Cabezal Ciencia y Tecnología
Revista Electrónica       Nº 17     Julio 1997

Hacia un sistema de promoción a la investigación

Rafael Rangel Aldao

La inserción de la ciencia en la sociedad venezolana podría acelerarse considerablemente si existiera una forma de promover la investigación en las instituciones académicas y en las empresas del país, en lugar de apoyar solo a los investigadores como sucede ahora con el SPI (Sistema de Promoción al Investigador). La visión de ese nuevo SPI (Sistema de Promoción a la Investigación) sería la del fortalecimiento a la ciencia nacional para contribuir al desarrollo del país, y su misión estaría ligada a propulsar un cambio del modelo de desarrollo científico nacional. Es decir, de una ciencia básica periférica e imitativa de los países avanzados, hacia una más original y competitiva en el ámbito internacional, y más integrada a la demanda social en el ámbito nacional.

El actual sistema piramidal podría transformarse en uno "cónico" con una base más amplia que estimule a todos los que tengan vocación por la investigación para que se incorporen y permanezcan en el SPI en sus distintos niveles, y solo llegarían a la cúspide del cono aquellos que sean verdaderamente excepcionales como científicos o tecnológos, debidamente validados mediante criterios internacionales. El nuevo sistema, en consecuencia, debe dar cabida por igual a la investigación científica básica, a la aplicada, y al desarrollo tecnológico como tres vías diferenciadas (aunque no excluyentes entre sí) para llegar al tope de la excelencia innovativa. Así mismo, el SPI, reconocería diferentes indicadores o señales de realización propias de la ciencia y/o de la tecnología, dando prioridad a la originalidad, además de la calidad como se hace ahora.

Las nuevas categorías distinguirían claramente el nivel de cada uno de los investigadores, con denominaciones facilmente identificables del grado de desarrollo obtenido por éstos, tales como: Investigadores "asistentes, asociados, jefes de grupo, titulares, y titulares superiores". El nivel de inicio, investigador asistente, sería para todos aquellos profesionales (científicos e ingenieros, principalmente) que trabajen en proyectos de investigación de institutos académicos o de empresas privadas, y que aún no tengan un título de postgrado, pero sí una dedicación completa a las actividades de investigación y/o desarrollo. El siguiente tramo, el de investigador asociado, ya requiere de una maestría o doctorado (según la disciplina científica o tecnológica en que se desempeñe), aunque se mantendría la dependencia a un proyecto dirigido por un investigador más experimentado. Luego, vendría el Investigador Jefe de Grupo, quien típicamente sería un científico con título de doctor (PhD), varios trabajos publicados en revistas de prestigio internacional, y con financiamiento propio para sus proyectos. En el sector industrial, este jefe de grupo sería un ingeniero con postgrado (doctorado, maestría, o especialización), que dirige uno o varios grupos de innovación, con patentes, tecnologías, o productos tangibles desarrollados en la empresa o instituto de innovación donde preste sus servicios. En estos tres niveles estarían la gran mayoría de los investigadores venezolanos.

Solo los investigadores o innovadores más destacados llegarían al nivel de Investigador Titular, para lo cual se requerirá una consulta internacional. Se trataría de científicos plenamente establecidos como expertos en sus áreas de trabajo, y con reputación sólidamente reconocida dentro de su especialidad. En el caso de los científicos, deben haber producido contribuciones originales al conocimiento, con citas a sus trabajos en revistas nacionales e internacionales, y con una producción científica sostenida, además de haber formado profesionales con el título de doctor. En la industria estaríamos hablando de líderes en la innovación, con patentes que hayan tenido un uso práctico para la empresa, o con productos en el mercado, y ser conferencistas o profesores (a dedicación parcial) en institutos o universidades de prestigio. Finalmente, y para los verdaderamente excepcionales en la ciencia o la industria, o aquellos de más sólida y dilatada carrera científica o técnica, existiría el máximo nivel de Investigador Titular Superior, también después de una amplia consulta internacional.

Para establecer el nuevo SPI, el CONICIT formaría una pequeña comisión de índole más bien administrativa, que con la debida asesoría se encargaría de establecer el reglamento para la clasificación de los científicos y tecnológos venezolanos, cuyas postulaciones serían revisadas por expertos en cada una de las áreas respectivas, dentro y fuera del país (según los distintos niveles). También, se eliminarían los períodos predeterminados de permanencia en cada nivel, así cada investigador puede solicitar su reclasificación en el momento en que considere que llena los requisitos para el escalón inmediatamente superior. De esta forma, un investigador verdaderamente excepcional podría llegar al tope en tiempos relativamente cortos; y uno que no progrese mucho permanecería indefinidamente en un nivel determinado mientras cumpla con los requisitos, que se verificarán cada dos años mediante un informe electrónico que deberá ser evaluado por al menos dos especialistas.

Los estímulos a la investigación que recibirían los investigadores del nuevo SPI estarían dirigidos a facilitar sus labores creativas, y de acuerdo a cada nivel corresponderían a significativos complementos de sueldos, asignaciones para revistas (o para Internet), y para viajes de actualización. En los niveles superiores, a partir del Investigador Jefe de Grupo, las asignaciones para viajes podrían extenderse para uno o dos miembros del equipo de investigación (según el criterio del investigador líder), y hasta para ayuda secretarial parcial. En el caso de las empresas privadas, los estímulos económicos se negociarían con la gerencia para así no perturbar sus sistemas de remuneración, sino más bien para ayudarlas (sobretodo a las pequeñas y medianas empresas) a "darse el lujo" de tener investigadores a tiempo completo.

Los certificados del SPI se otorgarían por mensajería hasta el nivel de Investigador Jefe de Grupo, y en un acto público para los Investigadores Titulares destacándose la significación de la obra de cada uno de los merecedores de ese reconocimiento. Las renovaciones bianuales serían solo para los tres primeros niveles, que se darían en forma automática, a menos que el informe respectivo tenga una evaluación negativa en cuyo caso se suspende la asignación hasta tanto el investigador demuestre que haya retomado satisfactoriamente su labor creativa.

El SPI estaría estrechamente ligado a otros programas de I+D del CONICIT y de las empresas favorecidas con investigadores reconocidos. Con tales fines, el nuevo sistema podría convertirse en un valiosísimo instrumento para conocer, evaluar, planificar, y darle seguimiento a la actividad científico-tecnológica del país, ya que permitiría saber en forma contínua cuantos científicos e ingenieros hay dedicados a la I+D, sus principales áreas de trabajo, las universidades y empresas que hacen investigación, y como progresan a través del tiempo. Para la pequeña y mediana empresa sería un gran estímulo tener investigadores a tiempo completo si hay una manera de recibir una ayuda del Estado en la compensación salarial de ese tipo de empleados que hoy día no pueden sostener.

La ciencia básica nacional tendería a cambiar la inclinación a "rellenar" los "huequitos" que van dejando los líderes del norte, para hacer cosas más originales que les puedan reportar nichos de trabajo donde los investigadores nacionales puedan ser más competitivos. Valdría la pena, entonces, saber la opinión de los colegas sobre este esbozo de propuesta para la transformación del actual Sistema de Promoción al Investigador en uno que impulse la investigación académica e industrial.

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