecuentemente limitado por lapsos temporales o acontecimientos
históricos. Los valores no se miden con fechas y un centro histórico,
como el de Coro, despliega sus valores en la sum de testimonios tangibles
estratificados por la historia y por el tiempo.
Hasta hace pocos años prevalecía el criterio de conservar
unicamente lo que pertenecía al período colonial, como si
después de la Independencia no se hubiera producido nada que mereciera
ser resguardado. En Coro hay valiosos testimonios constructivos del siglo
XIX y del siglo actual que merecen la misma atención protectora de
los monumentos coloniales. Hace más de treinta años que la
acción protectora y conservadora ha dejado de concentrarse en el
monumento aislado porque advirtió que sólo con la protección
total del centro histórico se logrará la comprensión
total de los paradigmas arquitectónicos y culturales.
La torre neogótica de la iglesia de San Francisco y la casona de
Santa Rosa, ambas levantadas en el primer tercio de este siglo, son tan
importantes para el conjunto como lo son las casas coloniales y las casitas
anónimas, a veces insignificantes y, al mismo tiempo, tan necesarias
para la valoración del contexto.
La totalidad del centro histórico debe ser el objeto de la política
conservacionista ya tal efecto debe contemplar la protección de los
testimonios de todas las épocas. Al mismo tiempo, es preciso controlar
las intervenciones nuevas evitando las proposiciones que buscan el contraste
y, más bien, auspiciar las soluciones analógicas que, sin
renunciar a su contemporaniedad, revelan calidad y posibilidad de coexistencia.
La llave metodológica para determinar la intervención está
en la misma arquitectura existente y en el mismo centro histórico
que queremos conservar. La intervención debe formularse desde la
condición esencialmente arquitectónica y, por eso, debe mantener
un diálogo con la arquitectura del pasado que le permita intuir lo
que aquella requiere. La intervención, como operación estética,
es una proposición de la imaginación libre y creadora que
busca reconocer y entender no sólo las estructuras significativas
del material histórico existente, sino también su aprovechamiento
como matríz analógica para la nueva concepción y convivencia
con el patrimonio construido.
Es siempre más aceptado por todos que el Municipio debe tener una
ingerencia importante y constante en la conservación de los centros
históricos. Hay más, el Municipio debe ser el responsable
de la conservación no sólo de los monumentos sino de la homogeneidad
urbanística y arquitectónica del área sometida a normas
especiales de salvaguarda.
El Municipio, como gobierno local, por ser el nivel gubernamental más
descentralizado, es -según Hardoy y Gutman- "el que está
en contacto más directo con la vida cotidiana de la población
y con sus problemas y, en teoría, es el más accesible para
los habitantes de la ciudad". De ahí que los Municipios que
tienen un patrimonio histórico deberían considerar que la
conservación del mismo sólo es un servicio público
más que prestará a la comunidad.
Ahora bien, actuando en Coro, como Patrimonio de la Humanidad, los Alcaldes
deben despojarse de sus compromisos políticos. Coro es patrimonio
cultural y sólo con una actitud de cultura deben enfocarse sus problemas
conservacionistas.
En 1961 salió mi libro "La arquitectura colonial de Coro', la
primera publicación dedicada totalmente a los monumentos de la ciudad.
Para mi fue el resultado de incipientes investigaciones y observaciones
hechas como profesor de historia de la arquitectura de la Facultad de Arquitectura
y Urbanismo de la Universidad Central de Venezuela. Mi interés para
la arquitectura de Coro y alrededores comenzó hace cuarenta años
y aquel libro reflejó el temprano interés que siempre ha despertado
en mi la ciudad raíz de Venezuela.
El libro que hoy ofrezco como homenaje a la ciudad de Coro, sale a los 33
años de aquella edición. Retoma los argumentos y sigue las
huellas del primero pero añade observaciones e informaciones nuevas
y, sobre todo, ilustraciones que ofrecen una comprensión más
clara y amplia de los valores urbanísticos y arquitectónicos
de la ciudad.
Lo único que no ha cambiado es el cariño que siempre he tenido
para esa ciudad. |

El claustro del convento de San Francisco, visto desde
la galería superior
Centro hitórico de Coro

La catedral de Coro, restaurada en 1958

Desde comienzos del año 1959, la catedral ha vuelto
a tener su austeridad y su sencillez

El áside ochavado de la Catedral de Cartagena de
Indias (Colombia)

Vista del patio de la casa Senior

Detalle de la llamada casa del Sol

La portada de la casa de la Congregación de las
Siervas del Santísimo, ubicada en la plazoleta de la cruz de San
Clemente
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