Esta Semana
Revista Electrónica       Nº 16     Junio 1997

Esta Semana

Efectividad del gasto

Rafael Díaz Casanova

El presupuesto nacional de Venezuela para el año 1998 se sitúa en el orden de casi dos billones de bolívares, pero se dice, en las declaraciones a los medios de comunicación, que si se incluyeran todas las partidas del gobierno central y de los entes descentralizados llegaríamos a la estratosférica suma de tres billones de bolívares, es decir, un tres seguido de doce ceros, suma difícil de escribir e imposible de imaginar.

Por otra parte, hemos leído comentarios sobre la proliferación del expediente de las mal llamadas 'fundaciones' que bien acobijadas al regazo del Estado y conectadas eficientemente a sus ubres llegan al también descabellado número de ochocientas.

Al ver este panorama nos surge una interrogante: ¿Cuál es la eficiencia de esos ingentes recursos que se asignan en los ministerios y se consagran en el Congreso Nacional?

Si repasásemos los nombres y los objetivos de dichas fundaciones, llegaríamos a la conclusión errada que supondría atendidas casi la totalidad de las necesidades de los habitantes del país. Esto, sin tomar en cuenta a los groseros recursos que se asignan a cada uno de los ministerios y entes descentralizados de la Administración Nacional.

Pero la realidad es bien distinta y nos encontramos que la gran mayoría de dichos presupuestos se gasta malamente en atender a una burocracia infinita que, como hemos dicho en otras oportunidades, sólo sirve para complacer a la pléyade de seguidores del cacique de turno y para entrabarse mutuamente e impedir un desempeño adecuado de los pocos que tienen mística y deseos de trabajar por el objetivo de su despacho.

Para mejorar esta situación, quisiéramos proponer que se pusiera en operación un sistema de medición de la eficiencia del dinero invertido en cada oficina de la administración y muy especialmente en los entes descentralizados y fundaciones que se nutren de la bondad y esplendidez del Estado todoprotector.

Para ello bastaría resolver un quebrado que tuviera como numerador al monto de recursos que llega realmente a los objetivos del programa en cuestión y como denominador a la totalidad de los recursos asignados para la operación. Si el resultado de esa simple división no sobrepasa un número prefijado, debemos llegar a la conclusión que la efectividad de dicha oficina debe ser cuestionada y los recursos que podrían asignarse a dicho programa deben ser reorientados.

Sin lugar a dudas que lo expuesto lo hemos llevado a un nivel de simplificación realmente exagerado, pero, lo hemos planteado así en aras de la facilidad de expresión del concepto. Los amigos del Norte tienen una expresión difícil o imposible de traducir 'accountability', ella tiene la virtud de expresar la necesidad de establecer los parámetros de medición que permiten determinar la eficiencia de una función. Ojalá nuestros dirigentes, tanto del Poder Ejecutivo como del Legislativo, quisieran hacerse eco de esta idea y dedicaran esfuerzos para establecer las bases necesarias para lograr la medición de eficiencia de los rubros que se asignan a los más diversos sectores del presupuesto nacional de manera que el inmenso chorro que lo conforma llegue con poca merma a sus beneficiarios que son todos los habitantes del país.

Establecer las formas de medición de cada uno de los capítulos que conforman el presupuesto de la nación, no es un trabajo fácil. Pensemos sólo en uno de ellos. La educación. Nadie puede estar en desacuerdo que se trata de la actividad fundamental para el país. Todos estamos contestes que el progreso de Venezuela tiene como condición ineludible el progreso de todos y cada uno de sus habitantes y éstos no lograrán dicho progreso si no se obtiene un nivel de educación, o como preferimos decir, de instrucción, que nos permita situarnos adecuadamente en el concierto de las naciones. También tenemos que estar de acuerdo que las cantidades de dinero que se han asignado a la educación en los últimos cuarenta años deben colocarnos entre los campeones de esta especialidad.

Nadie podrá sentirse satisfecho del rendimiento de dicho gasto. Cada medición que se realiza para determinar la calidad de nuestros educandos, su facilidad de comunicación, su habilidad numérica, su capacidad analítica, sus inquietudes hacia la investigación, su predisposición hacia las humanidades, nos defrauda. Entretanto, vemos cómo a la vera de esos presupuestos infinitos han proliferado los sindicatos que agobian a la función y transforman al ministro de Educación de Venezuela en el gerente de recursos humanos más ocupado del mundo, mientras excluye de sus pensamientos, por falta de tiempo, las necesidades del venezolano para acceder con una preparación adecuada al siglo XXI que, por cierto, comienza el 1o de enero de año 2001.

Dediquemos esfuerzos serios e importantes en la medición del gasto que se asigna a las distintas áreas del acontecer nacional o nos encontraremos ante la triste realidad de la insuficiencia crónica de recursos, pues el hombre tiene como característica que su tendencia a gastar es muy superior a la de producir.


El Universal, jueves 19 de junio, 1997
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