Cabezal Política Interna
Revista Electrónica       Nº 17     Julio 1997
Política Interna

Eduardo Fernández: el perfil de un político

Alfredo Coronil Hartmann

Asumo este trabajo para Venezuela Analítica desde el ángulo de intentar una visión objetiva de las características de lo que debiera ser el perfil del estadista que requiere Venezuela en este atormentado fin del siglo XX, Contrastándolo con un individuo concreto, el Dr. Eduardo Fernández, sujeto designado de este estudio, quien viene de asumir el público compromiso, frente al sector sindical de su partido Copei, de presentar su nombre como aspirante a la candidatura presidencial de 1998. Iniciaré esta enumeración parcial de las condiciones esenciales que requiere el Político con vocación de hombre de Estado, por una condición con frecuencia descuidada por los teorizantes del arte político.

La Resistencia: Ser poder, llegar a la cúspide de la jerarquía pública, cualquiera sea la forma que revista el Estado, requiere en primer lugar un poderoso aguante, una gigantesca dosis de capacidad de asimilar el dolor, resistir o moldear las presiones, las tensiones que produce el optar ya no para uno mismo -que no suele ser fácil- sino a sabiendas de que esa opción elegida por nosotros se reflejará, para bien o para mal en todo un país, constituyen un peso que no llegan realmente a conocer sino quienes acceden al poder y lo asumen en forma responsable, por ello la soledad del estadista es inevitable: él con él mismo, con su alma, sus principios y su experiencia, con sus prejuicios y sus debilidades y sobreponiéndose a ellos, venciéndose a sí mismo cuando el bien general así lo exige, sabiendo doblarse o erguirse -a despecho del personal orgullo- como lo ordenen las circunstancias del país y el bien público, Jean-Paul Sartre logra con intuición de genio transferir esa dramática soledad del jefe de Estado, en un pequeño libro "El engranaje" originalmente un guión cinematográfico escrito en 1946 cuyo título original fue "Las manos sucias" (título que retomaría en 1948 para una obra distinta a la que me interesa señalar). Mucha razón tenía el gran filosofo cordobés Julio Anneo Séneca al hacer la terrible afirmación: "El primer arte que deben aprender los que aspiran al poder es el de ser capaces de soportar el odio".

Ello es objetivamente cierto, en cualquier lugar del mundo y bajo distintos sistemas de gobierno, si trasladamos esta cualidad objetiva a la realidad subjetiva de la Venezuela actual la importancia del factor resistencia se agiganta ante la complejisima panoplia de retos que deberá enfrentar el próximo jefe de Estado, en 1998 nos toca elegir un estadista no a un simple funcionario para llenar funciones protocolares y repartir prebendas. La ciclópea responsabilidad que deberá asumir el elegido es indudablemente agobiante, reconstruir y modificar un sistema político que preservando los logros alcanzados sea capaz de responder a realidades nuevas e inobviables esto en un breve período de tiempo porque la clepsidra ya se agota, en pocas palabras si el arte de gobernar no es nunca experimental, en nuestro caso concreto no hay tiempo para ponerse a aprender hay que llegar "sabido", con un proyecto claro de país que rescate la fe colectiva y emulsione a la ciudadanía a participar, hay que "...asumir una gran tarea pedagógica, decirle la verdad al pueblo, desmontar el mito del populismo y del paternalismo y sustituirlo por una cultura de la responsabilidad y del trabajo". Restaurar real y efectivamente al Estado, perfeccionando y reencausando un proceso de descentralización incoherente y desbocado que repite el modelo perverso del Estado central hipertrofiado e ineficaz, esta sola meta requerirá de experiencia política decantada y fina mano izquierda y de nuevo mucho aguante, para no caer en debilidades y oportunismos populistas y conservar sereno el pulso para la indispensable amputación o la intervención salvadora. Reformar de la A a la Z el sistema educativo. Sin seguir enumerando mas tareas forzosas y delicadas, con sólo las mencionadas es elemental prever la cantidad de resistencias que será necesario vencer o mejor aún convencer, los intereses poderosos celosos de sus prebendas que se verán afectados por un proyecto político que deberá tener imbricada a todas y cada una de sus propuestas el indisoluble vinculo de política y ética, en palabras del poeta y pensador cristiano Charles Peguy "...La revolución será moral o no será revolución...", En este panorama de expectativas acuciantes e inevitablemente llamadas a convertirse en un cúmulo de presiones materiales, psicológicas, emocionales, afectivas, ponderar la importancia del aguante frente a otros elementos es temerario, pero resalta como hecho inescapable que constituirá quizá la mayor exigencia del mandatario de mañana.

Esta exigencia de la resistencia que duda cabe que Eduardo Fernández la llena satisfactoriamente, su vida pública no ha sido precisamente un lecho de rosas, la gallardía de su actitud frente a la derrota inmerecida que sufriera ante Oswaldo Alvarez Paz fue admirable, ejemplar. No fueron solamente palabras, se apartó de la posición de poder que llenara con tanto brillo como secretario general de su organización, a la cual había llevado al máximo nivel de éxito en toda su historia, y le dejo al candidato elegido el campo libre, ofreciéndole además su desinteresada ayuda, Fernández tiene la pasta de los luchadores, es ejemplar de carrera larga, eso constituye desde ya un requisito cumplido para sus aspiraciones.

Aunque este análisis está centrado en el único precandidato que ha asumido públicamente el reto todos sabemos quienes son sus potenciales concurrentes y al respecto quiero apuntar que mientras la resistencia de Alfaro, Lewis Pérez, Lauría es conocida y concreta, así como la de Teodoro Petkoff o la de Andrés Velázquez, existen dos candidatos sobre cuyo aguante y capacidad para resistir largas y fuertes tensiones no estamos aún convencidos, en primer lugar Claudio Fermín aspirante que luce "completo" en muchos aspectos, se ha empeñado en demostrar poca o ninguna solidez en momentos de alta tensión emocional lo que constituye un pesado lastre para sus aspiraciones, el otro caso aunque aún menos evidente es el de Irene Sáez sobre quien no haría una afirmación definitiva, pero existe el evidente síntoma de su sospechosa e inocultable irritabilidad ante cualquier pregunta, por pertinente que esta sea para quien aspira al poder, si se sale del esquema por ella preconcebido de lo que debería ser una entrevista, mal pero muy mala señal para el calibre de sus aspiraciones.

La Constancia: En realidad esta cualidad además de ser necesaria en el político, es indispensable en la vida de todo ser humano, Venezuela está llena de brillantes inteligencias perdidas por inconstancia, así vemos pulular en los ambientes artísticos e intelectuales una plétora de diletantes, dotados inmejorablemente pero que no alcanzan a cuajar una obra perdurable, son los picaflores del arte, los poetas de un libro juvenil, los prosistas sin obra, los genios inéditos. En política la falta de constancia es simplemente letal, por el contrario la historia está llena de grandes políticos que contra todas las adversidades terminan por alcanzar el poder y dejan huella perdurable, el ejemplo arquetípico es Benjamin Disraeli, Arturo Uslar Braun describió admirablemente el fenómeno: "Victorianamente, tradicionalmente, británicamente, era imposible Benjamin Disraeli era una excepción a la regla de los imposibles. Su vida fue un mandamiento contra los mandamientos, unos años de personalidad derrocando unos siglos de costumbres" y cuando llegó a ser Primer Ministro hizo una obra de gobierno notable y su "Crystal Palace Speech" en 1872 dió nacimiento al moderno imperialismo británico. En Venezuela tuvimos en Rómulo Betancourt un ejemplo de constancia sin pausas en todos los aspectos, las condiciones en que escribió "Venezuela, política y petróleo" editado por el Fondo de Cultura Económica en 1956 fueron agobiantes, había sido escrito originalmente en 1937-1939 en la clandestinidad, la única copia a máquina que existía desapareció el 24 de noviembre de 1948 en el saqueo de su casa, el libro es así reescrito y publicado en el exilio, un exilio itinerante viajando a lo largo y ancho del continente en su prédica contra la dictadura y tras él baúles y cajas conteniendo los apuntes, libros de consulta, recortes de prensa y todo el material que constituye la base de una obra del aliento y magnitud de ese "su libro" por excelencia, fue una verdadera Odisea, en la acción proselitista y organizativa recorrió el país pueblo por pueblo, muchas veces a lomo de mula, para crear un movimiento que sigue siendo el de mayor arraigo popular en Venezuela.

Eduardo Fernández, ha demostrado indoblegable voluntad política, en 1973 saliendo apenas del proceso interno copeyano, inmerso como estaba en una densa ola de impopularidad, causada por la incomprensión que despertó en el país su apoyo al régimen constitucional a raíz del 4 de febrero de 1992. No se ocultó en una cueva a lamerse las heridas o a autocompadecerse, convocó a un grupo de personas de distintas inclinaciones políticas, para crear un instrumento que permitiera la necesaria reflexión sobre la problemática integral del país, así nació "Pensamiento y Acción" institución que ya ha acreditado su eficacia y la credibilidad de sus propuestas, La constancia es parte de su bagaje, ella le ha permitido ser el único aspirante que -hasta ahora- ha presentado una gama de propuestas concretas y orgánicas, hijas no únicamente de su talento político sino de un acoplado y multidisciplinario equipo, el contendor potencial que ha anunciado alternativas novedosas es Fermín, pero estas no han trascendido el ámbito de una declaración de prensa, no conocemos trabajos orgánicos que las sustenten. En el caso de la licenciada Sáez Conde, esta característica, según afirman algunos de sus profesores de ciencias políticas es su mayor cualidad académica.

Una Sana Modestia Intelectual: La condición esencial del aprendizaje es la conciencia de las propias limitaciones y todo ser humano las tiene, la complejidad de la vida actual y de los mundos del conocimiento (en deliberado plural) hacen simplemente inviable al "hombre orquesta" quien además de estar condenado a ser mediocre en todo en política resulta peligrosísimo, hemos sufrido muy reciente ejemplos. El hombre verdaderamente seguro de sus cualidades y de su formación no vacila en estar abierto a otros enfoques. Siempre pensé que la superioridad demostrada por Betancourt sobre todos sus contendores internos y externos a AD, la característica que le permitió ser el político mas importante de nuestro siglo XX, fue precisamente su insaciable curiosidad intelectual, su modestia que sorprendentemente convivía en armonía con un ego nada desdeñable. El no escuchaba, él literalmente exprimía los conocimientos de todo aquel que despertase su atención e interés. Las reiteradas referencias y paralelos, tomando como arquetipo a Rómulo Betancourt no son ociosas ni producto de mi especial vínculo con el desaparecido expresidente, obedecen a que EF está asumiendo un reto, refundar el sistema y el país, que nos lleva a hacerlo correr con el mas pesado handicap.

No es un privilegio de los autodidactas (en el mejor y exacto sentido del término) esa actitud sabia y provechosa. El doctor Fernández, dotado de un completo equipaje académico, también sabe escuchar, él sabe que la prepotencia intelectual termina siendo un reflejo de mediocridad o enfermiza vanidad y además -y eso es lo importante- sabe, entiende y practica el trabajo en equipo, único capaz de enfrentar los compromisos del presente.

La Intuición: No pienso caer en la trampa de intentar una definición con pretensiones absolutas de este elemento inasible y necesario. Podríamos decir, y pienso que es el concepto empírico del término, que se trata de una cualidad que permite a algunos seres humanos adelantarse, con certeza en apariencia no razonada, producto de un veloz proceso subconciente a los acontecimientos o las actitudes de los otros y que si bien no se aprende en la universidad o la escuela está indudablemente enraizada en un profundo conocimiento de la naturaleza humana individual y específica o colectiva, es pues mucho mas que un luxus naturae, caso notable de intuición política la del general Juan Vicente Gómez quien tenía como sólido soporte los conocimientos que le daban la experiencia en los negocios y la de mandar a los hombres en el campo y en la guerra, no es pues un don recibido, la intuición política se afina y aumenta con la experiencia, la vivienda es insustituible. La intuición en Eduardo no siempre ha sido certera, aunque a posteriori los aparentes fracasos casi siempre se tornan positivos, pero parte esencial de su capacidad de asimilación, la experiencia que le han dado sus derrotas y logros la han aguzado a la par que ha crecido en madurez y claridad de estadista. A todas estas condiciones y a otras muchas que no mencionamos, hay que agregar y ello es insalvable para llenar el papel a que aspira, su fortaleza física y su salud y equilibrio psicológico. No es -nadie lo es- un espejo de perfección, como todos nosotros tiene fallas y debilidades, cometió graves errores y supo aprender de ellos y aceptar con donaire sus consecuencias, a lo que sumo las cualidades del hombre de Estado que existen al lado de los defectos que a diario supera y minimiza.

En la hora actual de la República no hay lugar para aficionados, no jugamos demasiado, la complejidad de la problemática existente no permite escarceos oportunistas como buscar "tontos útiles" para a través de ellos conseguir posiciones y cuotas de poder, en esta patología política ocupan prepoderante lugar las manidas encuestas que han adquirido desproporcionada importancia para los legos lo cual me obliga a limitarlas a su real dimensión. El valor de las encuestas en la acción política en general y en la electoral en particular, es innegable, constituyen un importante instrumento para medir ciertas oscilaciones del sentir público, las mareas de la opinión variable por esencia, permiten vislumbrar el perfil del paradigma borroso aún en el alma colectiva, no solo para "complacer la demanda" sino también para diseñar estrategias que puedan orientarla hacia la mejor o mas conveniente "oferta". Pero hay que saber ponderarlas, leerlas tomar conciencia de su verdadero peso y medida, ya que su valor repito instrumental es muy relativo, en cuanto son altamente vulnerables e inducibles, por ello hacer de los sondeos de opinión el oráculo de Delfos o la Sibila de Cumas, rendirles pleitesía, condicionar a ellos valores trascendentes es tanto o mas peligroso que menospreciarlos. En Venezuela hay quienes pretenden vendernos una visión deificada, apresurada y acrítica, no se las estudia se les rinde culto, lo que constituye por lo demás una aproximación primitiva y cándida a las encuestas.

La inmensa mayoría de los venezolanos de nuestro tiempo creemos y deseamos una renovación cualitativa de la clase dirigente, pero no son las volátiles encuestas las que van a decidir por nosotros la persona que designaremos garante del destino de la nación. Quien a ello aspiro tendrá primero que convencernos y para ello tendremos que conocerlo muy bien tanto en su trayectoria como las alternativas que no ofrezca, en el equipo que lo acompañe, nadie de pensamiento oculto, inédito, tiene derecho a pedir cheques en blanco, si desconocemos su visión de futuro, su proyecto político. No podemos darnos el lujo de jugar al azar el destino colectivo, es una tarea obligante para el país consciente desmontar a los farsantes y descubrir los auténticos valores, aquellos en quienes confluyan las cualidades del estadista, dotados para la acción constructiva, capaces de rectificar y de volver atrás si es necesario, sedientos de legítima trascendencia histórica y que constituyan una alternativa válida y una garantía para los intereses colectivos.

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