Esta Semana
Revista Electrónica       Nº 16     Junio 1997

Esta Semana

Apertura petrolera y modernización del Estado

Domingo Fontiveros

Lo ofrecido en divisas por los consorcios ganadores en la 3ra. ronda de convenios operativos duplicó lo que apenas una semana antes había declarado esperar el ministro de Hacienda. Estos $2.172 millones ingresarán a Pdvsa y al Fisco en los próximos meses, haciendo la vida menos complicada a los responsables de la política presupuestaria y empujando nuevamente hacia arriba a las reservas internacionales del Banco Central. ¡Deliciosos millardos para el disfrute de las finanzas públicas!

historia venezolana. Entre 1996 y 1997 habrán ingresado por mayores exportaciones y bonos petroleros alrededor de $38.500 millones, que superan holgadamente a lo que se registró entre 1992 y 1994 ($33.100 millones) y que son promedios que no se experimentaban desde 1980-1981. El país sale de una crisis y comienza a entrar en jauja.

Pero más allá de lo producido por exportaciones y obtenido por bonos, el país está duplicando el ritmo de sus inversiones petroleras. Este año la formación de capital en el sector será superior a los $6.000 millones, que duplica lo realizado hace apenas dos años atrás. Y la perspectiva es que el ritmo continúe aumentando hasta 1999. En menos de diez años el país podrá exportar 6 millones de barriles diarios, o el doble del volumen actual. De mantenerse los precios actuales, pero incluso suponiendo leves caídas, la proyección de ingresos futuros es realmente alucinante. Y esto ya no será riqueza repentina, sino programada.

Programada por la industria petrolera desde hace muchos años. Por primera vez en las últimas décadas es la industria, no el Estado-Gobierno la institución que planifica un proceso de inversión y cambio cualitativo de esta magnitud. Lo cual es un excelente logro de Pdvsa. Pero una expansión de ingresos y de dimensión como esta no sólo ofrece oportunidades de primera línea para el desarrollo nacional, sino también representa desafíos ineludibles en materia de organización y progreso institucional.

El aparato estatal venezolano, sin embargo, está en pobres condiciones para planificar su propia adaptación a lo que será un cambio seguro en la vida económica y social impulsado por la nueva dinámica petrolera. Y no se trata sólo de manejar las nuevas magnitudes monetarias directamente generadas, sino de articular con un propósito nacional a los inmensos recursos que en forma también indirecta serán atraídos, incluyendo capitales y personas. Porque Venezuela volverá a ser un polo de atracción para el movimiento migratorio internacional.

Hay quienes se han opuesto a la apertura petrolera, sobre la base de argumentos arcaicos que, en algunos casos, pudieran realmente reflejar una profunda desconfianza en la capacidad del Estado de enfrentar los desafíos que una bonanza semejante puede presentar. En la prensa ha reaparecido, por ejemplo, la frase 'Una República en venta' llena de reminiscencias de una época pasada, que sugiere la posible apelación a sentimientos patrioteros adversos al proceso. Y basta este detalle para levantar un alerta respecto a la misión de mayor responsabilidad que le corresponde a la dirigencia nacional en esta nueva época.

Si con el aluvión de recursos que 'entran' del petróleo no se acomete la reconstrucción del Estado sobre bases modernas, se siembran los riesgos de una nueva crisis de legitimidad del sistema político. Y es que el Estado ha perdido capacidad para conocer las realidades en materias tales como la educacional, sanitaria, ambiental, productiva, demográfica, judicial, entre otras, porque el sistema estadístico de información se ha dejado colapsar. ¿Cómo puede el mismo Estado manejar con algún criterio de eficiencia y de visión de futuro la fortuna que se nos viene encima?

Hace poco insistíamos en aplicar los recursos excedentarios del petróleo producidos el año pasado para reducir el tamaño del aparato burocrático y reformar la estructura estatal, como una tarea necesaria para prevenir crisis fiscales futuras y reorientar el proceso económico. Pero esta misma proposición adquiere ahora mayor vigencia por una razón todavía más de fondo. Ya no es sólo la reforma del Estado como camino para superar la crisis, sino como fórmula para aprovechar con éxito la bonanza petrolera y para evitar que en el futuro los ingresos mal distribuidos y mal gastados puedan hundir de nuevo a la nación en una crisis de legitimidad que cuestione no sólo a la clase política sino también al proceso mismo de apertura y desarrollo petrolero.


El Universal, martes 17 de junio, 1997
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