Esta Semana
Revista Electrónica       Nº 16     Junio 1997

Esta Semana

La riqueza que nace de la pobreza

Luis Ugalde, SJ.

Los métodos de irrigación se inventaron a causa de la sequía y fue la oscuridad la que provocó la invención de la luz artificial. ¿Por qué no podemos invertir la actual situación de pobreza nacional en virtudes que producen respuestas a las necesidades más graves y nos lleven a la prosperidad? La verdad es que ya hay una Venezuela que va remando contracorriente en esa dirección; pero hay que acelerar y darle viento favorable desde nuevos liderazgos. Hace pocos días en la UCAB se instauró la Cátedra Fundacional de Periodismo Deportivo Carlos Cárdenas Lares. El emotivo acto en el que se presentó a la juventud el ejemplo de Carlos Cárdenas Lares y su cultivo del deporte me hizo reflexionar en algunas de las virtudes fundamentales del ser humano que él descubrió y desarrolló desde la necesidad y que la mayoría por desgracia sigue ignorándolas.

Este joven murió en 1994 cuando iba a cumplir 21 años de edad. Un año antes recibió la condecoración Orden David Concepción en Primera Clase, que se sumó a otros reconocimientos deportivos anteriores. En su corta vida escribió 6 libros sobre deporte y muchos artículos periodísticos. Con el apoyo de sus padres creó una magnífica biblioteca deportiva que fue donada a la UCAB con el compromiso de mantenerla al servicio de los jóvenes. Yo estaba intrigado por conocer el secreto de este joven que sólo pudo estudiar hasta noveno grado y que desde los 9 años estaba en silla de ruedas. ¿Cuál fue la tecla profunda que sonó en Carlos Cárdenas Lares hasta convertir toda su vida y muerte en una sinfonía?

En una conferencia que él dio cuando tenía 18 años a jóvenes de su edad en un congreso internacional en Caracas organizado por Gente Nueva, nos revela el secreto: 'Como yo no podía hacer educación física en la escuela _nos dice_ los profesores de deportes me mandaron a realizar trabajos de investigación, que fueron sobre diferentes deportes como voleibol, basquetbol, atletismo, futbolito y el último que fue sobre las Olimpíadas de Seúl 1988, que salió muy bien y hubo que sacar muchas copias porque todos los profesores querían leer este trabajo'.

Cuando Carlos Cárdenas Lares tenía 3 años se descubrió que tenía distrofia muscular, una enfermedad que va debilitando los músculos y tendones hasta necesitar aparatos ortopédicos y luego ni siquiera poder caminar. Carlos pudo hacerlo hasta los 9 años ayudado por la fisioterapia; luego no se pudo levantar más de la silla de ruedas. Desde ahí cultivó el deporte de manera sobresaliente. Su limitación física se convirtió en virtud y desarrollo intelectual. En la mencionada conferencia, él mismo nos cuenta el milagro de transformar su impedimento en capacidad creadora excepcional: 'La base importante en mi vida para ser lo que hoy soy han sido mis padres y mi hermano, mi familia en general, y mis amigos que me apoyaron con su cariño y dedicación. Carlos en todos ellos y en sus maestros aprecia que lo trataron siempre como persona totalmente normal y como persona que podía dar mucho.

'Nos criaron con la filosofía de que nos debíamos mantener siempre en una actividad, y si había un objetivo que nos propusiéramos debíamos luchar por ello hasta alcanzarlo. Y que no debíamos detenernos ante un problema que tuviéramos. Siempre he pensado que la vida es un regalo que nos da Dios para vivirla lo mejor posible, ser feliz, y tener un objetivo y cumplirlo. Nosotros tenemos una misión en este mundo que realizar para que con los frutos que hemos consechado devolverle de alguna manera a Nuestro Señor este obsequio que es la vida'.

Ahí está el secreto: en lugar de lamentarse sobre lo que le falta, se afincó en lo que tenía; entendió la vida como un don y un obsequio y como una invitación a producir y a hacerla fructificar con agradecimiento. Así, los obstáculos no eran frenos, sino retos y pruebas de superación. Su profunda motivación le permitió escalar el pódium del deporte que, visto desde el niño de 9 años atado a la silla de ruedas por la distrofia, parecía totalmente imposible. La falta de fuerza en las piernas le llevó a desarrollar el cerebro, la voluntad, el corazón. Entendió que la excelencia no consiste en ser más que otros, sino en ser al máximo de la propias capacidades; así todos pueden ser excelentes y no sólo los tres primeros en una carrera.

También los pueblos y las culturas se pueden encontrar con distrofias. La fácil abundancia vivida ha fomentado en muchos venezolanos el sentido de nuevo rico facilista y mendigo del Estado (hoy en quiebra), que lo mantenía con la riqueza no producida con creatividad y eficiencia propias y creando no pocas actitudes de parásitos dependientes. Muchos venezolanos aprendieron a consumir modernidad sin producirla de manera competitiva. La abundancia llovida no enseña las virtudes de buena y austera administración ni reta al cerebro a desarrollar el ingenio creador de riqueza y administrador del bien común. El despilfarro y el saqueo de lo público se hace ley dominante... Todavía estamos ahí.

Las personas tienen su misterio y también las culturas de los pueblos. Alguna vez nos enseñaron que la cultura humana floreció en las llanuras de Mesopotamia o en las riveras del Nilo, a causa de las facilidades que ofrecía la naturaleza. Pero esto no es tan claro y hay muchos casos históricos que avalan todo lo contrario. Cuando uno se asoma a las prodigiosas creaciones de los incas en el precario altiplano, no tiene más remedio que pensar que crearon y mucho, porque de lo contrario allí no se podía vivir. La misma sensación tuve recientemente en Guatemala al visitar en Tikal las asombrosas pirámides, plazas y altares mayas, levantados en una selva tropical de tierra árida.

Venezuela hoy está con distrofia y en silla de ruedas. Necesitamos aceptar la realidad sin autoengaños ni ilusiones de volver a las décadas pasadas transportados en brazos del petróleo y el Estado subsidiador. Necesitamos un claro objetivo común como país, formulado y transmitido por un liderazgo que cree en la capacidad creativa de la gente y apuesta con todo para lograr producir una calidad de ciudadanía y de bienes y servicios con todos y para todos. Es lo único que nos falta en este año preelectoral. Sólo desde ahí nacerá la posibilidad de trabajar, organizarnos de otra manera y utilizar el petróleo y el Estado para producir vida y no esta agonía nacional que se prolonga, lamentablemente.



El Universal Caracas, martes 10 de junio, 1997
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