¿Para qué privatizar? Partamos de las generalidades y olvidémonos
de dogmitas ideológicos. Hoy día cuando un Estado privatiza
alguna de sus propiedades lo hace por razones prácticas: o bien para
aumentar sus ingresos o bien para reducir gastos. El caso de PDVSA no debería
ser del primero porque los ingresos del Estado han aumentado como nunca
por razón del mismo negocio petrolero, la recaudación de impuestos,
las privatizaciones y la devaluación. Sin embargo, ese hecho no ha
sido suficiente para enfrentar el aumento del gasto público.
Así, tenemos por un lado el servicio del pago de la deuda pública,
y por el otro tenemos la deuda derivada del pago de las prestaciones sociales
con los empleados públicos. Y esta última pesa, pues ante
cada aumento de sueldos esta deuda aumenta de forma exponencial. Si a esto
sumamos los gastos sociales del Estado tenemos siempre un escenario donde
cualquier aumento de ingreso es irrelevante.
Ello nos lleva a concluir que el problema económico del Estado Venezolano
es la desproporción entre el aumento de gastos y el crecimiento de
los ingresos: aumentan las ingresos si, pero más aumentan los gastos.
Una solución inmediata a ese fenómeno es comenzar a reducir
(pagar) deudas, ambas la deuda pública y la deuda derivada de las
prestaciones sociales. Para el pago de la última es donde la privatización
de PDVSA jugaría un papel. Es decir, PDVSA no se privatizaría
para obtener ingresos (ya existen bastantes) sino que se haría para
cancelar deuda, ergo, para reducir gastos.
Ahora bien, ¿se puede privatizar PDVSA en Venezuela?. Bueno, de seguro
que alguno de nuestros fanáticos nacionalistas dirían que
sobre su cadáver. Otros, quizás hartos de vivir en un país
que es anónimo en el escenario mundial, dirían of course.
Pero la verdad, es que para poder privatizar PDVSA hoy habría que
reformar la Constitución, si, ese librito que establece que el petróleo
pertenece al Estado. Pero para hacer eso hay que, o seguir un proceso engorroso
de reforma o convocar a una constituyente, y eso no sólo nos puede
llevar años, sino que ante las distintas corrientes de pensamientos
que prevalecerían y la virulencia del debate, hasta conflictos bélicos
internos podríamos tener. Además para qué reformar
la Constitución si ni siquiera se le obedece. Claro, también
podríamos reformarla a través de enmiendas, pero eso requiere
ganas de hacerlo. Y eso hay que verlo.
Por otro lado también habría que derogar la ley de nacionalización
de la industria petrolera, esa misma que reserva al Estado la explotación
de la industria petrolera y que lo faculta a crear entes jurídicos
para esos efectos. Si existe o no el consenso para eso, es un asunto secundario
a la reforma de la Constitución.
Así las cosas, la privatización de PDVSA no es posible en
el marco legal existente ahora. Pero eso no implica que no se pueden reducir
los gastos del Estado mediante ciertos cambios en el negocio petrolero.
Una solución que sería conveniente discutir es el pago de
las prestaciones sociales del sector público con acciones, no de
PDVSA, sino de las filiales de ésta. Por ejemplo, en el marco de
la posible reforma de ese esperpento que es el régimen actual de
prestaciones, se podrían cancelar las prestaciones sociales del sector
público y el bono de transferencia bajo ésta modalidad. Claro,
dentro del marco de la idea génesis de reducción de gastos
esto debería ir acompañado de un serio programa de reducción
burocrática. Igualmente, al sector privado se le podría ofrecer
la opción de adquirir acciones de las filiales (probablemente desde
el momento en que sus acciones ya no sean propiedad sólo de PDVSA,
no sería técnicamente correcto llamarlas filiales) sólo
para cancelar las prestaciones sociales de los trabajadores de ese sector.
El proceso que sugerimos implicaría la transferencia de ciertas acciones
que hoy posee PDVSA en las filiales (en verdad son estas las que hacen el
negocio petrolero) al Estado Venezolano; tantas como sea necesaria para
cancelar la deuda. El Estado entonces cancelaría la deuda mediante
el procedimiento que los leguleyos llamamos dación en pago. A través
de este mecanismo el Estado saldaría de una deuda que de otra forma
difícilmente podrá pagar. Más aún, esto involucraría
a los venezolanos directamente en el negocio petrolero, y no a través
de esa entelequia jurídica que es el Estado.
Para satisfacción de esos seres excepcionales que son los nacionalistas,
se podrían establecer restricciones al tiempo de reventa de las acciones,
y a la nacionalidad de los nuevos adquirentes. Igualmente, es muy probable
que PDVSA mantenga algunas acciones en esas filiales, lo cual le daría
acceso a dividendos y supervisión directa del negocio.
Los venezolanos que posean acciones de la filiales, con todo seguridad pensarán
primero en sus bolsillos, antes de apoyar medidas anormales como la reducción
de la producción petrolera, negativa al aumento de la gasolina, uso
de aviones de las filiales para fines personales, o ninguno a sus socios
extranjeros. En otras palabras, esos accionistas estarán más
pendientes de las ganancias que genere el negocio que de banalidades tercermundistas.
Y cuando los nacionalistas griten, seguramente envueltos en la bandera de
Venezuela, que la apertura petrolera sólo ha beneficiado a los musiues,
los millones de Venezolanos que tengan acciones de las filiales les darían
una risa de lástima.
En este modelo PDVSA y el Estado no perderían dinero. PDVSA seguiría
percibiendo dinero a través de las acciones que conserve en las filiales.
Igualmente cobraría las regalías a las filiales por el sencillo
hecho de que el Petróleo seguirá siendo de esa cosa llamada
Estado quien lo explota por conducto de PDVSA. Y ese mismo Estado también
percibiría dinero de las filiales por razón de impuesto. Si
el Estado va a gastar bien o mal esos ingresos es otro asunto que deberá
ser considerado en otro ámbito (la reforma del Estado Venezolano),
pero en todo caso se habrá reducido el gasto público.
Adicionalmente, esta propuesta tiene la ventaja de producir finalmente una
verdadera democracia económica entre los Venezolanos. Incluso, al
haber más capacidad de ahorro habría concentración
de capital en muchas manos, y con eso se podría financiar el desarrollo
de otras áreas de la economía. Igualmente, al tener los ciudadanos
control directo del negocio petrolero, buena parte del poder político
sería transferido a ellos.
Lo contrario a lo que proponemos es un escenario donde los gastos del Estado
aumentan, aunque la sociedad civil no reciba respuestas satisfactorias de
ese mismo Estado, y nuestros sabios burócratas deciden producir el
ingreso: producir billetes.
En consecuencia, el día que se entienda que hay que reducir los gastos
del Estado habrá oportunidad de meter a los venezolanos en el negocio
petrolero. Por ahora no somos dueños de ningún petróleo.
O ¿es que usted va a seguir creyendo que el Estado es Usted?
* Profesor UCAB. Investigador Invitado en la Facultad de Derecho de la Universidad
de Edimburgo, Reino Unido.
E-mail: omar.garcia-bolivar@ed.ac.uk
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