Cabezal Política Interna
Revista Electrónica       Nº 17     Julio 1997
Política Interna

¡Muera el bipartidismo, viva el bipartidismo!

María Teresa Romero*

Luego de las elecciones presidenciales de 1993 y especialmente, después de los comicios regionales de 1995, nadie daba un centavo —como dicimos en criollo— por el tradicional bipartidismo político. La mayoría de los políticos, periodistas, politólogos o analistas de opinión de cualquier disciplina decretaban —sin disimulada alegría, aun cuando muchos de ellos habían sido especiales beneficiarios de ese sistema partidista— el fin de la hegemonía adeco-copeyana en Venezuela, al tiempo que aplaudían el poder de las "nuevas" organizaciones políticas (Causa R, el MAS, Convergencia, MBR 200) y el nuevo sistema pluripartidista venezolano. Pero, como nada es definitivo en nuestra agitada vida política (en especial la actual llena de incertidumbres y vaivenes) desde hace unos meses para acá se viene percibiendo un fortalecimiento de AD y COPEI; y no sólo desde en punto de vista interno —a pesar de los respectivos conflictos de poder y liderazgo entre las tendencias existentes en cada partido— sino externamente, en el escenario político nacional, aun cuando son estos partidos en los que se centra el descontento y cuestionamiento público y, por tanto, los que reciben el mayor impacto de la crisis global del sistema democrático. De hecho, la reciente división en la Causa R, la casi inminente escisión del MAS, aunado a la casi desaparición de Convergencia, parecieran marcar el inicio de una nueva recomposición del cuadro político pluripartidista imperante desde 1993, con propensión al retorno de la bipolaridad entre AD y Copei.

En este nuevo esquema, sin embargo, el cual sólo podrá confirmarse en las elecciones de 1998, AD se presenta —al menos hasta el momento— como el polo de mayor fuerza, mientras que Copei queda en un segundo lugar. Esto le da al "partido del pueblo" la primera opción de triunfo dentro del llamado sector partidista del sistema político para las próximas elecciones presidenciales y regionales. Incluso, para algunos analistas, si este partido continúa su proceso de fortalecimiento y logra neutralizar definitivamente el subrepticio pero nada despreciable efecto desestabilizador que en la actualidad le produce Carlos Andrés Pérez con su agrupación Apertura, puede llegar a ganar la presidencia con cualquier candidato. Y ello, aún contando con la permanencia del fenómeno Irene Sáez en el escenario electoral.

El fortalecimiento de AD y Copei

En el caso de AD, además de la buena posición que ha logrado en las encuestas con respecto a Copei y las otras alternativas partidistas, su fortalecimiento se percibe en el entendimiento que han venido logrando sus diversas tendencias internas en torno a su modus operandi, a una estrategia de oposición y, en particular, en relación a un proyecto ideológico y programático común. Si bien sus actuales conflictos internos de mayor peso y significación surgieron de serias diferencias ideológico-programáticas producidas durante el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez, las mismas se han ido matizando en la medida que el control del partido se ha ido consolidando en torno a la figura de su actual Secretario General, Alfaro Ucero. Ciertamente, desde la expulsión del ex-Presidente Pérez y otros militantes de la tendencia precesista del partido hasta la reciente creación de Apertura como movimiento independiente, los conflictos se centraban entre modernizadores (perecistas) y tradicionales-conservadores (alfaristas y lusinchistas especialmente). No obstante, en la actualidad vemos que dentro del partido se está dando una tendencia hacia el consenso ideológico y programático, hacia una socialdemocracia modernizadora cuyo principal artífice es el propio Alfaro Ucero y en la cual confluyen todos los supuestos candidatos presidenciales: Lewis Pérez, Carmelo Lauría, Antonio Ledezma, Humberto Celli, Guillermo Call y hasta Claudio Fermín. Este consenso ha hecho posible avanzar en la elaboración de un programa de gobierno, bajo la coordinación de Paulina Gamus, el cual estará listo a finales de año. Para este proceso de elaboración se incluyen consultas abiertas con la sociedad como es el caso del debate que se efectuará los días 8 y 9 de julio con participación de diferentes sectores nacionales y hasta de miembros de otras toldas políticas. No obstante, será el CDN del partido el que trazará las líneas maestras para el diseño del programa que será desarrollado por varios equipos partidistas. Cabe recordar que esta modernización programática es producto de las reformas estatutarias aprobadas el 5 de febrero de 1996 por el CDN adeco, en las cuales se acordó que era necesario que el partido diseñara su programa electoral antes de escoger al candidato presidencial y que este programa debía ser seguido por dicho candidato en caso de ganar las elecciones, así como por los militantes que resultaran elegidos en diversos cargos públicos.

Si bien este consenso programático solidifica al partido y actúa como un antídoto de otra división formal, todavía existen puntos neurálgicos por resolver para que la unidad adeca no se fracture. En otras palabras, los adecos se erigen, por ahora, en la única fuerza que aparentemente no tiene fisuras internas, aunque para nadie es un secreto que éstas saldrán a la luz pública cuando el partido inicie formalmente la contienda electoral interna para designar la candidatura presidencial. Pero en contraste con Copei, estas fisuras no se dan en relación a candidatos militantes y no militantes porque aun cuando algunos adecos han hablado de la posibilidad de aceptar un candidato extra-partido como Irene Saéz, la mayoría de los militantes no acepta esta posibilidad. En todo caso sea un candidato intra o extra partidista, existe acuerdo en cuanto a que el mismo tendría que someterse a la disciplina y proyecto partidista en forma férrea.

El fortalecimiento de Copei es realmente mucho menos significativo que el de AD y de allí que se perciba poco. No obstante, hay signos positivos que hacen pensar en su consolidación en un futuro mediano dado que su crisis no es estructural ni tan definitiva como la de la Causa R y el MAS. La crisis actual dentro de Copei se basa más que en conflictos ideológicos y programáticos, en pugnas candidaturales y diferencias estratégicas. Efectivamente, después de la separación del líder fundador socialcristiano Rafael Caldera de la tolda verde en 1993, quien argumentaba a favor de un programa populista y anti-moderno, las tensiones entre las diferentes tendencias copeyanas (eduardistas, oswaldistas, herreristas y calderoncistas) dejaron de ser ideológico-programáticas en virtud que se logró un consenso básico en relación al programa modernizador (economía social de mercado y democracia participativa) que debía tener tanto el partido como la nación venezolana. En realidad, el consenso parecía existír tácitamente desde años previos ya que no por casualidad las propuestas programáticas de Eduardo Fernández como candidato presidencial de 1988 y las de Oswaldo Alvarez Paz como candidato en 1993 fueron prácticamente iguales. Y esa similitud se observa en la propuestas que en la actualidad formulan los diversos líderes copeyanos en especial aquellos que aspiran a la candidatura presidencial: Fernández, Calderón Berti y Alvarez Paz. Pero también dicha semejanza se reconoce en las propuestas de otros dirigentes de diferentes generaciones y de diversas visiones tales como Agustín Berríos, Pedro Pablo Aguilar, Gustavo Tarre, José Rodríguez Iturbe y Ramón Guillermo Aveledo para sólo nombrar algunos ejemplos. Por otra parte, ese consenso programático e ideológico en base a una propuesta de modernización y profundización democrática ha sido ratificado en varias oportunidades, entre las cuales cabe mencionar el Directorio Nacional de Copei realizado en junio de 1996, y la reciente reunión especial del Comité Nacional que tuvo lugar en la Colonia Tovar (15 y 16 de mayo de 1997).

De tal forma, el escollo fundamental entre las tendencias copeyanas se ha centrado en las visiones contrapuestas que tienen sobre la línea estratégica de oposición partidista y en cuanto a la candidatura presidencial del partido. La actual Dirección Nacional dirigida por Luis Herrera Campíns y Donald Ramírez se pronuncia y actúa en base a una actitud de oposición radical frente al gobierno y su principal aliado, Acción Democrática, especialmente a través de la alianza tripartita. A su vez, la dirigencia formal del partido sostiene que éste no se puede cerrar a la postulación de una candidatura independiente para las elecciones de 1998 (de hecho favorecen la candidatura de Irene Saéz). Las tendencias que representa Fernández y Calderón Berti están en desacuerdo con estas posiciones abogando por una línea de oposición constructiva hacia el gobierno y hacia AD, así como por una candidatura propiamente partidista. Estas desaveniencias son las que han hecho pensar en el desarrollo de una división abierta y formal entre los copeyanos. No obstante, en la reciente reunión en la Colonia Tovar, el fantasma divisionista parece haber desaparecido al menos por el momento. En dicha reunión las diversas tendencias realizaron un gran esfuerzo de consenso y reunificación de criterios en especial en relación a los conflictos candidaturales, tomando las siguientes decisiones por unanimidad: 1) Copei elegirá su candidato tal y como lo hizo en 1993. Por disposición estatutaria, la selección será en primarias abiertas, donde podrá postularse quien quiera (candidato militante o extra-partidista) y tendrá derecho a voto todo venezolano registrado en el Consejo Supremo Electoral. 2) Sólamente un consenso de todas las tendencias y entre todos los pre-candidatos permitirá la reforma de esta norma. 3) Se obliga, no obstante, a quien gane la nominación presidencial que se comprometa no sólo a aplicar el programa copeyano una vez llegado a Miraflores, sino también a exigirle su compromiso con el ideario socialcristiano.

A primera vista la posición de Herrera y Ramírez fue la ganadora en el cónclave de la Colonia Tovar en virtud de que se logró que Copei quedara abierto a cualquier candidatura presidencial. Sin embargo, en segunda instancia, las posiciones contrarias también salieron favorecidas porque lograron que se impusiera a sus potenciales candidatos no militantes un compromiso programático e ideológico. Si bien cabe la posibilidad que este compromiso pudiera ser violado por un supuesto candidato no militante ganador al llegar a Miraflores, el mismo cierra el paso a todas las opciones independientes —desde la de Irene Saéz y Salas Romer, hasta la de Luis Giusti u otra de posible postulación por la Triple Alianza— ya que la exigencia de someterse a ideario y programa copeyano parece inaceptable e inconveniente para unos candidatos cuyo mayor atractivo electoral es precisamente su independencia ideológico-política y la ausencia de ataduras partidistas. De hecho, ya Irene Sáez lanzó su propia plataforma electoral.

Muerte y resurrección del bipartidismo

La crisis del sistema partidista tradicional se manifiestó claramente en las elecciones presidenciales y legislativas de diciembre de 1993, de las cuales resultó un cuadro político completamente nuevo que cambió el esquema de "bipartidismo" que se impuso como modelo político en 1958 y se afianzó como alternabilidad electoral en 1973. El rompimiento del bipartidismo afectó, a su vez, el conjunto de reglas de juego y mecanismos institucionales que se instauró a partir del llamado Pacto de Punto Fijo (octubre de 1958). Ciertamente, en los comicios electorales de 1993 resulta ganador por primera vez en el período democrático —aunque con una alta abstención electoral— un candidato supra partidista, el líder socialcristiano Rafael Caldera, con una agrupación (Convergencia) que se presentaba como independiente y que agrupaba a diversas fuerzas de izquierda y grupos independientes. Estas elecciones produjeron un sistema partidista fragmentado y atomizado en cuatro fuerzas: las tradicionales AD y Copei —ambas con menor poder de influencia—, el nuevo movimiento Convergencia y la no tan nueva agrupación La Causa R, ninguna de las cuales logró mayoría en el Congreso de la República. Este esquema multipartidista se profundizó con las elecciones de gobernadores y alcaldes de diciembre de 1995, en las cuales también hubo gran abstención electoral y una inclinación a grupos y tendencias independientes y anti-partidistas.

No obstante, a partir de 1996, en la medida en que ha entrado en funcionamiento este esquema pluripartidista el cual ha generado una serie de alianzas pragmáticas especialmente en el seno del Congreso Nacional (tal es el caso de Copei, el MAS y Causa R como partidos de oposición conformando la llamada Triple Alianza), así como en la medida que se han precipitado las crisis en el MAS y Causa R mientras que viene tomando auge el polo político de los llamados liderazgos y organizaciones anti-partidistas (representados por Irene Sáez, Henrique Salas Romer y Hugo Chávez), el bipartidismo se plantea como una cuestión de estabilidad para el sistema político venezolano. No simplemente para la supervivencia de AD y Copei, como simplistamente afirman algunos, sino para la democracia y su sistema partidista como un todo.

Las alianzas pragmáticas y contra natura en el Parlamento y en las Asambleas Legislativas están demostrando, además de su propia inefectividad, que el pluripartidismo sin un conseso sólido en torno a un proyecto nacional común y en relación a unas reglas de juego democráticas básicas, pone en peligro constante la gobernabilidad democrática. En efecto, el multipartidismo laxo que viene operando desde 1993 ha afectado el funcionamiento gubernamental y la acción estatal general, al dejar prácticamente sin piso político al gobierno central y a los gobiernos regionales. Por otra parte, lo sucedido en la Causa R y Convergencia pasa a ser un ejemplo paradigmático del surgimiento aluvional de agrupaciones políticas, sin definiciones ideológicas ni normativas organizativas, que logran penetrar en las masas votantes a través de una imagen distinta, aunque difuminada, sin precisiones específicas, pero con un discurso innovador que admite múltiples interpretaciones y no compromete para nada. Su éxito es fulminante, como lo es también su desaparición. Estas organizaciones afectan el sistema político al dispersar el voto y, por ende, disminuir la legitimidad de los gobernantes escogidos. No se trata de que el pluripartidismo sea negativo per se, más bien pasa a ser un signo de pluralismo y madurez política pero su funcionamiento es realmente efectivo y beneficioso sólo en sociedades democráticas estables, bien sustentadas ideológicamente y con instituciones partidistas fuertes.

Un nuevo bipartidismo

De consolidarse la tendencia al bipartidismo, y si el mismo se concibe en términos realmente modernos, más abiertos, democráticos que en los que se basó el bipartidismo tradicional que nace en 1958 y si se da en torno a un nuevo consenso político-social, respresentaría un hecho positivo para el desarrollo institucional de la democracia. Ello es así, en mi opinión, debido a las siguientes razones:

1) Primeramente, porque un nuevo bipartidismo impulsaría la modernización ideológica, programática y organizativa internas, tanto de los grandes como de los pequeños partidos existentes.

2) Ayudaría a fortalecer el sistema partidista como un todo al neutralizar y equilibrar la tendencia existente hacia su atomización y fragmentación, la cual —como hemos dicho— atenta en contra de la supervivencia del sistema partidista mismo.

3) Contribuiría a equilibrar las hoy desequilibradas relaciones entre el Estado y Sociedad Civil, volviendo los partidos a retomar su papel de principales mediadores y agentes de socialización. Con ello, a su vez, se fortalecería la desprestigiada imagen de las instituciones partidistas, así como su legitimidad democrática.

4) Neutralizaría la peligrosa tendencia existente hacia "nuevos" liderazgos y movimientos llamados anti-políticos y anti-partidistas —en los cuales subyace rasgos de autoritarismo— que son propios de contextos de crisis y que a la larga se convierten en factores de mayor crisis, desestabilización e ingubernabilidad democrática.


*Periodista y Politóloga

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