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| Revista Electrónica Nº 16 Junio 1997 |
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Explorar la confianza. Rechazaron indexar salario mínimo con
75% de la canasta alimentaria Algo inesperado: La indisciplina copeyana. Editorial | |
Desde enero de 1976, cuando se produjo la nacionalización petrolera, las empresas privadas venezolanas no tenían la oportunidad de participar como operadoras de campo, es decir, adelantar actividades de exploración y producción relacionadas con la extracción de hidrocarburos del subsuelo nacional. Incluso las compañías privadas de capital criollo que se aventuraron y sobrevivían con mayores o menores éxitos en el negocio, fueron barridas por la generosa ola nacionalizadora que cayó en aquel momento. De allí que la fecha del 2 de junio de 1997 adquiera un amplio significado para los venezolanos de hoy, porque con la oferta de acceso a la explotación de cinco campos petroleros activos en el oriente del país para empresas nacionales se dio un paso de especial importancia en el marco del proceso de apertura que lleva adelante Pdvsa. Hasta ahora, y con las protestas obvias de las partes interesadas, se había convocado al capital extranjero para que, en un viraje sin precedentes en la concepción nuestra del manejo de la industria, viniera a participar en el desarrollo y explotación de campos que por sus especiales características y antecedentes de exploración elevaban los riesgos y ampliaban los niveles de inversión en términos que no podían ser costeados fácilmente por las operadoras de la Casa Matriz sin comprometer sus objetivos principales. La estrategia escogida ha venido funcionando ininterrumpidamente y con una carga de éxito superior, sin duda, a lo esperado, si tomamos en cuenta que los factores de opinión que privaban aquí -cuando se anunció años atrás el plan de apertura- no eran lo que se dice halagadores ni tampoco parecían alzar un gran entusiasmo en los posibles socios extranjeros. No fue así, y superados los primeros escollos los resultados obtenidos demuestran que en una actividad que tiene una dinámica interna tan vertiginosa, la habilidad de sincronizarse con las expectativas internacionales de crecimiento de mercado y de sectores de interés para los inversionistas es crucial para sobrevivir ante la competencia mundial. En el terreno interno esta estrategia ha traído beneficios que no pueden ni deben contabilizarse en el marco de las simples, aunque necesarias, cifras en dólares. Lo que se obtuvo hasta ahora en dinero y lo que con seguridad se obtendrá en el resto del proceso, no mide la importancia que en el mediano plazo significará para la provincia estas nuevas inversiones. Basta imaginar que extensas zonas del país, extenuadas por el abandono y sometidas a la indiferencia del Gobierno central por décadas, alcancen una segunda oportunidad para ser razonablemente prósperas cuando hace apenas unos años estaban desahuciadas por la civilización. El repliegue geográfico a que obligó la implacable rentabilidad de la industria petrolera los había desalojado de los beneficios que les correspondían. Desde ahora, por más adversario que se haya sido de la apertura petrolera, habrá que convenir en que el flujo de inversiones hacia esas zonas depauperadas conllevará una significativa creación de empleos directos e indirectos para cientos de venezolanos, muchos de ellos definidos como mano de obra no clasificada. Casualmente allí donde la acción del Gobierno no llegaba jamás, y no había planes para que llegara, es donde se va a sentir de manera rotunda el efecto benéfico de las nuevas inversiones. Pero la onda expansiva también tocará a los jóvenes profesionales y a los jubilados de la industria, a las microempresas locales, a los transportistas y a los suplidores de partes para las empresas operadoras. No se trata de una ilusión: es que si quieren competir y recuperar sus inversiones, los nuevos socios tendrán que invertir rápidamente o perderán la carrera de las ganancias. Los venezolanos deben entender que si se establecen reglas claras de
juego y se operan con probidad los mecanismos de control y fiscalización
que se han diseñado, no tenemos por qué temerle a la inversión
privada en el sector petrolero, siempre que ella se mantenga dentro de los
límites específicos que el Estado crea conveniente. Su efecto
revitalizador sobre la economía nacional se expresa además
en un aspecto de suma importancia para el presente y el futuro del país:
la capacidad de generar confianza hacia afuera... luego de años de
desatino, vaivenes populistas y plagas de corrupción. Si el proceso
de apertura sigue como hasta ahora, estaremos enviando al exterior una clara
señal de la Venezuela seria que sí sabe manejar sus cosas,
por encima de la guachafita política que nos ha deteriorado tanto.
El Nacional 5 de Junio de 1997 |
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