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| Revista Electrónica Nº 16 Junio 1997 |
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La faja petrolífera del Orinoco y el pago de la deuda Humberto Calderón Berti | |
Desde hace varios años Venezuela atraviesa por una grave crisis económica. Los años 80 y 90 son sinónimos de desempleo, déficit fiscal, y una alta inflación que han empobrecido a los venezolanos. Como si fuera poco, esta crisis se agudizó con la debacle del sistema financiero de 1994. Todo esto enmarcado en la enorme indefinición del gobierno en materia de política económica, sobre todo durante la mitad de este período. Pero el problema de fondo venía creándose durante muchos años. Por errores en el diseño y ejecución de las políticas económicas, se han comprometido las finanzas públicas con una pesada deuda externa. Es irónico, un país tan rico en recursos naturales y en ingresos se endeudó irresponsable durante años. No puede afirmarse que todos los recursos fueron mal usados, pero sí hubo un festín de recursos en donde el pueblo no fue el invitado. Cuando se cerraron las puertas del endeudamiento externo, en vez de solucionar el problema de fondo, los gobiernos acudieron a otra salida fácil: el endeudamiento interno. Deuda externa y bonos del Estado son la gran carga que hoy tenemos que pagar los venezolanos. En efecto, Venezuela solamente en deuda pública externa tiene compromisos de alrededor de 27 millardos de dólares, de los cuales 20 millardos corresponden a la deuda reestructurada en 1990. En el transcurso de estos años la República deberá hacer erogaciones anuales cercanas a los 5 millardos de dólares para afrontar los compromisos de deuda que el país tiene. Por esta razón, el presupuesto nacional debe hacer provisiones para el pago de la deuda de alrededor del 40% de los ingresos ordinarios anuales del Estado. El restante 60% no se dedica a inversión pública. Se dedica principalmente al pago de sueldos y salarios del sector público y a cubrir las gigantescas pérdidas en las cuales incurren las empresas del Estado. En otras palabras, el presupuesto del Estado se ha convertido en algo tan rígido que ya no es instrumento de desarrollo, ni de política económica sino en mero vehículo para el pago de deuda, pérdidas y sueldos y salarios. Sólo el 2% del presupuesto nacional se está dedicando a obras de infraestructura. La consecuencia la vemos todos los días: ausencia de inversión pública y todas las áreas sociales desatendidas. Con un presupuesto del Estado no comprometido como está podríamos comenzar a construir el desarrollo de Venezuela: dar agua potable a la gente, crear empleo y dar seguridad, pero sobre todo para invertir en la gente, en su educación y en su salud. Nuevo endeudamiento, y nuevos vencimientos, harán que la situación se torne cada día más inmanejable. Y si a esto sumamos la enorme burocracia gubernamental y las grandes pérdidas de las empresas del Estado, la crisis se tornará inmanejable. Pero claro, los gobiernos tienen otra salida fácil cuando no optan por el endeudamiento, crean nuevos impuestos o aumentan los precios de los servicios públicos que brinda. Sea a través de devaluaciones o aumentos de la gasolina, o peor aún, a través de inflación, pasamos la cuenta de la irresponsabilidad política al cada vez más empobrecido pueblo venezolano. Paradójicamente, Venezuela es un país supuestamente rico. Rico en petróleo. Los recursos más importantes de petróleo con que cuenta Venezuela están situados en la faja petrolífera del Orinoco. Se trata de petróleo no convencional, muy pesado, con un alto contenido de azufre y de difícil explotación y comercialización. Los informes de Pdvsa indican que en la faja del Orinoco existen aproximadamente 270 millardos de barriles de petróleo recuperables. Produciendo unos 3 millones de barriles por día, sólo de la Faja, el país tendría recursos petroleros para alrededor de 250 años. A pesar de que es difícil pronosticar cuáles serán las fuentes energéticas que cubrirán la demanda a largo plazo, así como también es difícil determinar cuál será el papel del petróleo en esos tiempos, Pdvsa presenta varios escenarios posibles. Un escenario posible es que el petróleo siga siendo una fuente energética durante los próximos 60 años. Si es así, los recursos continuarán siendo explotados, agotándose primero los petróleos convencionales. Otro escenario muestra que, debido a restricciones ambientales, otras fuentes de energía no contaminantes, ocupen el lugar preponderante que el petróleo ocupa hoy. Si esto último ocurre, dentro de unos 30 años, nos encontraremos que nuestro país tendrá grandes reservas remanentes de petróleo sin un importante uso como fuente de energía. Se plantea así la urgente necesidad de utilizar los recursos de la Faja lo más pronto posible y en magnitudes cada vez mayores. Petróleos de Venezuela, a través de la apertura petrolera, adelanta cinco proyectos utilizando la modalidad de asociaciones estratégicas. Entre todos ellos, en los próximos 20 años, no llegarán a consumir más del 5% de la Faja. ¿Qué haremos con el resto? Hace más de dos años propusimos la venta de reservas de la faja petrolífera del Orinoco con el propósito de agenciar recursos que pudieran ser destinados para el pago de la deuda. En aquellos momentos en que el grueso de la misma era el correspondiente a la externa, sin embargo, a raíz de la crisis del sector financiero y del mal manejo de instrumentos como los bonos cero cupón y posteriormente los Títulos de Estabilización Monetaria (TEM), la deuda pública interna, que es alrededor de la quinta parte de la externa, compromete buena parte de los recursos por las condiciones en la cual ha sido contraída. De allí que haya necesidad de atender tanto el frente externo como el interno. En aquellos momentos se hicieron dos críticas. La primera, de fondo, consistía en la preocupación que embargaba a muchos, incluido el suscrito, de que si se pagaba la deuda y no se procedía a efectuar los cambios estructurales que el sector público requería, se corría el riesgo de que se pagara la deuda y se continuara con la forma ineficiente de manejar las finanzas públicas y al final de cuentas continuáramos como estábamos. El argumento era, y continúa siendo, válido. El problema de la deuda y su solución, que irremediablemente pasa por el petróleo, no puede ser visto, ni atacado, de manera parcial sino dentro de un concepto mucho más amplio que comprenda la reforma estructural. Pero si existe la voluntad política, no hay duda de que se pueden emprender simultáneamente todas las medidas que el país con urgencia necesita. El otro señalamiento estuvo referido al precio que las empresas estarían dispuestas a pagar por el crudo de la Faja. Se utilizó la cifra de 20 centavos de dólar por barril, como argumento en contra por su bajo nivel. Cuando posteriormente se aclaró que dicho petróleo, al momento de ser producido, sería exonerado, por Ley de la República, del pago de regalía y de impuesto sobre la renta, la cifra estimada subió a 70 centavos de dólar por barril, en todo caso el monto que las empresas interesadas estarían dispuestas a pagar dependería de factores como el costo de producción, costo de mejoramiento y de las expectativas de precios futuros para el petróleo. Recientemente se celebró la III Ronda de Convenios Operativos y el monto a ser recaudado a través de los bonos (Factor de Valorización) ofrecido por las empresas licitantes alcanzó a 2,172 millardos de dólares. Un proceso similar podría adelantarse con distintos volúmenes de la faja petrolífera del Orinoco que se sometan a licitación internacional. Si tomamos un 5% de las reservas de la Faja, posiblemente se puede agenciar un volumen importante de recursos cuyo destino debe ser sólo para el pago de la deuda. Disminuir sustancialmente la carga de la deuda significa tener recursos disponibles para atender las necesidades fundamentales de la población. No tiene ningún sentido que las grandes mayorías nacionales y la economía del país estén atravesando por la grave crisis que los afecta, si se cuenta con el inmenso activo nacional que significan los recursos de la faja petrolífera del Orinoco. La porción de petróleo que se comprometerá, como hemos visto, será mínima y el país se liberará de una carga que hace muy difícil la superación de su actual crisis. No debe interpretarse, sin embargo, que esta decisión es suficiente para la solución de la crisis. Es necesario insistir en la urgencia de atacar los otros problemas estructurales que aquejan las finanzas públicas. No hay duda de que este es un planteamiento audaz y que levantará críticas de pseudonacionalistas trasnochados y de populistas que invocarán de entrada que se estaría afectando la soberanía nacional al vender recursos de la Faja. Mucho más afecta la soberanía nacional al tener nuestras fronteras desprotegidas y al arbitrio de la guerrilla, bandoleros y saqueadores de las riquezas nacionales. Mucho más se atenta contra la soberanía con los cinturones de miseria que circuncidan nuestras ciudades. Mucho más se afecta la soberanía con la existencia de millones de extranjeros indocumentados que controlan muchas barriadas de nuestras ciudades. Mucho más se afecta la soberanía con la dependencia que significa la elevada deuda, tanto interna como externa, que agobia al país. Apartado postal 2081, Caracas 1010 El Universal, jueves 19 de junio, 1997 |
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