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| Revista Electrónica Nº 17 Julio 1997 |
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Integración regional imperativa Juan Liscano Entre el alud de noticias, el 30 de junio, leí unas declaraciones del presidente Caldera sobre la Integración Latinoamericana. El Presidente advirtió que la etapa actual no sólo era propicia sino imperativa para la integración de las naciones latinoamericanas y que el Pacto Andino y Mercosur eran pasos en esa dirección. Añadió que ir a la VII Cumbre Iberoamericana, a efectuarse en noviembre, en Margarita, desintegrados, equivaldría a un suicidio. Estas declaraciones rotundas no sólo honran al Presidente, sino plantean la impostergable salida iberoamericana ante la presión creciente globalizadora de los consorcios transnacionales y el Nuevo Orden pregonado por angloamericanos y sionistas, obra de los bancos, las masivas corporaciones concentradoras de capital, y la era tecnológica que entusiasma a Ress-Mogg y otros prohombres de la red informática y comunicacional. La era de Acuario presidida por la figura simbólica de la aguadora zodiacal, puede ser de fertilidad y paz o de guerra y desintegración debido al arsenal atómico. La incertidumbre es grande, salvo para quienes carecen de capacidad para emitir juicios de valores. La actual civilización audiovisual y neoliberal, este informe posmodernismo al cual dedican análisis cuidadosos algunas inteligencias de nuestra época, deriva del siglo XIX, del materialismo empírico británico, del positivismo, del pragmatismo, del economicismo, del mismo modernismo. Mientras se acentúan los procesos degenerativos del individuo, la propaganda al servicio del consumo, pinta un presente radiante y un futuro mejor. Pero el más superficial vistazo a la realidad devela la profundización del abismo entre ricos y pobres, y la acentuación de la miseria, del desempleo, de la corrupción política y empresarial, social y personal, del avance coincidente del negocio de la droga y de enfermedades desconocidas como el SIDA. La sobrepoblación urbana determina el abandono de los campos, creando el hacinamiento, propicio al estallido de la violencia. El malandraje asesino o no, se extiende como un mal crónico por todas las megalópolis. Y se pronostica crisis no sólo de la bolsa, las bancas y las gigantescas corporaciones, sino del entero sistema electrónico imperante, tal la anunciada ``Falla del milenio'', en el sistema de la computación, el avance de la piratería en videos y de pérdidas inmensas en la práctica del sotfware, sin hablar de los virus telemáticos en constante aumento. Pese a ello, el desarrollo tecnológico actual continuará así como la manipulación genética cuya meta vislumbra Ress-Mogg, un prohombre de la sociedad informática, cuando afirma que Inglaterra no necesita educar sino a un 5% de su población, resultando servil el 95% restante. Otro británico utopista declaró hacia los años 20 de este siglo, Bertrand Russell, que la solución para Africa sería reducir con métodos drásticos, su población. América hispana, para los propósitos reorganizadores mundiales del Plan de la Thatcher y de Bush, debe constituir un continente de factoría, surtidor de materias primas para los países desarrollados. A principios de este siglo, Oswald Spengler, en su folleto El Hombre y la Técnica precisó que el grupo de naciones con sangre nórdica dirigidas por ingleses, alemanes, franceses y yanquis conduciría el mundo y que los demás pueblos, ya en figura de colonias, ya como Estados en apariencia independientes se mantendrían en el papel de producir materias primas y consumir productos manufacturados. Este anticipo a su obra magna, los dos tomos de Decadencia de Occidente, registraba la realidad mundial del siglo XIX y principios del XX. Nada ha cambiado. Los protagonistas del poder y del dominio son los mismos, y lo mismo la forma económica: el capitalismo. Pueden cambiar de sitio, pero nada cambia en la correlación de fuerzas y la meta de poder. Bolívar anticipó la necesidad de constituir un bloque hispanoamericano ante el naciente poderío de Estados Unidos. El Congreso Anfictiónico de Panamá fracasó. El presidente Caldera, hoy, a unos cuantos meses de la Cumbre Séptima Iberoamericana, recuerda la aspiración bolivariana de integración, esta vez ante la desmandada globalización en curso y su arma: la libertad de comercio, gracias a la cual las transnacionales pueden imponer la venta de sus productos. Ejemplo diáfano de esa maniobra imperialista es lo que está sucediendo entre Agroindustria y los productos agrícolas de Portuguesa, Cojedes, Barinas. Agroindustria ignora la fijación de precios del Ministerio de Agricultura, a los excedentes norteamericanos, en nombre de la libertad de comercio, deja perderse los millones de kilos almacenados producidos por nuestros empresarios agrícolas. No está de más señalar que el precio de los excedentes norteamericanos resulta posible, porque el Estado los subsidia. Y que Agroindustria es ``inversión extranjera''. Este ejemplo basta para respaldar con vigor la aspiración del presidente Caldera, en un momento propicio a la defensa del interés económico iberoamericano. El Nacional On line,11 de Julio de 1997 |
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