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| Revista Electrónica Nº 16 Junio 1997 |
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| Los siete ricos más Rusia | |
Editorial La "cumbre" del Grupo conocido como G-7 que agrupa a los países más poderosos en términos económicos de la tierra abre las puertas del club con motivo de su XXIII convocatoria a la Federación Rusa para cambiar en tan solemne ocasión la vieja matrícula por la de G-8 que, a partir de ahora, deberá presidir las futuras citas de este organismo donde ya figuran Japón, Canadá, Estados Unidos, Alemania, Francia, Italia y Gran Bretaña. Boris Yeltsin estará presente en Denver para recoger la recompensa de haber aceptado en París la ampliación de la OTAN y consolidar la inclusión de Rusia en el círculo privilegiado de las grandes potencias. A continuación, solicitará el ingreso en la OCDE, para terminar el proceso de homologación como miembro de la Organización Mundial de Comercio, los dos grandes objetivos de la Rusia actual, necesitada de ocupar plaza en todas las instituciones económicas donde se agrupan los países obedientes a las reglas de la economía de mercado. Resulta natural que Rusia participe en las reuniones de Denver, porque por encima de las dificultades que padece su actual organización económica cuando alguien sea capaz de regular los disparates de una transición llevada con excesiva rapidez y numerosos sobresaltos, Rusia tendrá que ocupar un puesto destacado en la economía mundial. Hay demasiadas riquezas esparcidas a lo largo de su gigantesco territorio para aplazar por más tiempo su inclusión en el círculo privilegiado de las economías más fuertes, en cuyo interior y con agendas de trabajo muy flexibles, todos hablan de sus particulares problemas y reciben información de primera mano sobre el futuro de los mercados mundiales, más agitados que nunca ante las grandes transformaciones que aguardan en la linde del siglo XXI a los sistemas claramente obsoletos, en cuyo interior crecieron las economías de la última mitad del siglo presente. Los líderes políticos reunidos en Denver tienen sobre la mesa una interminable agenda de puntos a tratar, entre los cuales pueden seleccionarse tres fundamentales: las perspectivas de crecimiento, medidas para garantizar la estabilidad de los mercados financieros siempre amenazados por la especulación y ayudas a los países en vías de desarrollo. Profundizar en el estudio de estos tres grandes asuntos no ha sido nunca tarea fácil, pero es evidente que durante los tiempos actuales las cosas se complican, cuando hace falta combatir los efectos perversos de las rivalidades nacionalistas en numerosos escenarios dispersos en varios continentes, sin olvidar al terrorismo y a las células del crimen organizado por encima de las fronteras. Frente a la dimensión de los problemas que afectan a la estabilidad del mundo moderno, sólo una acción conjunta y sinceramente solidaria entre todos los grandes podrá encontrar remedio a desafíos que alcanzan magnitudes planetarias. El foro de Denver puede aportar algo en la lucha del orden frente al desorden. Es lo que hay que pedirles a los socios del poderoso y novísimo G-8. El País Digital de España |
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