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| Revista Electrónica Nº 16 Junio 1997 |
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El monopolio de la educación pública Rafael Alfonzo H. | |
Cuando empleamos el término de monopolio, muy rara vez pensamos en algo que no sea comercial. Hablamos de monopolios indeseables, los cuales están relacionados con la producción de cualquier bien o servicio sin pensar muchas veces que el Estado es un gran monopolista y tal vez de los peores posibles. Dentro del proceso de modernización del país se han aprobado nuevas leyes para promover la competencia y evitar los monopolios. Lamentablemente, éstas sólo se aplican al sector privado, ignorando que el gobierno central no produce monopolios dañinos a la sociedad. Uno de los ejemplos más patéticos de monopolio lo encontramos en la educación pública venezolana. El Estado tiene la responsabilidad de la educación pública sin ningún tipo de competencia, lo que ha producido una situación dramática en los resultados cualitativos de ésta. Lo más insólito es que todavía existen personas que aducen que el sistema ha sido positivo y lo argumentan con el número de estudiantes y el supuesto descenso del nivel de analfabetismo. La calidad de la educación ofrecida en la gran mayoría de los colegios y liceos públicos, no sólo es deficiente sino que está rodeada de intereses personales de un gran número de personas que se sienten protegidas por su influencia política o condición sindical. Sin olvidar, por supuesto, que el Estado debe ampararlos y mantenerlos, pues todos sus privilegios son adquiridos. En el caso de las cifras donde se refleja el índice de analfabetismo, debemos entender que si bien las estadísticas muestran un descenso laudable para el analfabetismo formal, también muestran un aumento sostenido en el analfabetismo funcional. Para efectos prácticos, los resultados negativos son los mismos cuando la gente es analfabeta formal o funcional, pues esta última se refiere a la poca o nada escolaridad o a la deficiencia de la misma, en el caso de haberla tenido. Otro aspecto importante del problema es la brecha que se está produciendo entre quienes van a los colegios privados para su educación básica-media y quienes reciben clases en las instituciones públicas. Con sólo ver las cifras del número de estudiantes provenientes del sector público que ingresan a las universidades públicas, nos daríamos cuenta de la magnitud del problema. En algunos casos, hay universidades públicas que tienen más del 90% de sus estudiantes que vienen del sector privado de la educación. Para romper esta tendencia y obtener una transformación efectiva, se debe lograr que los propios padres de los alumnos y la sociedad como un todo, exijan la eliminación de este monopolio perverso. Para ello, debemos replantear la gratuidad de la educación y hasta dónde debe ser ofrecida. En el caso de la educación básica y media se puede plantear su obligatoriedad si la sociedad la considera conveniente y está dispuesta a pagar su costo (no es desconocido que quien termina pagando las cuentas del Estado es la sociedad). Es fundamental tomar en cuenta que el niño que no reciba una educación básica no podrá tener acceso después a la educación media y superior, por lo cual verá mermadas sus futuras oportunidades, pagando incluso tarde o temprano un costo económico del cual nunca fue responsable. En todo caso habría que considerar un financiamiento por parte del Estado. El establecimiento de un sistema de vales o cupones (también llamados vouchers) que se entregarían a los padres para que paguen la enseñanza de sus hijos en centros escolares de su libre elección. De esta manera, los centros de enseñanza públicos estarían obligados a competir entre sí por la captación de alumnos, con lo cual se elevaría la calidad general de la enseñanza pública al tener que ofrecer un mejor nivel. El colegio o instituto, (y por ende sus profesores y personal administrativo) que ofrezca la mejor alternativa se llevará los mayores beneficios, el que no, tendrá que desaparecer. Estos vouchers deberían servir a su vez para centros de enseñanza privados y los padres de los alumnos asumir el pago de las diferencias de costos si éstos, como probablemente ocurriría, son más altos en los centros privados que los públicos. La competencia obligaría a mejorar la calidad de la enseñanza con lo cual se garantizaría que la masificación de la educación, buscada con la obligatoriedad y la gratuidad, no se convierta en un fraude como hasta ahora. En Estados Unidos, ante los resultados negativos de la educación pública se han propuesto diversas alternativas que van desde sistemas de vouchers estatales, hasta fondos privados que otorgan vouchers para colegios privados. Como era de esperarse la pelea ante los sindicatos de maestros y el gremio educacional fue una dura batalla, pero con creatividad y unión de los afectados lograron vencer. Dicen algunos que la educación es como los pronósticos
del tiempo, todo el mundo se queja, pero nadie hace nada al respecto. Ojalá
seamos la excepción y prontamente instauremos en nuestro país
un sistema educativo cónsono con los ideales de la igualdad de las
oportunidades. Está en nuestras manos, ejemplos ya tenemos, sólo
falta la accion. El Universal Caracas, martes 10 de junio, 1997 |
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