Esta Semana
Revista Electrónica       Nº 16     Junio 1997

Esta Semana

Neoliberalismo de hecho

Octavio Lepage

El combate encarnizado entre fundamentalistas neoliberales y fundamentalistas antineoliberales presenta en Venezuela características muy peculiares. Una de las más resaltantes es que los contendientes ignoran por completo la realidad del país. Se mantienen en un plano estrictamente teórico, a contrapelo de las realidades nacionales. Aunque el tema está pasado de moda, fenómeno que sucede en Venezuela con frecuencia, quizá valga la pena tratar de definir con cierta precisión los rasgos esenciales del neoliberalismo, a fin de que la opinión pública sepa más o menos a qué atenerse, y como disuasivo a que se pretenda utilizar el mote de 'neoliberal' con intención maliciosa o descalificatoria en la confrontación interpartidista e intrapartidista.

Quienes están en capacidad de realizar ese esfuerzo definitorio, por tener amplios conocimientos en materia económica, deberían animarse a realizarlo, para contribuir a informar y orientar a la opinión pública, en este año preelectoral, propicio para tratar de sembrar desconcierto y confusión. Nuestro propósito hoy es de señalar algunas situaciones de hecho, reveladoras de que por debajo de los esquemas teóricos existen realidades concretas que en cierta forma los desvirtúan o no se pueden enmarcar en los casilleros dogmáticos.

Según el neoliberalismo (al igual que el liberalismo clásico), el Estado debe confinarse a aquellas funciones básicas garantizadoras de la seguridad personal, el orden, el respeto a la ley y, a su manera, el bienestar de los ciudadanos. Según tal doctrina, la multiplicación de las funciones del Estado, bajo la influencia de las teorías socialistas, y sobre todo, para enfrentar el desafío que significaba el comunismo y la Unión Soviética, constituyó una deformación que en definitiva resultaba contraproducente, por generar más bien atraso económico, con las secuelas negativas y perturbadoras que lo caracteriza. El neoliberalismo, que viviera su fase de esplendor con los reinados de Reagan y la señora Thatcher, hoy está sometido a revisión, a ajustes mitigadores del malestar social que al parecer genera inevitablemente cuando sus principios se aplican con excesivo rigor y contundencia. La recuperación política de los partidos socialistas europeos, con los llamativos triunfos de Tony Blair, en Inglaterra; y de Leonel Jospin, en Francia, serían atribuibles, según calificados analistas, a ese acentuado malestar social, con elevadísimo desempleo, generado por gobiernos ortodoxamente neoliberales.

De acuerdo a las características básicas del neoliberalismo, como doctrina de gobierno, Venezuela sería un país donde se ha ido aún más allá del neoliberalismo, en el proceso de miniminización del Estado. El proceso miniminizador se inició hace tiempo, pero ha llegado a su apoteosis en los tres primeros años de mandato del presidente Caldera.

Una de las funciones del Estado, que los neoliberales no cuestionan, es garantizar la seguridad de las personas y de los bienes. De allí la expresión Estado-Policía, que en doctrina se utiliza para definir esta concepción. Pues bien, ante la ineptitud evidente y patética del Gobierno para ejercer satisfactoriamente esta función básica, no delegable, han proliferado las empresas privadas de seguridad. La abundancia de casillas de vigilancia en las segmentadas áreas urbanas del país ofrecen una imagen plástica de la anormal situación, la cual debe llenar de perplejidad a los turistas que nos visitan. El contingente de efectivos encuadrados por las empresas privadas de seguridad supera a los contingentes policiales, lo cual resulta realmente insólito, incluso para los neoliberales de uña en el rabo.

Aun en los países ortodoxamente capitalistas, con o sin neoliberalismo, el Estado sostiene un sistema de educación pública, a los distintos niveles, abierto a todos. Ni a Reagan ni a la Thatcher se les habría ocurrido eliminarlo. Pues bien, en Venezuela la educación pública viene siendo sustituida, lenta, pero inexorablemente, por la educación privada. Sobrevive el cuerpo de maestros y profesores, buena parte del tiempo en conflicto por reclamaciones salariales a un gobierno maula, que no paga lo que debe, y los maltrechos edificios destinados a albergar los institutos de enseñanza, sin ni siquiera vigilancia para impedir su desvalijamiento periódico. El resultado lamentable es que aún las familias de limitados ingresos restringen el presupuesto destinado a alimentación y a cubrir otras necesidades básicas, para poder educar a sus hijos en colegios privados, muchos de los cuales, por cierto, operan bajo el signo de la piratería docente.

También los países capitalistas, neoliberales o no, sostienen un sistema de salud eficiente y completo. Eso en Venezuela, donde también funcionara en épocas anteriores de manera bastante satisfactoria, en la actualidad se ha derrumbado casi por completo. En los noticieros de televisión se ven a diario escenas desgarradoras de venezolanos sin recursos que acuden a nuestros hospitales, encontrándose que estos no tienen ni siquiera yodo y algodón, a pesar de que las reservas internacionales ya se acercan a los veinte mil millones de dólares, marcando récord. La desesperación está empujando también a la gentes de poco recursos a afiliarse a planes de seguros médicos promocionados aparatosamente, con ofertas que deslumbran, sin verificar la solvencia de las empresas que promocionan esos prospectos. Hay que recordar aquellos bancos que, en el apremio de captar ahorros, llegaron a pagar tasas de interés superiores a 100%, con el desastroso resultado que se conoce. Pareciera que las superintendencias no funcionaran como es debido, corriéndose siempre el riesgo de caer en trampas cazabobos.

La limitación de espacio nos impide seguir mencionando situaciones reveladoras de que el Estado venezolano está en proceso de extinción paulatina, indetenible a menos que las elecciones del próximo año sean el punto de partida de gobiernos más eficientes y menos corruptos, aptos para utilizar los inmensos ingresos que proporciona el petróleo en mejorar de verdad el nivel y calidad de vida de los venezolanos. Y volviendo al tema del neoliberalismo, es obvio que debe evitarse la desaparición total del Estado, porque eso sí sería volver a la época de los dinosaurios.


El Universal, sábado 21 de junio, 1997
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