Esta Semana
Revista Electrónica       Nº 16     Junio 1997

Esta Semana

El sábado 14 de junio comienza el XI Festival Internacional de Teatro de Caracas. Con ese motivo publicamos una parte de la presentación que el Ateneo de Caracas hace de dicho evento, que termina el 29 de junio.

Caracas: una costumbre mundial

Ateneo de Caracas

Después de 24 años de existencia, el Festival Internacional de Teatro no sólo ha dejado directores, dramaturgos, actores y otros artistas completamente conectados al ritmo teatral más elevado y creativo del mundo: también ha generado uno de los públicos más exigentes e informados que existen en el ámbito de la escena.

Quienes asistieron al primer festival siendo ciudadanos quinceañeros están en la actualidad entrando a la dimensión de los cuarenta y seguramente ahora son padres de jóvenes de quince años que se ilusionan con la llegada del XI Festival. Uniendo la cantidad de obras que cada quien ha visto a lo largo de las dos décadas, se puede entender perfectamente ese gigantesco amor abigarrado que asume la forma de una larga fila de cabezas canosas, de cocos rapados, de melenas jóvenes, de cabelleras largas, de pelos cortos: el público haciendo la cola para comprar entradas o para ver la función que ha escogido.

Caracas ha sido escenario de obras en todos los idiomas imaginables y el espectador caraqueño aprendió a reconocer la gramática universal del arte. Fluyeron perfectamente los dramas y comedias, los textos y tragedias desencadenados en francés, cirílico, inglés, ruso, italiano, portugués, polaco, alemán: todos los países han actuado unos para otros y eso ha sido en definitiva el Festival Internacional de Teatro. Su significado cultural y social resulta sencillamente invalorable.

En el festival cada pueblo mira el retrato espiritual del otro y se alegra al observar las coincidencias; se inquieta notando las diferencias y aprende que hay distintos ángulos en el arte de asumir la vida. Finalmente se intercambian sazones y desazones anímicas («llévate lo que siento y lo que pienso y déjame lo que sientes y lo que piensas») y comienzan así a ceder las barreras, los muros, las fronteras. Ese es uno de los beneficios del intercambio artístico y muy específicamente del que se realiza en el teatro. De allí la importancia que año tras año ha tenido el Festival Internacional de Teatro de Caracas. Este evento ha demostrado con tantas ediciones inolvidables y bien «sudadas», que el odioso defecto de la inconstancia, de la falta de continuidad es superable y que en Venezuela existe voluntad y amor para crecer en cualquier sentido de manera armoniosa y positiva.

También ha revelado que el festival se ha convertido en costumbre del mundo: he ahí al planeta entero acostumbrado a exhibir sus pasiones, sus ideas, sus emociones en esta ciudad bañada por el sol, donde la cultura es como un modo de ser que hermana a mujeres y hombres de todas las razas, de todas las clases sociales y de todas las creencias.


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