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| Revista Electrónica Nº 16 Junio 1997 |
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La Venezuela que no fue. Pizarrón. Arturo Uslar Pietri. Columnista | |
El 6 de julio de 1897 nació en San Cristóbal, en Venezuela, el que iba a ser la extraordinaria figura histórica del General Isaís Medina Angarita. En la ya larga y muy contrastada historia de los Presidentes de Venezuela es, sin duda alguna, uno de los mejores. Si se considera su firme adhesión a la democracia, su eficacia administrativa, su visión de futuro y su respeto fervoroso por las libertades públicas, constituye un caso muy excepcional en el catálogo de los mandatarios venezolanos. Militar de vocación profunda y sincera, se formó en la Academia Militar de su tiempo y en las muy estrechas condiciones del Ejército Nacional de la época de Gómez. Sin embargo, nunca vaciló en su fe probada de que Venezuela podia y debía ser una democracia política y social. Da mucho que pensar y exige, sin duda, una revisión de conceptos superficiales sobre la historia venezolana el hecho de que los dos hombres que más directamente contribuyeron a abrir y a ampliar el camino de la democracia en Venezuela, Eleazar López Contreras e Isaías Medina Angarita, se formaran en el Ejército de Gómez, como también lo da el hecho excepcional de que a la hora de escoger su sucesor en el poder supremo Gómez colocara, en la plena posibilidad de sucederlo, al frente del Ejército, a un hombre de clara vocación democrática y liberal como López Contreras. A la muerte de Gómez, a fines de 1935, Venezuela era un país pobre, atrasado y aislado, con inmensas carencias de todo tipo y enfrentado a la necesidad de resolver adecuada y prontamente los problemas que lo aquejaban, que eran particularmente flagrantes en lo socil, en la educación, en la salud y en el atraso de la vida económica, con recursos desproporcionadamente pequeños, que en su época de mayor abundancia (1945) no excedieron el monto de 100 millones de dólares anuales de presupuesto. Sin embargo, no se flanqueó, no se cayó en la tentación de endeudar al país, sino que con los escasos recursos se encaró la gigantesca tarea de encaminar el país hacia el crecimiento, el progreso y la civilización. Esa obra ejemplar, que inició López Contreras y que amplió y culminó Medina, constituye uno de los capítulos más positivos y válidos de la turbulenta historia venezolana. El día en que se reexamine, con criterio sereno y objetivo, la inmensa labor realizada en esos aos, con recursos tan modestos y sin endeudamiento, habrá que convenir que fue aquél uno de los mejores gobiernos que ha conocido el país. Se mantuvieron en su plenitud y sin regateo todas las libertades públicas, se legalizaron todos los partidos políticos, no hubo restricción para el debate ni para la propuesta y una inmensa mayoría de los venezolanos más calificados de la época dio su apoyo pleno a aquel vasto y sólido proyecto de transformación nacional. Es muy importante señalar que el concepto fundamental que dirigió la política del gobierno de Medina era el de lograr el más completo y pronto desarrollo de la nación en todos sus estamentos, procurando estimular toda la capacidad productiva del país y convocar a la población para realizarlo. Se pretendió crear una nación normal por el aprovechamiento inteligente de los recursos petroleros y nunca se pensó, porque no era esa la mentalidad de los hombres que gobernaron, crear un Estado monstruoso y todopoderoso, que absorbiera y dominara toda la vida nacional. El Presidente Medina tuvo el insólito privilegio de poder decir, con orgullo y convicción año tras año, en sus Mensajes al Congreso que en Venezuela no había ni un preso político ni un desterrado. A la vista de lo que vino después suenan a increíble fábula esas palabras. Dentro de las mayores realizaciones del gobierno de Medina está, sin duda, la descomunal tarea de la Reforma Petrolera. La memorable Ley de 1943 logró, con toda inteligencia y tenacidad, que las grandes compañías internacionales explotadoras de petróleo admitieron la revisión a fondo de las condiciones, todavía vigentes, de la explotación petrolera, que ésta quedara sometida plenamente al régimen fiscal e impositivo del pais y que el Estado asumiera efectivamente su función de propietario del subsuelo. Esa Ley, cuya importancia ha habido interés político en silenciar, parte en dos la historia petrolera del pais y prepara las bases para que, al vencimiento de las concesiones, toda esa industria, con todas sus instalaciones, pasara gratuitamente a manos del Estado. No menos trascendente y significativa fue la promulgación de la Ley de Reforma Agraria, en 1945. Por primera vez en la historia del país se planteaba a fondo el problema del latifundio y la necesidad de la Reforma Agraria en una Ley en cuya elaboración participaron plenamente los mejores técnicos del país y los representantes de todos los partidos políticos. Esta Ley nunca llegó a aplicarse y quedó enel limbo por los sucesos de 1945 y desde entonces ha habido poco interés en reconocer su alcane y su importancia. Al gobierno de Medina le tocó actuar en el muy difícil tiempo de la Segunda Guerra Mundial. Supo aquel gobierno asumir sus responsabilidades y preservar celosamente la soberanía nacional, con plena dignidad. Recordaré a este respecto que cuando, por las necesidades de la guerra, los Estados Unidos resolvieron enviar fuerzas militares a proteger las refinerías de las Antillas Holandesas, el gobierno de Venezuela reclamó enérgicamente y logró que hubiera también, con todas sus consecuencias, una presencia militar venezolana que allí estuvo hasta el final del conflicto. A fines de 1945 un pequeño grupo de oficiales subalternos, que traían del Cono Sur la tentación de las logias militares, entró en contacto con el entonces pequeño partido Acción Democrática en una conspiración que no correspondía en nada al sentimiento nacional y que tomó el país por sorpresa. A la viusta del inmenso desastre político, económico y
administrativo que ha sido la Venezuela del último medio siglo no
puede nadie dejar de advertir las negativas consecuencias que tuvo la ruptura
institucional de aquel régimen y el cierre de aquel amplio camino,
que hubiera llevado a Venezuela hacia una democracia efectiva y sólida,
con progreso político, económico y social. El Nacional 15 de Junio de 1997 |
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