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| Revista Electrónica Nº 17 Julio 1997 |
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Elecciones y cedulación Juan Martín Echeverría Jean Paul Sartre en Las manos sucias, analiza que hacer política es ensuciarse de manera obligatoria las manos y el concepto de pureza es esencialmente religioso; en ese sentido es evidente que no puede existir una sociedad y una burocracia sin corrupción, pero es posible reducirla a un nivel marginal, con funcionarios públicos que se comporten honradamente y no cobren dinero en el ejercicio de sus funciones. En este estado de cosas, nos sorprende la polémica referida al Plan de Cedulación y las dificultades para aprobar la reforma de la Ley Orgánica del Sufragio: los altos funcionarios y los políticos parecen ignorar la reiterada notitia criminis reseñada por los medios de comunicación social, en cuanto a que un pasaporte y una cédula pueden obtenerse a precios razonables en el mercado delictivo. El Gobierno ha dicho cuestiones extremadamente graves '... la directora de la DEX calcula que 40% del archivo central es falso...' y esta afirmación ha pasado desapercibida, a pesar de la incorporación a las obligaciones de los funcionarios públicos y a nuestras costumbres como ciudadanos, que todos los actos vinculados con el Estado y numerosos de los referidos a la actividad privada, se sustentan en ese documento plastificado con una foto y un número, cuestionado hasta la saciedad y sobre el cual se plantean múltiples interrogantes, que ahora culminan con la decisión que desecha la transparencia de una licitación internacional. Cualquier observador destacaría que tanto en la reforma a la Ley Electoral como en el Plan de Cedulación, nos han llevado hasta situaciones límites y ahora nos conminan a legitimar decisiones tomadas de antemano, apoyándose en 'lo tomas o lo dejas', porque ya no hay tiempo para la reflexión y si se discute algún aspecto, se alegan propósitos oscuros u obstruccionistas; cuando lo que se impone es la consulta abierta y la participación de los controles de la opinión pública. La democracia dispone de procedimientos extremadamente claros, cuando se denuncian presuntos ilícitos, lo que procede es colaborar con las investigaciones, porque hay organismos que son indefendibles y entre ellos se encuentran la ONI-DEX y el Setra; bancos de datos fundamentales en la aplicación de la legislación vigente, en una visión estratégica y en el proyecto del país que queremos: hay que comenzar por saber cuántos somos, dónde estamos, qué características tenemos y es ahora por ejemplo, cuando se recaba la 'hoja de vida' de los jueces, que se descubre lo que era una nueva presunción, que el 56% de los jueces penales del Distrito Federal son provisorios y aún nos deben las cifras del censo penitenciario. Los organismos internacionales y la Iglesia Católica han insistido en la prioridad absoluta de la reforma electoral, ese es el nudo que debemos desatar para consolidar la democracia; por ello hay que resolver la encrucijada del Plan de Cedulación y rediseñar el Sistema Electoral hasta hacerlo particularmente atractivo a la población, sacándolo del callejón sin salida del dominio de los partidos; permitiéndonos acabar con la nefasta práctica de 'acta siempre mata votos'. En el segundo semestre de 1996 se realizó la denominada 'Consulta Ciudadana', obteniéndose la respuesta de alrededor de veintiún mil venezolanos, que se pronunciaron en relación a la reforma de la Ley Orgánica del Sufragio: la mayoría se pronunció por la descentralización del Consejo Supremo Electoral, la designación de miembros independientes y el entrenamiento adecuado de los integrantes de las mesas de votación; dejando a los organismos electorales la exclusiva responsabilidad del proceso y de la información a los electores. Los entrevistados insisten en que sea un registro único de ciudadanos coordinado con la cedulación y en constante actualización, y finalmente, el 91% quiere ser consultado en forma previa sobre la reforma de la Ley Orgánica del Sufragio; comprobándose el interés de la sociedad civil y la abrumadora aceptación de la transparencia electoral. Cualquier sistema de votación como obra humana, puede presentar fallas e imperfecciones y es imposible complacer a la totalidad de los votantes; pero se imponen las reformas en el contexto de un plan orientado a perfeccionar nuestro régimen político y la actuación partidista. En este contexto conforman una unidad indivisible el Plan de Cedulación y el proceso de sufragio, que además debe automatizarse, estableciendo normas y sanciones en materia de financiamiento y propaganda, ante el auge del lavado de dinero y el multimillonario costo de las campañas; a su vez las comunidades están haciendo presión para restringir y supervisar los aportes de las personas jurídicas y naturales a los candidatos, también debemos resaltar que a partir de 1968 cambió radicalmente la recolección de recursos, encareciéndose las licitaciones y contratos del sector público por las comisiones destinadas a los partidos. Es un privilegio pertenecer a una sociedad sólida, donde la corrupción sea marginal; sin embargo, la realidad actual es el desorden imperante y la multiplicación de las irregularidades, que revelan la decadencia de la sociedad venezolana y la escasa voluntad política para combatirlas. Entre dimes y diretes se arriesga el Plan de Cedulación, el Proceso Electoral y el futuro de la democracia venezolana: allá cada quién con sus responsabilidades. El Universal, domingo 13 de julio, 1997 |
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