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| Revista Electrónica Nº 17 Julio 1997 |
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Yo también albergo un sueño Rogelio Carrillo Penso El artículo que sigue a esta introducción fue realizado por el economista Rudi Dornbusch , de MIT, en el ejemplar de Busines Week del 19 de mayo de 1997, y está basado en un trabajo de investigación sobre la evolución de la moneda mexicana. Me he limitado a sustituir la palabra México por la palabra Venezuela, y la palabra, peso por la palabra bolívar. Lo importante, su contenido, se aplica tanto a México, como a Venezuela, como a Argentina, Perú, Brasil, Colombia, Ecuador, y todas y cada una de las economías latinoamericanas. Hacemos las mismas cosas, cometemos los mismos errores, sufrimos las mismas consecuencias, pero no tenemos por qué estar destinados a correr la misma suerte. Si algún mérito tengo es de sentir como sienten millones de venezolanos: que el país se nos sigue yendo de entre las manos. Todo lo que ha pasado y pasará en México, ha pasado, está pasando y pasará en Venezuela. Nos falta valentía, coraje, para impulsar el cambio. No es que no haya gente buena, valiente y decidida, la tenemos en cantidad; así como hay cantidad de gente bien intencionada, preocupada y optimista, pero nos hemos transformado en conformistas. Es hora de decir la verdad sin que nos sintamos avergonzados o culpables por ello. Lo peor de la inflación es la expectativa de inflación. Y no nos engañemos, al amparo de la inflación se han enriquecido muchos. Mientras haya aunque sea un poquito de inflación, nos acostumbraremos a verla entre nosotros. Cuando llegó a situarse entre el 79% y 100% nos asustamos y tomamos decisiones. Ahora va para el 45% y como es 'La mitad del año pasado', podemos vivir con eso. ¡Mentira! nos va a acabar. Los paros laborales han destruido la dignidad de nuestros profesionales. Los médicos ya no son médicos, son activistas de la salud'; los bioanalistas son 'empleados púbicos'; los maestros son 'sindicalistas del magisterio' . Con la excusa de unas aparentes buenas intenciones, detrás de toda huelga o paro late el alerta de Helmut Kohl, canciller de Alemania, cuando dice que existe la creencia que 'El Estado es una vaca que se alimenta en el cielo y se ordeña en la tierra'. Nosotros, en cambio, pareciéramos decir: 'Tengo gobierno, tengo poder, y siempre tengo mi real y medio' . El licenciado Miguel Angel Cornejo decía en su conferencia del pasado miércoles 14 de mayo que 'El país que no invierta en educación, tarde o temprano tendrá que invertir en armas'. Nuestra inversión en educación es inmensa, pero nuestros maestros dejan de ser maestros cuando una vez al año un sindicalista de tantos que abundan en los gremios, los ayuda a perder más y más respeto de esos alumnos que están destinados a formar. Después de la crisis que vivimos cuando el gobierno de Carlos Andrés Pérez y del precio que tuvimos que pagar, me decían algunos amigos industriales: 'Nuestro sacrificio no ha sido en vano, cambios tan importantes como se han logrado no se pueden echar para atrás' , y yo les decía: '¡Ojo pelao!, no te hagas ilusiones que todo se puede echar para atrás, las cosas no están suficientemente consolidadas' . Nuestra historia reciente ha sido una secuencia de ciclos perversos de deterioro continuado de nuestra calidad de vida. Hoy pareciera que estamos comenzando a salir de otro de esos ciclos perversos, pero los sacrificios que todos hemos hecho esta vez no sólo están a riesgo de perderse. ¡Se van a perder! Las señales ya están ahí, todo el mundo las ve, nadie tiene el coraje de decirle al pan, pan y al vino, vino. Cuando vemos la gangrena extendiéndose no podemos curarla echándole mercuriocromo. Yo tengo el sueño de una Venezuela mejor para los hijos de mis hijos. Que en lugar que mi nietecito Pedro Luis esté viviendo en Estados Unidos porque es allá donde mi yerno y mi hija tienen un futuro, él estuviera aquí con nosotros. Yo no lo quiero allá, lo quiero aquí para quererlo, para verlo cambiar y progresar cada día, no para verlo cuatro veces al año. Quisiera tener aquí a mi hija para sentirla y vivirla cerca. Quisiera tener aquí a mi yerno para hablar de todo lo que podríamos hacer juntos. Quisiera más y mejores oportunidades para mi hijo y para su futura familia en Venezuela, quisiera que mi nieto estuviera aquí conmigo y aprendiera a amar a Venezuela, ayudara a hacerla nueva, distinta, mejor; sin desplazar a nadie, simplemente construyendo algo nuevo, con nuevas oportunidades, y quiero que ame a Venezuela, donde están sus raíces, construyendo un futuro mejor para él y para los hijos de sus hijos. Yo no quisiera oír a mis amigos decir: 'Nunca he trabajado tanto para ganar tan poco', ni que mis obreros estuvieran penando por el dinero que nunca les alcanza, o por un poco de seguridad, de felicidad, de tranquilidad, o por un poco más de tiempo para ellos; quisiera que tuvieran recursos suficientes para visionar un futuro mejor. Tampoco quisiera que mis gerentes vivieran constantemente preocupados por los problemas del mercado porque no hay consumo, porque la gente sólo puede comprar lo verdaderamente indispensable, mientras ven que la voracidad fiscal y municipal nos extrae gran parte de la riqueza que producimos. Destinamos una gran parte de nuestros recursos para pagar los servicios municipales, privados y públicos sin que percibamos mejoras en casi nada. Pagamos al Seniat millones de bolívares todos los años viendo cómo nuestro aporte sólo sirve para mantener vigente el actual estado de cosas, y más bien haya reducido la presión para realizar el cambio necesario y siga retrasando la toma de decisiones: Ya no hay presión para cambiar... hay suficiente para dejar las cosas como están . No es que pretendamos pedir perfección ni exigir santidad, es sencillamente decir: se acabó ayer, comienza mañana, y desarrollar el método para lograrlo. Hay una cantidad de empresas exitosas que tuvieron la visión de prepararse a tiempo y diseñar su propia suerte. No todo el mundo ha tenido la visión de 'Empezar antes', como muy bien dice Jorge Rojas, de Inelectra. ¿Qué pasa con el 80% del parque industrial venezolano constituido por pequeñas y medianas industrias? Japón exporta a lo grande no porque las grandes empresas lo hacen todo; sino, porque ellas han sabido desarrollar una red sistemática de pequeños y medianos proveedores de productos y servicios que los hace grandes a todos. La industria es una parte importantísima de Venezuela y los países que han progresado es por lo que producen y por el valor agregado que dan a sus productos y procesos, no por lo que importan o por los recursos no renovables que exportan. En quien tenemos que pensar es en la gente de Venezuela. Venezuela es un intangible, el país lo hace su gente. La gente de Venezuela, sí es tangible; somos nosotros quienes podemos hacer las cosas. La proposición de Rudi Dornbusch de cambiar el bolívar por el dólar, luce sencilla, pero estoy seguro que habrá muchos economistas que lo verán tremendamente difícil, muchos políticos que lo harán tremendamente difícil y muchos otros que eventualmente y por variadas razones se opondrán. La naturaleza humana apunta al éxito no al fracaso, y nosotros no somos distintos al resto de los humanos. Lo importante es darnos esa visión de futuro y poner esos sueños en acción. Sin visión cualquier dirección es buena. Sin ética y sin carácter nos vamos a desviar por caminos equivocados. Sin coraje nunca vamos a empezar. ¿Por qué tenemos que esperar a que alguien nos cambie, sea de centro, de izquierda, de derecha, de arriba o de abajo? ¿Es que es tan difícil hablar de lo que todos vemos, de lo que todos queremos? todos; no los pobres, o la clase media, o los políticos, o los trabajadores, o los maestros. Todos. Cada día vivo con más intensidad el comentario del doctor W. Edwards Deming: 'Ningún país merece ser pobre'. Pero deberíamos acotar: 'Nos merecemos el país por el que votamos' El Universal, viernes 11 de julio, 1997 |
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