Esta Semana
Revista Electrónica       Nº 17     Julio 1997

Esta Semana

Lewis en el primer plano

Alfredo Coronil Hartmann

Los estados mayores de los partidos políticos suelen tener dos tipos de generales, los más rutilantes, exportados y promovidos por los medios, podríamos llamarlos los más 'pantalleros', son indudablemente más conocidos por los extraños a sus organizaciones, pero con frecuencia su brillo tiene mucho de oropel y poca sustancia en lo que se refiere al control real de factores de poder interno y muchas veces 'su penetración' del mundo independiente -

mercado natural de los políticos- se diluye como un espejismo, son podríamos llamarlos así 'generales sin tropa'. Pero, existe el otro tipo, el hombre de inclinada tendencia al bajo perfil, quien no se regodea en la contemplación de su imagen impresa, volcado con pasión silenciosa al trabajo minuto a minuto, hora a hora, día a día, del perfeccionamiento y la atención del instrumento de lucha y de poder, en pocas palabras, al partido. La historia es rica en ejemplos ampliamente demostrativos de cómo este segundo tipo de líder termina por quedarse no sólo con la maquinaria sino con el público, siempre que tenga, desde luego, condiciones intelectuales y capacidad de trabajo consistentes para dominar el proscenio una vez traspuesto el umbral de la autoimpuesta sombra. Sin ánimo de establecer paralelos, fue el caso de Rómulo Betancourt y Jóvito Villalba, el primero eterno secretario de organización, con una voz que en nada lo ayudaba -aunque andando el tiempo llegó a ser un excelente orador de masas- con una capacidad de trabajo agobianate, genio político dotado de prodigioso conocimiento de su pueblo y de antevisión de estadista, extremadamente responsable, de carácter difícil y áspero, generoso y terrible, fundó, a lomo de recua en muchas oportunidades, o viajando en precario en cada caserío y pueblo de Venezuela el partido Acción Democrática, como anteriormente perseguido por la policía dirigida por Pedro Estrada, en el gobierno hoy 'democrático' del general López Contreras, había creado al Partido Democrático Nacional -PDN- desde la clandestinidad. El segundo, el doctor Jóvito Villalba, sin duda el mejor tribuno popular de la generación de 1928, brillante, simpático, primer secretario general del PDN, dueño del alma del país en 1936, no logró en cambio después de su renuncia a ese partido estructurar un movimiento cohesionado y con vocación de historia, 'el compañero Cariaco' nombre de lucha en la clandestinidad pedenista- pasó a un segundo plano indigno de su inteligencia y de sus méritos. El ejemplo clásico -y con el agravante de la tangible superioridad intelectual del desplazado- es el de Trotsky y Stalin y todos conocemos el final de esa historia.

Por ello me resulta divertida la extrañeza con la cual muchos amigos y observadores de la escena política no pueden ocultar la sorpresa que les ha deparado el descubrimiento del doctor Lewis Pérez Daboín, a los 33 años de su militancia en AD y ya hace bastante tiempo en posición dirigente. Lewis tiene la más importante cualidad en cualquier ser humano y que es absolutamente esencial en un político y aspirante a hombre de Estado, la conciencia de la complejidad del mundo de hoy y la capacidad de aprender y crecer sin la utópica ambición del 'hombre orquesta', desfasado, impensable y patético espécimen de museo costumbrista. Puedo dar fe de su 'crecimiento' y madurez, lo conocí en 1978 ambos imbuídos en la campaña de Luis Piñerúa Ordaz y luego de la derrota electoral pude calarlo mejor cuando asumió, por mandato del CEN, la Secretaría General interina del Estado Miranda, de ese Lewis ya fogueado pero aún algo inseguro al de hoy, hay años luz de distancia. Ha adquirido, entre otras cualidades, un sentido breve y eficaz de la jefatura política, sin retórica hueca, que muy posiblemente ha sido la consecuencia directa de su trabajo de tantos años al lado de ese verdadero caudillo político que es hoy Luis Alfaro Ucero, el refundador y regenerador de AD, en la mejor tradición de los fundadores, Lewis ha tenido en Alfaro el mejor maestro, un hombre sin duda del 'aparato', pero con clara visión del Estado y visceral apego a sus responsabilidades históricas, en una palabra: un jefe.

En escasos meses el 'desconocido' Lewis Pérez, sin haber sido candidato presidencial, en el duro trabajo puertas adentro de su partido, simplemente dando algunas declaraciones de prensa, radio y televisión y publicando algunos artículos sobre temas puntuales ha logrado colocarse en un 4% en los sondeos de opinión, frente a un 8% del ex candidato Claudio Fermín, quien se encuentra en campaña desde 1993. Palpable comprobación de su solidez y claridad ante los retos de hoy la dio el pasado lunes 8 de julio, en un excelente programa 'Primer Plano', conducido por uno de los más cultos y agudos entrevistadores de la TV nacional, el doctor Marcel Granier. Sentido envidiable del 'timing' la mañana siguiente se inauguraban bajo el título de 'Hablemos del país que queremos', las primeras jornadas programáticas de AD, más de 700 asistentes la mayoría de ellos independientes y la alta calificación intelectual de los ponentes confluyeron para concretar un éxito de difícil emulación en la Veneuzela descreída, y 'despartidizada' de hoy. Excelente despegue para este dirigente que hoy ocupa el primer plano.


El Universal, lunes 14 de julio, 1997
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