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| Revista Electrónica Nº 16 Junio 1997 |
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Guerra asume seguir los pasos del líder socialista, que renuncia harto de que los dirigentes del partido se aferren a los cargos Emilia Gutiérrez | |
MADRID. -- La renuncia de Felipe González a continuar en la secretaría general del PSOE y en la ejecutiva abre una etapa de incertidumbres en ese partido, y pone a los delegados en el XXXIV congreso federal ante la responsabilidad de encontrar un sustituto al que ha sido su líder durante 23 a-os y configurar una dirección para un periodo que se prevé de transición. Casi ninguno de los 945 compromisarios que ayer acudieron al Palacio de Congresos de Madrid se esperaba el anuncio. Creían asistir a un cónclave que giraría en torno a la exclusión de Alfonso Guerra. Se encontraron con un congreso trascendental y con la obligación de ponerse manos a la obra para conseguir que la travesía del desierto sea corta y culmine con éxito. Un largo silencio de estupor Los delegados estaban perplejos con el balance de los últimos 20 años de gestión --desde la oposición al Gobierno y la vuelta a la oposición-- que González realizaba en su discurso de apertura. Empezaron a preocuparse cuando le escucharon decir: "Ni el partido ni los ciudadanos me deben nada; al contrario, yo se lo debo todo". Pero la conmoción llegó con el anuncio: "Debéis saber que no seré candidato a la secretaría general". Entonces, se produjo un largo y solemne silencio de estupor. Aunque algunos de los dirigentes más cercanos al líder socialista temían desde hace días lo que finalmente ocurrió, parece que González sólo comunicó formalmente su decisión, en la noche del jueves, al presidente del partido, Ramón Rubial. Ningún barón fue informado con antelación. Quería que su anuncio sirviera de revulsivo. Y parece que lo consiguió, dando la vuelta al rumbo del congreso. Quería y quiere forzar la renovación de un partido que, tras casi catorce a-os en el gobierno, se muestra agotado e incapaz de afrontar un proceso de cambio que le permita innovar su proyecto. Está por ver si la etapa de posfelipismo abierta logra ese objetivo. El convencimiento de González de que él es "el tapón" que impedía esa renovación se fue consolidando en los últimos meses al ver cómo afrontaba el PSOE este congreso y cómo muchos dirigentes se aferraban a sus cargos. No sólo Guerra, sino prácticamente todos en la estructura piramidal de partido. Por eso, adelantó una decisión que había pensado plantear a medio plazo, asumiendo sólo un mandato más en la secretaría general. "Pilotar la sucesión, como me piden algunos, no es propio de partidos democráticos con una veta libertaria como el nuestro", dijo. En la nueva etapa que ha abierto, González incluso ha rechazado ocupar la presidencia del partido, en contra de lo que algunas delegaciones, especial mente la del PSC, querían. Los socialistas, con todo, siguen aferrados a la posibilidad de que continúe como candidato electoral, pero no parece probable que lo haga. La salida de Guerra, sin embargo, es segura. Pero si González desactivó la reacción que su hasta ayer número dos tenía preparada para este congreso, también es cierto que le echó una mano, al acompa-arle en la marcha. Cumple así uno de los deseos del que fue durante tanto tiempo su amigo y que hace ya a-os dijo: "Felipe y yo entramos juntos a la política y nos iremos juntos". Pero además, pidió al partido "consideración y respeto" para él, porque "sigo apreciando a los compa-eros con los que he luchado". Guerra tardó poco en tirar la toalla y vaticinó en los pasillos que seguirá los pasos de González, con la intención de llevarse a barones por delante. "Una generación que dirigió el partido durante muchos a-os va a dar paso a otra generación y lo lógico es que esta renovación personal llegue también a otras muchas personas", dijo el ya ex número dos. Pero no sólo la salida de Guerra pasó a un segundo plano; también todas las cuitas precongresuales sobre si habría barones en la ejecutiva o si ésta sería reducida o ampliada. Aunque persiste la duda de si González arrastrará en su marcha a buena parte de los dirigente territoriales que querían aferrarse a sus puestos en la ejecutiva, desde la una de la tarde de ayer, la única preocupación es buscar un sustituto para la secretaría general. Todos parecen decididos a conseguirlo y a evitar, por tanto, que el congreso acabe con una gestora ante la imposibilidad de encontrar sucesor. Los líderes territoriales se encontraron de golpe con esta responsabilidad. Ayer mismo comenzaron las reuniones, que podrían ser permanentes hasta la misma ma-ana del domingo. La tarea que tienen por delante no es fácil, y más cuando han perdido la mano milagrosa de González, que ya ha anunciado que no intervendrá en su sucesión. De momento, se barajaban muchos nombres. El de Joaquín Almunia
suena con más fuerza, pero él no quiere aceptar. Se habla
también de Manuel Chaves, que lidera la federación más
numerosa del PSOE. Pero de ser el elegido debería renunciar a la
presidencia de la Junta de Andalucía. Josep Borrell, Pasqual Maragall,
Ramón Jáuregui o Francisco Vázquez aparecen también
en el baile de candidatos. Nadie se atreve todavía a hacer apuestas,
convencidos de que puede pasar cualquier cosa. Pero, sobre todo, se lamentan
de que el adelanto en el anuncio de González provoca un cambio radical
de planes, porque de haber esperado un par de a-os su sucesor habría
sido el secretario general de la OTAN, Javier Solana, a quien, sin embargo,
consideran todavía posible candidato electoral. La Vanguardia de Barcelona 21/06/97 |
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