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| Revista Electrónica Nº 16 Junio 1997 |
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Hague derrota a Clarke y se convierte en el jefe más joven del Partido Conservador Alvaro Vargas Llosa | |
Londres. Los "tories" británicos tomaron la decisión sorprendente, y en buena cuenta histórica, de colocar a un hombre de 36 años, William Hague, a la cabeza del Partido Conservador. Unir a un partido dividido hasta la médula y reconstruir una organización desmoralizada por el triunfo aplastante del laborismo son las tareas hercúleas que tiene delante el nuevo dirigente "tory". No es tan joven como William Pitt, pero, representa un recambio generacional espectacular. Hague se propone, en un partido cuyos dirigentes y cuadros pertenecen a generaciones mayores, dar un vuelco a su imagen de cara a un país que acaba de votar masivamente por el joven Tony Blair y su remozado Partido Laborista. Al aceptar el encargo de su partido, luego de derrotar a Kenneth Clarke por 92 votos contra 70 (una ventaja muy superior a la que se esperaba), Hague hizo un dramático llamamiento a la unidad y prometió que ofrecería a todas las corrientes de opinión una representación en el Gabinete "en la sombra", aunque advirtió claramente que esperará de sus colaboradores la aceptación del principio de "responsabilidad colectiva", es decir la unanimidad con respecto a la línea política en todos los temas, incluida la moneda única. Consciente de que la ausencia de un liderazgo efectivo y de una disciplina férrea permitió que el partido se entregara a la guerra civil bajo el mando de John Major, Hague ha optado por desmentir la indefinición y la cualidad amorfa que sus adversarios le atribuían, pero ha tomado también el riesgo de provocar la rebelión de los euroentusiastas. Muchas incógnitas Está por verse si logrará esa disciplina o si, por el contrario, las guerras intestinas y las rebeliones derribarán a este joven líder y provocarán unas nuevas elecciones internas antes de los comicios generales del año 2002. Hague ofreció ayer a Kenneth Clarke, el ex ministro de Economía de 56 años que compitió con él en la última vuelta, un puesto importante en el Gabinete "en la sombra", pero el ex ministro de Economía declinó el ofrecimiento. Dijo que no lo hacía en señal de rechazo a la obligación, impuesta por Hague, de suscribir todas las política que adopte el Gabinete "en la sombra", sino porque, al no haberse convertido en jefe, prefiere, después de 26 años de servicio en Gabinetes y Gabinetes "en la sombra", dedicarse a su labor parlamentaria. El acento de Hague "en este país donde los acentos lo dicen casi todo sobre las personas" es del norte del país, concretamente de la región del sur de Yorkshire donde nació y se crió, aunque ha sido matizado por la experiencia londinense. Juega a favor de Hague el que se educara en un colegio público en Greasbrough, una localidad minera tan laborista que se la llamaba "la república socialista de Greasbrough", donde su familia, la única conservadora en la zona, administraba un modesto negocio de bebidas. Se educó luego en Oxford gracias a una beca, y jugó allí un papel prominente en la política universitaria decantándose claramente por el ala liberal del conservadurismo, en la época en que Margaret Thatcher empezaba a cambiar su partido. En 1977 Hague se coló en la retina del país cuando, a los 16 años, dio ante el Congreso de los tories un discurso radical y "thatcheriano" avant la lettre del que todavía se tiene memoria. Luego de un período en la consultora McKinsey, entró al Parlamento en 1989 por una circunscripción de Yorkshire. Desde entonces ha servido como secretario privado del ministro de Economía y como ministro para Gales, algo que hace de él el menos experimentado de los candidatos que postularon para la jefatura. Dulce victoria El triunfo de Hague es también una dulce victoria, casi una venganza, para Margaret Thatcher. La Dama de Hierro salió en el último minuto a pedir, en términos dramáticos, el voto por el flamante líder. Lo que quería Thatcher, tanto como poner a Hague en el asiento del jefe, era cerrarle el paso a Kenneth Clarke y su principal soporte, Michael Heseltine, el hombre que forzó su caída hace ya siete años y a quien nunca perdonará la traición. En los últimos días, Hague, en un tono menos radical que Redwood, se ha ido decantando por una posición euroescéptica en el tema de la unión monetaria, algo que permitió a Thatcher en la última vuelta de estos comicios jugársela enteramente por él y volcar a favor suyo el grueso de los votos que había tenido Redwood en la segunda vuelta. Prensa Española S.A |
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