QUIERO SE BREVE: no hace falta una lista de razones personales
e intransferibles para justificar la realización de este trabajo.
El SIDA está en Venezuela, y no hay semántica que suavice
la estela de muertes y desengaños que está dejando a su paso.
No hay esfera de la vida de los hombres que no haya trastocado sin el más
mínimo pudor y con la más alevosa de las impertinencias. Ha
desatado miedos incontrolables, ha remozado antiguos y profundos prejuicios,
nos ha puesto de pronto ante una detallada cadena de lecciones necesarias.
El Virus de Inmunodeficiencia Humana ha violado la intimidad de las personas.
Silencioso y perverso, se acomodó en nuestra aldea y sin discurso
preparado vino a mostrar lo pequeños, prescindibles, miserables,
imprudentes, soberbios e imperfectos que somos. La lección en el
mundo ha sido democrática.
Un día le comenté a un amigo que me disponía a hacer
un libro que siguiera la huella de la epidemia en Venezuela, aún
sin coordenadas claras, pero con la firme convicción de ponerme de
frente ante su traza aterradora, y él me dijo, queriendo prevenirme
de la desmesura: "es un tema difícil porque ya sobre él
se ha dicho todo". Qué engañoso es el SIDA. Aparenta
ser popular y no lo es. Pareciera que ya se ha dicho todo y no se ha dicho
nada. Salvo cifras espeluznantes, aderezadas con los desvelos de la ciencia,
en torno a la enfermedad no hay sino miedo disfrazado de distancia. De eso
estaba y sigo estando convencida.
Durante tres meses fui a incontables reuniones de activistas de la lucha
contra el SIDA y a interminables sesiones de autoayuda protagonizadas por
hombres y mujeres seropositivos. Empecé a verles la cara; me fui
haciendo más cercana; escuché atenta las razones de su lucha,
los argumentos de cada pedazo de ira, los episodios de sus propias hazañas,
y sin darme cuenta comencé a descubrir un mundo absolutamente inédito.
Había seguido el rastro a la plaga . Había dado con sus víctimas
y sus enemigos. Lo que empezó siendo una gran necesidad de conocer
lo extraño se convertió en lo que es: un sentido registro
de largas conversaciones sobre el tema con los que están fuera luchando
por los que están dentro. Y con los que están dentro, todavía
preguntándose cómo les pudo suceder esto. En un gesto de generosidad,
estos últimos me prestaron sus historias, convinieron conmigo sus
nuevas señas de identidad, y me dedicaron largas horas en una y otra
sesión. Ellos fueron mis primeros lectores.
Terminada la faena, advierto que no otra cosa encontrarán los
que lean este libro: conversaciones, dilatadas conversaciones que tocan
puntos neurálgicos del tema. Opiniones, un gran abanico de opiniones,
a veces coincidentes, a veces no, pero respaldadas por la experiencia de
quienes las asumen. Encontrarán no sólo visiones sobre el
SIDA, sino, en su conjunto, una instantánea del país entero,
de los valores, las miserias, y la cotidianidad de su gente. En fín,
encontrarán, no una armazón concluyente de soluciones y tareas
por hacer, sino más bien un espejo de dudas, inquietudes, esperas.
Este libro es sólo eso, y acudo a Oriana Fallaci para decir exactamente
lo que quiero decir y que ella ya dijo en la presentación de sus
maravillosas entrevistas con la historia: " este libro no pretende
ser nada más de lo que es. No quiere prometer nada más que
lo que promete"... un testimonio de una cronista perturbada, "oprimida
por mil rabias y mil interrogantes".
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